Precursora en Extremadura

'Mariquina', una vida por y para los niños en Las Hurdes y el Paseo Alto de Cáceres

La historia de María Azabal Crespo, ‘Mariquina’, natural de la alquería cacereña de Martilandrán, será recordada por su intensa labor y dedicación en favor de los más pequeños. «Ha empleado toda su vida al servicio de los demás», comenta su hermano Juan

'Mariquina', en el aeropuerto de Salamanca, durante una excursión con los niños de Las Hurdes.

'Mariquina', en el aeropuerto de Salamanca, durante una excursión con los niños de Las Hurdes. / El Periódico

La vida de ‘Mariquina’, como la llamaban cariñosamente sus allegados, no ha pasado inadvertida para los que la conocían. Su legado ha dejado una huella imborrable en su entorno y, tras cumplirse poco más de un mes de su fallecimiento, la recuerdan por su espíritu caritativo y altruista, así como por su entrega y compromiso con los más pequeños.

María Azabal Crespo, ‘Mariquina’, nació el 13 de enero de 1945 en Martilandrán, una alquería del concejo de Nuñomoral, en la comarca cacereña de Las Hurdes. Criada en el seno de una familia humilde, pasó toda la infancia junto a su hermano Juan, que ha querido contar su historia para este diario.

Los comienzos del centro infantil de La Fragosa.

Los comienzos del centro infantil de La Fragosa. / El Periódico

Su padre, Agustín Juan, de la localidad salmantina de Ciudad Rodrigo, y su madre, Bernarda, originaria de Las Hurdes, llegaron a tener más descendencia, pero «por circunstancias que en la época eran más comunes», cómo señala su hermano, no pudieron salir adelante. «Creo que de ahí viene la devoción de ‘Mariquina’ por los más pequeños», reconoce.

A los 16 años, comenzó a trabajar como voluntaria en el Cottolengo de las Hurdes, una institución religiosa encargada del cuidado de los más necesitados, donde ‘Mariquina’ permaneció durante dos años.

Junto a su hermano Juan.

Junto a su hermano Juan. / El Periódico

Al cumplir la mayoría de edad, se marchó a Madrid para estudiar puericultura (el conjunto de prácticas centradas en la crianza y el cuidado de los niños en la infancia). «Lo que hoy en día se podría corresponder con técnico de Educación Infantil», precisa Juan. Poco más tarde, empezó a trabajar dando clases en un colegio de la capital. «Fuera del trabajo continuaba su formación haciendo todos los cursos que podía», añade.

Pionera en Las Hurdes

Tras cinco intensas primaveras, ‘Mariquina’ abandonó Madrid para regresar a tierras extremeñas con 23 años. Fue entonces cuando, en el año 1969, consiguió uno de los logros por los que será siempre recordada: se convirtió en la primera persona en abrir un centro infantil en la comarca de Las Hurdes, la segunda en la provincia de Extremadura. El lugar escogido para levantar la guardería San Pedro de Alcántara Bambi fue La Fragosa, una pedanía de Las Hurdes, también perteneciente a Nuñomoral, ubicada a escasos kilómetros de su pueblo natal. 

En el año 1969, se convirtió en pionera al inaugurar la guardería infantil San Pedro de Alcántara Bambi en la alquería hurdana de La Fragosa. Fue la primera en la comarca de Las Hurdes

Con los niños del centro infantil del Paseo Alto de Cáceres.

Con los niños del centro infantil del Paseo Alto de Cáceres. / El Periódico

«Llegó a tener hasta 85 niños a su cargo», asegura con satisfacción su hermano, quien pone de manifiesto la situación actual de la zona de Las Hurdes, donde apenas quedan niños. «Debido a la despoblación que existe en muchos pueblecitos de la zona, la mayoría de personas han salido fuera y los que siguen residiendo son personas de edad avanzada».

Juan recuerda cómo en aquella época ‘Mariquina’ solía llevar a los jóvenes de los pueblos de Las Hurdes de vacaciones a la playa. «Costeaba viajes a San Sebastián o a La Manga del Mar Menor con las ayudas que iba recibiendo». Asimismo, su implicación con la juventud caló hondo entre muchos de ellos. «Ha vivido siempre al servicio de los demás. Hasta el punto de contribuir al desarrollo universitario de algunos niños de la comarca de Las Hurdes, que veían cómo podían prosperar y labrarse un futuro en una época donde no había tantas oportunidades», explica Juan, orgulloso de los logros alcanzados por su hermana.

Junto a sus amigos Pablo y Pepa, en uno de sus viajes a San Sebastián.

Junto a sus amigos Pablo y Pepa, en uno de sus viajes a San Sebastián. / El Periódico

De igual forma, colaboró en varias misiones solidarias. «Acudió a encuentros con misioneros en Burgos e incluso puso su granito de arena para la apertura de un pozo en África», precisa su hermano.

Etapa en Cáceres

En 1983, ‘Mariquina’ decidió trasladarse a Cáceres con el propósito de continuar creciendo profesionalmente. «Primero se instaló en la barriada de Pinilla, luego pasó a la urbanización de Los Rosales y, por último, acabó residiendo en el barrio de La Mejostilla», manifiesta Juan. 

En ese período, comenzó a trabajar en el Centro Infantil Virgen de la Montaña del barrio del Paseo Alto, donde permaneció durante años hasta el día de su jubilación.

Vistas del pueblo de Martilandrán.

Vistas del pueblo de Martilandrán. / El Periódico

A pesar de sus muchos quehaceres, ‘Mariquina’ también tuvo tiempo para sumarse a la Asociación Redmadre, una fundación dedicada a apoyar, asistir y ayudar a mujeres con embarazos imprevistos.

Además, su hermano afirma que llegó a cooperar, junto a Paco Valverde, en la creación de la parroquia San Juan Macías del barrio de la Mejostilla, donde también ejerció como catequista varios años tras su retiro.

Junto a familiares y amigos, desde el Cottolengo de Las Hurdes.

Junto a familiares y amigos, desde el Cottolengo de Las Hurdes. / El Periódico

«Se sentía muy orgullosa de sus logros y era muy querida, sobre todo en la provincia de Cáceres, porque no paraba de hacer cosas por los demás, especialmente por los niños, su verdadera pasión», subraya Juan. «Hasta llegó a participar en Barrio Sésamo», añade en referencia al mítico programa de televisión que estaba dirigido a un público infantil.

Durante el tiempo de pandemia, ‘Mariquina’ optó por regresar a Martilandrán junto a sus familiares, buscando la tranquilidad en un emplazamiento ideal para ello, antes de retomar su habitual rutina en Cáceres.

Imagen reciente de 'Mariquina'.

Imagen reciente de 'Mariquina'. / El Periódico

A finales de 2022, sufrió un ictus que la obligó a pasar varios meses entre el Hospital Universitario de Cáceres y el Hospital San Pedro de Alcántara, donde, según explica Juan, eran constantes las muestras de cariño que recibía. «Había personal en el hospital que la reconocía de su etapa en la guardería o porque a algunos de ellos les había dado clases».

Hasta que el pasado 2 de mayo, a los 79 años, ‘Mariquina’ falleció, dejando un legado imborrable en la memoria de varias generaciones que nunca olvidarán su alegría, su generosidad y su compromiso con los niños y con los que la rodeaban.

Una mujer que luchó siempre por hacer del mundo un lugar mejor. «Dejará una huella imborrable por su solidaridad y su estilo de vida en comunidad», finaliza Juan, su hermano del alma. 

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