CRÍTICA

La torre se fundió sin su alianza con Calderón

Una instantánea de la pieza clásica ‘La Torre’, en el Gran Teatro.

Una instantánea de la pieza clásica ‘La Torre’, en el Gran Teatro. / JORGE VALIENTE

Miguel Fresneda

En el Gran Teatro y por miedo a la lluvia, la compañía Albadulake acometió la libérrima versión de La vida es sueño de Calderón de la Barca, como una voraz crítica contra una tecnología deshumanizadora, pero solo pudo verse un fragmento de la misma, como un cuarto de hora aproximadamente de función.

Al principio el protagonista de la obra un tal Seg, abreviatura del Segismundo calderoniano, Luis Valle,, muy contrariado porque había perdido la fórmula algorítmica que buscaba; pero al pronto cambió su actitud pues acabó rencontrándola. Después se bajó un artificioso cilindro transparente y muy luminoso! En el que el citado protagonista se debatía en su interior con un aluvión de números que le desconcertaba, al anunciar la IA, tan de moda y que será la solución a todos los problemas humanos,

Al poco descendió de dicha plataforma luminosa un trapecio que Segis apenas pudo acariciar un momento, seguramente para que él se cimbreara con él pues es un consumado trapecista.Pero no pudo ser pues de pronto se quedó como paralizando iniciando un mutis por el foro; embarazoso silencio y una cierta intriga; pero al pronto cae el telón de embocadura; y delante de él los dos directores de la citada Compañía pidieron disculpas por la avería de dicha plataforma luminosa que les impidió continuar la representación y ante los muchos aplausos del respetable, que casi llenaba el patio de butacas,prometen una próxima representación de su montaje en fechas que se anunciarán oportunamente: su gozo y el nuestro en un pozo. Hasta aquí la frustrada representación de La Torre, de la compañía cacereña Albadulake.

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