La mirada

La Virgen de Guadalupe y el tren extremeño

«Espero que seamos capaces de pensar un poco sobre estas realidades, ya sabéis aquello de pienso, luego existo»

Un momento de  los oficios religiosos con motivo de la festividad patronal, en Guadalupe.DURA FOTOS JOSE MANUEL RUBIO

Un momento de los oficios religiosos con motivo de la festividad patronal, en Guadalupe.DURA FOTOS JOSE MANUEL RUBIO / EL PERIÓDICO

Antonio Pariente

Antonio Pariente

Hace unos días, en la reunión anual que el Obispo de Coria-Cáceres, Don Jesús Pulido, tiene con la prensa de la ciudad, este año con el motivo central de presentar el XIV Congreso Teológico Pastoral, que se celebró el sábado pasado, no sé si por iniciativa personal o respondiendo a la pregunta de algún «plumilla» allí presente, comentó la noticia que a partir del próximo Día de Extremadura, la eucaristía mayor sería presidida de forma rotativa por los obispos o el arzobispo extremeño y el arzobispo de Toledo. 

Para el mundillo eclesial no es esta una noticia baladí, por primera vez en mucho tiempo parece que algo se mueve en relación con la pertenencia en uno o en otro sitio de monasterio de la puebla. Imagino que, para las organizaciones reivindicativas del tema, la cuestión le parecerá poca cosa, pero otros dirán que «algo es algo», no oímos únicamente la repetición de que el tema está en Roma y que ya dirá ella lo que sea. 

Recuerdo claramente la reunión en la que Don Francisco Cerro, siendo obispo de aquí, plateaba esta medida como un signo de acercamiento a lo que podría venir un poco más tarde. Si Don Francisco es arzobispo de Toledo desde 2020, han tenido que pasar cuatro años para que la misma se lleve a cabo. No es mucho ¿verdad? ¿o sí?

Esto de si es mucho o poco tiempo, me conduce a relacionar el tema del monasterio extremeño y al tren de la misma región. 

Los políticos llevan desde el siglo pasado, tomándonos el pelo, dando fechas para la llegada del tren de alta velocidad, cada vez van quedando en evidencia por la falta de cumplimiento de sus palabras, pero parece que no les importa nada, a estas alturas, después de más de veinte años, todavía estamos esperando.

Los obispos, nunca han dado fecha para que se haga realidad la nueva situación del monasterio, en esto ha sido más listos que los políticos, solo se han apoyado en uno de los paradigmas de la diplomacia vaticana: «las cosas de palacio van despacio» y todo el mundo sabe lo que esto lleva consigo. 

¿Qué táctica os parece mejor, la de los políticos o la de los obispos?, ¿o ninguna? Aunque sea de esta manera, un poco relajada, espero que, a pesar que el calor ya esté comenzando a calentar nuestras neuronas, seamos capaces de pensar un poco sobre estas realidades, ya sabéis aquello «pienso, luego existo».