Nombramiento en la justicia cacereña

Olga Suárez, fiscal jefa de Cáceres: «Para restaurar la dignidad de una víctima hay que reconocer su relato»

Olga Suárez Herranz (Madrid, 1971) ingresó en la carrera fiscal en 1997. Ha ejercido como especialista en Menores en las Fiscalías de Barcelona, Palma de Mallorca y Cáceres. Desde 2008 actuó como Fiscal Delegada de Medio Ambiente, Urbanismo e Incendios Forestales, y en 2023 pasó a ocuparse del área de Seguridad y Salud en el Trabajo en Cáceres. En marzo de este año, ha sido nombrada fiscal Jefa de la provincia para relevar en el cargo a Marta Abellán

La fiscal jefa Olga Suárez Herranz.

La fiscal jefa Olga Suárez Herranz. / JORGE VALIENTE

Los despachos suelen ser diáfanos, faltos de la calidez que se debería requerir cuando se trabaja mano a mano con las personas. Este no es el caso de Olga Suárez Herranz (Madrid, 1971). En la nueva estancia que ocupa desde que tomó posesión como fiscal jefa de Cáceres, las paredes están presididas los fotógrafos Chema Madoz y Nicola Ókin. El primero es de sobra conocido en España, al segundo tiene que presentarlo. «Son fotografías originales suyas», incide señalando a las dos instantáneas de grandes dimensiones. En ellas se muestra la majestuosidad del Amazonas y de la lucha de los pueblos nativos contra las prácticas extractivistas. Esas paredes, alejadas de la sobriedad y el protocolo, ejercen de metáfora inconsciente del compromiso con la humanidad, uno de los fundamentos en los que debe sustentarse la función de una fiscal, la de una sociedad justa y sana.

-En su carrera, ha ejercido en las fiscalías de Barcelona, Palma de Mallorca hasta que llegó a Cáceres, ¿fue un cambio brusco, teniendo en cuenta que la ciudad es una de las más seguras del país en cuanto al porcentaje de delitos?

-Yo nací en Madrid pero no he sido nunca en Madrid. Al principio me fui a Hospitalet y allí había muchos extremeños. En la facultad en mi grupo de amigos había muchos extremeños, de Montijo, Don Benito, Trujillo, eran los más normales, los más accesibles y los más acogedores. Creo que elegí Extremadura por ese motivo. Luego en Palma estaba en Menores y es verdad que tenía una cantidad de trabajo altísima. Cuando estaba allí, mi madre enfermó y al caer enferma en Madrid, el síndrome este de la isla sí que se apoderó de mí. Así que a la hora de decidir destino, tuvo que ver la experiencia con mis compañeros. Esto no lo saben ellos, si ellos supieran. Una vez en Cáceres, el impacto fue grande en materia de trabajo. Llegué a Menores también aunque el volumen era muy inferior. Entonces lo que sí que pude hacer más es aprovechar y formarme porque claro, cuando tienes muchísimo trabajo, la formación va justo detrás de la familia. Para formarte necesitas tiempo. Y esta profesión es como en todo, cuanto más sabes, mejor. Si no te han educado para ver una cosa, pues no la vas a ver. En violencia de género pasa mucho. Cosas que la gente dice, bueno es lo normal, a lo mejor no te has puesto las gafas de ver qué es lo normal y qué no. Todavía, con todos los avances que hay, hay veces que lo escuchas en declaraciones.

-Con esa evolución de la sociedad, también habrá evolucionado el Derecho.

-Desde hace 28 años, sin duda. El enfoque que se le da a las cosas ha cambiado mucho. No es lo mismo la reforma de menores hace 30 años, antes de la ley 2000, que era muy paternalista, que la de ahora. Lo queremos es enfocar en que cada ser tiene unos derechos, da igual la edad, el sexo, el género o la identidad del ser. Da igual, cada ser humano tiene sus derechos y ese es el enfoque y eso sí que es algo que nos ha calado muchísimo también por la formación, porque cuando desde fuera miras el mundo exterior y sobre todo la formación europea, que yo sé que Europa pues no tiene muy buena prensa porque asocian a las restricciones, pero Europa nos ofrece un entorno de cohesión en la defensa de los derechos humanos muy evaluable. Lo que pasa es que tendemos a leer la vida en términos económicos, pero hay un espacio que no es solo económico que nos da Europa. O en otras especialidades como el Medio Ambiente, está cincelado a partir de las normas europeas, porque ellos sí son conscientes del tesoro que tenemos nosotros. De esto me di cuenta, por ejemplo, cuando vine a Cáceres. A veces tienes el tesoro delante y no lo ves. Pero es que el Medio ambiente no es solo algo que entra por los ojos, es que hablamos de supervivencia. Unos pueden pensar una cosa y otros, otra, pero que haya profundidad y que fundamento.

-La labor de una fiscal es encontrar la verdad e intentar reparar el daño, ¿hasta qué punto es posible?

-Es la pregunta del millón. Hay que trabajar con expectativas por parte de las víctimas en el sentido de lo que un juzgado te puede dar y lo que no te va a dar. Hay que ser honesto. La reparación incluye muchas cosas, desde luego, la reparación económica. Es nuestra obligación y está en nuestros escritos la reparación moral a través de reparación económica. Sobre el papel, esas dos reparaciones están. Pero todos sabemos que hay una reparación que es una restauración ya más allá de lo que puede hacer un juzgado, ¿en qué consiste esa restauración? Pues si alguien sabe de ello es la especialidad es la de derechos humanos y memoria democrática que se fundamenta, precisamente, en esa idea de la restauración. Primero, en la identificación de las víctimas, segundo, en el reconocimiento de su situación de víctima, tercero, en el reconocimiento de su relato, en darle su espacio. En la vida nunca hay una única versión. A veces hay dos y a veces hay tres y cada uno tiene derecho a exponer la suya. Estas tres premisas, desde luego que no restauran la normalidad en absoluto, pero al menos te dan un espacio para recuperar la dignidad. ¿Cómo se restaura la dignidad de una víctima? No solamente en los tribunales, pero si no se restaura en un juzgado, vamos mal. Sabemos por la experiencia qué es lo que hay que hacer con las víctimas, ser muy transparente trabajar las expectativas de lo que es un juicio, poner todos los recursos a su disposición. La oficina de asistencia de víctimas sí que puede restaurar más, porque tiene una tiene profesionales psicólogos, que en realidad es una cierta restauración emocional. Es tan bonito cuando pasa el tiempo y que te digan aquello que me dijiste, me sirvió, no la indemnización que conseguiste. Parece que hablo así como si fuera mesiánica, pero es que de verdad que esa es la base humana de la restauración y está muy presente en esta fiscalía. A todos los que no hemos vivido esa situación nos toca por decencia humana darles el espacio para que hablen y en la medida de lo posible, establecer la verdad.

-Y hablando de retos, ¿qué retos se marca para esta jefatura?

-Desde luego, uno de ellos sin duda es que se comprenda lo que es el fiscal y se nos vea como somos, accesibles, oye y a veces también, pues nos enfadamos. Justo en los juicios con jurado, no es nuestra actuación más cotidiana. Otra prioridad es potenciar todas las posibilidades que tengamos para promocionar los derechos de las niñas y los niños y los adolescentes en cualquier ámbito. Me gustaría que se comprendiera lo importante que es la educación en igualdad, ahí vas a trabajar contra la intolerancia, el respeto del medio ambiente, es la base y yo estoy segura de que ellos en educación. Me interesan mucho las personas mayores. Me gustaría que comprendieran que son prioritarias absolutamente. Funciona por compensación. Sin ellas, no vamos a dar un paso. Otra labor es cambiar el tratamiento de la enfermedad mental. Es algo que no se ve, no se habla, no se explica y en esa labor, hay que colaborar con el tercer sector. La enfermedad mental tiene que ser abordada de forma integral, porque no somos buenos ni malos. El delito existe, vamos a proteger a la víctima pero es una llamada de atención de que algo ha fallado.

-En esencia, ¿un delito no es siempre un fracaso colectivo?

-Es feo decirlo, pero es así.

-En Cáceres, ¿cuál es el volumen de causas que tramitan desde el ministerio público en este momento?

-En Cáceres hay un equipo de 19 personas. Nuestra media estaría en torno a los 800 dictámenes cada fiscal en estos cinco meses - hasta el 31 de mayo -. Un dictamen significa que te has mirado la causa, que has tomado en consideración lo que ocurre y que la has firmado y la has enviado. El envío es lo que cuenta. Luego, hay especialidades que son muy intensas como Medio ambiente. Un asunto sobre Valdecañas o sobre la mina no puede, o sea te absorbe y te exige muchísimo en términos de tiempo y formación. Ese volumen de trabajo es un número, pero hay asuntos que te exigen más y otros menos. 

-¿Y ese es un tipo de delitos que ha aumentado en los últimos años? ¿Cuál es la tendencia? 

-Sí, he visto una cierta tendencia en aumento, por ejemplo en materia de Urbanismo. Esto es una constatación de que la disciplina urbanística de los ayuntamientos no ha funcionado. Si no, no tendría por qué llegar a ser delito. He visto que la disciplina urbanística está tomando el lugar que le corresponde y nos envían las denuncias a la Fiscalía. Y en cuanto al Medio Ambiente, sí he visto el intento de conectar que cuando se comete un delito contra el medio ambiente, hay implicados muchos más derechos, no es una cuestión plana. El caso de los incendios es un ejemplo de cómo el Medio ambiente está interconectado, no hay nada aislado. Esto también se ve en la criminalidad informática, que es muy interesante desde el punto de vista criminal porque muy a prueba nuestra capacidad de cooperación. El espacio virtual representa un reto internacional. Desde Francia pueden delinquir en España y eso significa que el fiscal de aquí tiene que trabajar con el de allí. Hay una cosa clara, que solos no podemos hacer nada. Y luego, al margen de esa gran criminalidad, está esa criminalidad más pequeña. Bueno, pequeña, para quien no las sufre. Te quitan pequeñas cantidades, pero tu sensación de inseguridad es enorme, es como el que se mete en tu casa y y esta sí que ha habido una tendencia muy al alza en los últimos años. Y luego, están los delitos de odio en redes, ese es otro reto. 

-Hablando de actualidad, ¿Cómo se lleva ser fiscal en la era de la postverdad?

-Es un producto más, es un paquete de Netflix. Por ahora, tengo mucha suerte porque no me conoce nadie y no he tenido esta sensación. Es humano que las personas tengan sus prejuicios y sus ideas y las expongan siempre con los límites de que no sean intolerantes, racistas, estar en boca de las personas a mí personalmente no me preocupa, me preocupa no tener la posibilidad de exponer una alternativa, una hipótesis. Habrá gente que piense mal de cómo actúa un fiscal, que piense que tenemos una implicación política, pero hay que permitir dar otra hipótesis. Yo confío en que la gente piensa cosas porque no tiene alternativas, si tú le das una hipótesis con tranquilidad. No me afecta, no me altera que no piense una cosa u otra. A mí me pasa cuando veo la tele. 

-¿Y no le genera cierto debate que la clase política cuestione la labor judicial porque eso en cierta manera puede provocar que la ciudadanía cuestione su labor?

-Fíjate si creo en nosotros y en nuestra labor que creo que esto a quien más deslegitima es al que lo hace.

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