La arteria comercial de la ciudad

La calle Pintores de Cáceres revive con su bombonería de corte francés

El cacereño Javier Rodríguez y la belga Evelien Huybrethts  se conocieron durante unas vacaciones en Mallorca. Tras un periplo por varios países del mundo regresan ahora a la ciudad y hacen del centro de la capital el indiscutible paraíso del chocolate

La calle Pintores de Cáceres revive con su bombonería de corté francés

Jorge Valiente

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Hubo en el número 33 de la calle Pintores una sucursal de la Caja de Ahorros, donde los que entraban como aprendices en las gestorías iban a cambiar cada mañana las monedas por billetes. Era entonces Pintores el centro neurálgico del comercio de Cáceres, con El Paraíso, Muebles Pérez y Calzados Peña, donde Conchita vendía las entradas del Cine Capitol. En Pintores estaba la perfumería de Terio, en la que se almacenaban deliciosas esencias y por la que a diario pasaba todo Cáceres. En ella se vendían toallas y bañadores en verano. Era un lugar luminoso, de estanterías de cristal, en un Pintores lleno de vida con Mendieta, Gozalo, Jabato, la barbería Barra, Modas Dioni, que vistió a las novias de toda la ciudad, o la joyería de Rosendo Nevado, que abrió en el local donde Rosendo Caso tuvo su famosísima tienda de telas. Por atrás, la Bodega Catalana, cuya especialidad eran los bocadillos de mejillones y se vendía el vino por pistola, o la cafetería Toledo.

Muchos cacereños recordarán cuando en el área de Pintores, en la calle Moret, inauguraron una pastelería de nombre La Estila, que fue el referente dulce de la ciudad cuando Cáceres era la envidia comercial de Extremadura y Pintores y su entorno, pura efervescencia. La Estila era una pastelería pequeñita, alargada, con varias mesas de color azul con sus sillas. En La Estila se vendían vasos de leche, raspaduras y riquísimos pasteles. Si tardabas mucho en terminar tu consumición, la señora Estila, una mujer ya de pelo blanco, te decía: "Venga hijo, espabila, que hay cola". Y a un paso estaban el Bar Maleno, Calzados Marta, Figueroa, El Siglo, Siro Gay (que tenía menaje y confección), Lámparas Civantos y Plásticos Gima, que fueron de los primeros en traer a la ciudad las flores de plástico de colores y los tupperwares.

Desde que La Estila se marchó no había vuelto a tener Pintores una pastelería cuyos bocados fueran la metáfora del aroma de la felicidad. Y en esto que ha llegado Botanicc, para ocupar lo que fue aquella vieja sucursal bancaria por la que luego pasaron otros negocios como Miñuca, que se dedicaba a la venta de ropa de niños, Harpo, la tienda de discos donde trabajaba la mujer de Isidoro, y más recientemente el desembarco de las telefonías. Detrás de Botanicc Patisserie & Chocolatier, justo al lado de Carlo's Joyeros, se esconde una bonita historia profesional pero también una historia de amor.

Del mundo a Cáceres

El cacereño Javier Rodríguez y la belga Evelien Huybrethts se conocieron durante unas vacaciones en Mallorca cuando él trabajaba en el sector de los yates. Javier tiene 36 años, pero llevaba casi 20 fuera de su ciudad natal. Se marchó a los 17 al trasladarse fue a Salamanca a estudiar Ingeniería Agrícola, una carrera que nunca le gustó y que compaginaba con la hostelería; de manera que cuando a los tres años fue plenamente consciente de que aquello no era lo suyo cogió la mochila y se puso a recorrer mundo de restaurante en restaurante y formándose de manera concienzuda. Ha desarrollado gran parte de su vida laboral entre Canadá, Dinamarca, Inglaterra y Bélgica, país este último en el que junto a su chica se encargaron de una empresa de catering.

Un buen día decidieron regresar a España. Y encontraron en Pintores y en su reto de "revivirlo" el motivo perfecto para volver. "Nuestra tienda es una pequeña pastelería de ambiente afrancesado en la que encontramos pasteles de vitrina, con materia prima de mucha calidad", relata mientras enseña a este diario este pequeño templo en el que te das cuenta de que el buen postre siempre entra por el corazón.

Botanicc es disfrutar de la vida en cada mordisco. Huele a pastel recién hecho, es una ambrosía de colores, de texturas, de limpieza infinita. Es un honor para Pintores tener a Botanicc porque dentro de este templo de la artesanía del azúcar, el chocolate viene de Bélgica, los frutos secos son italianos, las vainillas de Tahití y las mantequillas, cómo no, de Francia.

Ellos mismos dan a luz a estos productos que cocinan en un obrador que han montado en el Polígono Mejostilla. Como Javier y Evelien han crecido en un ambiente parisino, el hermoso París se hace aquí bombón artesanal y tableta de chocolate. En las estanterías primorosas de Botanicc, donde también trabaja Itziar Vega (la cara amable del negocio), se esparce la bollería italiana amasada con harinas italianas de excelente calidad.

Javier cuenta que a partir del mes de septiembre pondrán en marcha un cátering, que prevén distribuir su producción para eventos, empresas, colegios, hoteles y restaurantes. Llevan abiertos solo una semana y ya realizan tartas por encargo, pasteles en forma de limón o de cereza, un sin fin de arcoiris de nata y chocolate. Todo es una tentación a los ojos y al paladar, un orgasmo de sabores que convierten a este lugar en el nuevo paraíso de la calle Pintores.

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