La cultura que nos viene

La magia de los pueblos en verano

En el municipio de Tamurejo, con poco más de 200 habitantes en la Reserva de la Biosfera de La Siberia, se realiza desde hace unos años un festival de ‘LiterNatura’, porque la naturaleza siempre está muy presente, por el que han pasado muchos de nuestros más queridos escritores. Este año, el programa, casi insuperable, se dedica al agua 

Una imagen de una pasada edición del Festival de Literatura y Naturaleza de Tamurejo, ‘Siberiana’.

Una imagen de una pasada edición del Festival de Literatura y Naturaleza de Tamurejo, ‘Siberiana’. / CEDIDA

Hace unos años, Paloma Morcillo, que era entonces concejala de Cultura de Badajoz (ahora dirige el López de Ayala), me llamó para que hablara con Antonio Muñoz Molina en la Feria del Libro. Después de la charla, que se alargó porque, en fin, seguir un guión nunca ha sido lo mío, nos fuimos al Dosca II a cenar y le hice probar las criadillas de tierra. Antes de sentarnos, le confesé: «Soy muy fan de tu mujer». «Yo también», respondió. La leía con avidez cuando escribía sobre su santo y cuando contaba las aventuras de Manolito, al que llegué ya adultísima, pasados los 30.

Yo no sabía que el santo de Elvira Lindo era Muñoz Molina y tampoco me importaba, todo hay que decirlo. Me lo dijo mi madre. De todos modos, en fin: una tiene suficiente competencia lectora como para saber que la experiencia de uno y lo que ese uno escribe tienen capas y capas de filtros y de imaginación. Así que la gente pensaba en su santo como en un Muñoz Molina verdadero y yo como en un personaje literario muy tierno que se parece a él quizá, o quizá no.

La gente escribe como otros dibujan: es una manera de estar solos. La soledad es maravillosa cuando es elegida, cuando se ha aprendido a no rumiar y cuando es fecunda, lo que no ocurre siempre, pero en fin. También la vida va de aburrirse.

Elvira Lindo habla de los barrios y de la gente corriente y a mí me gusta que me cuenten historias de la gente corriente que de pronto hace cosas extraordinarias o vive como puede o sobrevive y va tirando y se ayuda y que se hable de los niños y de que a veces los traumas no son tan traumáticos y puedes tener otra vida o a veces te expulsan de la sociedad porque la sociedad es una masa informe que ni entendemos.

La literatura nos sirve para eso (además de para disfrutar y divertirnos: un crítico del New York Times o del New Yorker, no me acuerdo porque no lo he podido encontrar en la red, escribió algo así como que muchísimas veces sabemos que un libro es bueno porque, en medio de la lectura de algún párrafo lo cierras y dices en voz alta: joder, joder, joder, joder, joder): nos sirve para entendernos un poco mejor. A la información tenemos acceso ilimitado, pero ¿dónde encontraremos la sabiduría?, se preguntaba Harold Bloom. Nos sirve para vivir vidas que no hemos vivido, incluso cuando esas vidas noveladas son reales: «Yo era alguien en Madrid, yo era una persona que paseaba por el centro y entraba a las tiendas a saludar a unos cuantos tenderos que me conocían de siempre, y yo iba a un restaurante y saludaba al dueño, al camarero, o al de la mesa de al lado que me había reconocido, porque en mi ciudad, le decía, hay gente que me reconoce».

Ella creó un personaje precioso, con una familia preciosa, que no es para niños aunque ganara el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, lo mismo que no son para niños tampoco ‘La isla del tesoro’ o ‘Huckleberry Finn’, aunque hayamos leído de niños, con fruición y con hambre, a Robert Louis Stevenson y a Mark Twain. Tuvo éxito. Tuvo mucho éxito.

Y luego lo dejó todo para dedicarse a escribir. La mujer debe ganar su propio dinero. Ten los hijos que puedas criar sola. Todas las frases que nos han dicho siempre. «Salió bien», me dice: «Pero podía haber salido mal». «¿Cómo se da un vuelco al presente cuando te has ido enredando en algo que no querías?», se pregunta Rosario en ‘Una palabra tuya’, y yo pienso en muchas de las vidas que conozco, el marido, los hijos, las vacaciones en la playa con mucha suerte, el aburrimiento y el hastío, perder pelo del estrés, comer de pie lo que se puede o asaltar la nevera a ver qué pillo, qué es eso del deporte si no me da ni para limpiar, recoge a la pequeña, el otro se ha cagado encima, que me ha llamado la profesora y tengo a mi padre en el hospital, esos sillones de polipiel en los que llevo transformándome en alcayata una semana.

Elvira Lindo va a estar en Siberiana el sábado y por allí pasarán Azahara Palomeque, que también se vino de los Estados Unidos, y Daniel Orviz, que es ‘slammer’. ‘Slammer’ se llama al que hace ‘poetry slam’, que es ‘spoken word’, que es, básicamente, una lectura poética, pero bien ejecutada, sin ser, ni pretenderlo, ese poeta triste sin levantar la vista de su poemario leyendo sin entonación alguna sus propios versos. Siberiana, les cuento, es un festival literario maravilloso, en Tamurejo, con ocupación de las casas de la gente y con todos los milagros que pasan en verano en un pueblo. Acérquense. Disfrutarán. Comerán miel. Podrán comprar un aceite estupendo. Qué más queremos.

La perla

La Orquesta Joven de Extremadura celebra su II Encuentro de 2024 y ofrecerá dos conciertos en Los Santos de Maimona y Badajoz, los días 22 y 23 de junio. La OJEX estará dirigida por Juan Pablo Valencia, director asistente de la Orquesta de Extremadura, que se pone al frente siempre de los maravillosos conciertos que dan la bienvenida al año nuevo, y al que es un gusto ver dirigir por su alegría. En el encuentro se han concentrado más de 50 instrumentistas que, lo sabemos bien, han pasado noches sin dormir tocando juntos. Quién volviera a ser joven.