Cuando la accesibilidad es urgente

Los 72 escalones que encarcelan a Antonio Guerra en su piso de Cáceres

Desde hace ocho años sufre Alzheimer en estado avanzado. Vive en un cuarto piso sin ascensor en el Bloque B de Aldea Moret y tiene que ser ayudado por su mujer o su hija para poder bajar las escaleras. La familia pide a las administraciones una vivienda accesible

Lorena Guerra ayuda a su padre a andar y a bajar por las escaleras

El Periódico

Antonio Guerra vive en el cuarto piso del Bloque B de Aldea Moret. Cada vez que sube a su casa debe subir 72 escalones, ya que no hay ascensor en su edificio, pero con una dificultad, tiene Alzheimer y su enfermedad ya está avanzada, por lo que necesita ayuda de su mujer, María de los Ángeles Gómez, de su hija, Lorena Guerra, o de alguna de sus nietas.

El hombre ya no puede valerse por sí mismo, no habla, se olvida de comer y de beber y es dependiente. Su enfermedad está en la fase 3, es decir, moderada grave, y cada día tiene que acudir al Centro de Día Francisco Chacón para recibir terapia que frene el rápido avance de su patología.

A pesar de este tratamiento, su dolencia se agrava día a día. Dentro de poco ya no podrá caminar y precisará de una silla de ruedas, algo inviable viviendo en un cuarto sin ascensor, explica su esposa.

Por ello, ha solicitado de forma urgente que le concedan una vivienda social que se sitúe en un bajo o bien que disponga de un elevador. Esta solicitud ya la ha enviado al Ayuntamiento de Cáceres; sin embargo su respuesta ha sido que no hay viviendas sociales accesibles para silla de ruedas y que le pidan ayuda a la Junta de Extremadura, según ha asegurado.

Lorena Guerra ayuda a su padre, con Alzheimer, a bajar las escaleras

Lorena Guerra ayuda a su padre, con Alzheimer, a bajar las escaleras / Miriam Sierra Becerro

Gómez ha añadido que también le ha solicitado ayuda a esta institución, pero les han respondido que se trata de una competencia del consistorio cacereño, según ha indicado la mujer.

«No estoy pidiendo un piso en la R-66, no; que me da igual si es aquí, en Aldea Moret, porque aquí he vivido toda mi vida y me da igual», ha insistido.

A la familia le resulta imposible marcharse de esta vivienda a otra alquilada que sea accesible debido a que no pueden permitírselo; el único dinero que entra en casa -según su testimonio- es la pensión de Antonio Guerra y con ella deben pagar su actual casa, los 100 euros que cuesta el Centro de Día, los medicamentos, su comida (es especial porque únicamente admite gelatina, puré o yogur), y los gastos mensuales.

La solución que le han ofrecido es ingresarle en una residencia, algo a lo que su mujer se opone porque, según ha señalado, ella puede cuidarle. «Lo que pido es que me ayuden a conseguir una vivienda para que él pueda estar el tiempo que le quede paseando, aunque sea en silla de ruedas», ha remarcado.

Avance de la enfermedad

Antonio Guerra fue diagnosticado de Alzheimer hace ocho años, cuando tenía 63 años, pero su situación empeoró con la irrupción del covid, ya que durante el confinamiento no podía moverse y ello hizo que la enfermedad avanzase rápidamente, al no estar en movimiento por no poder salir de su casa.

Poco a poco fue perdiendo la capacidad del habla y le tienen que recordar que coma y que beba, por lo que siempre tiene que estar acompañado al ser una persona dependiente. Hace unas semanas, en su última revisión médica, le dijeron que su estado había «empeorado muchísimo».

En la actualidad no solo se enfrenta al problema del número de escaleras que tiene que subir y bajar, sino también al estado en el que se encuentran los peldaños, según cuenta su hija, Lorena Guerra. Muchos se encuentran en mal estado y durante los días de lluvia la situación empeora porque resbalan y la barandilla se empapa. En esas ocasiones, ayudarle resulta un «suplicio».

También ha sufrido cuando ha tenido que subirlas por la noche, ya que según ha explicado, una vez no había luz en el edificio. Él era quien se encargaba del mantenimiento del inmueble antes de su enfermedad, y tuvieron que alumbrar el camino con linternas para ayudarle a llegar a su vivienda.

Antonio Guerra no solo se está enfrentando al Alzheimer, también está luchando cada día con los más de 70 escalones que separan su casa de la calle, por ello no puede salir a pasear y se limita a desplazarse al Centro de Día para recibir su terapia. El resto del tiempo lo pasa entre el sofá y la cama, haciendo que esta patología degenerativa avance cada vez más rápido.

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