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Así fue la última corrida de Paquirri en Cáceres cuatro meses antes de morir

El 27 de mayo de 1984 Francisco Rivera cortó dos orejas a un toro en la séptima (y última) vez que pisó la Era de los Mártires. Fue una tarde histórica que contó para este diario el periodista cacereño Enrique Baltar

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Ahora que se cumple el 40 aniversario de la muerte de Francisco Rivera Pérez, más conocido como Paquirri (Zahara de los Atunes, Cádiz, 5 de marzo de 1948) Cáceres tampoco se olvida del torero de muleta firme y toreo en redondo que salió por la puerta grande de Las Ventas en siete tardes gloriosas. El 1 de junio de 1969 toreó por primera vez en Cáceres, ciudad en la que demostró su talento en hasta siete ocasiones, con toros de Molero compartiendo cartel con Paco Camino y Ángel Teruel. Un día antes, en plena Feria de Mayo, hubo novillada con picadores, con novillos de El Encinar para Antonio Sánchez Cáceres, Morenito de Cáceres y José Luis Parada, todos ellos en los anales taurinos de la capital cacereña.

Regresó Francisco Rivera a Cáceres el 31 de mayo de 1974 con la ganadería de Juan Pedro Domecq también para El Viti y El Niño de la Capea, y volvió el 30 de septiembre de ese mismo año en la corrida de toros de Rodríguez Pacheco compartiendo cartel con Antonio José Galán y Paco Alcalde. Paquirri pisó nuevamente la Era de los Mártires otra Feria de Mayo de 1979 con astados de Martínez Uranga junto a José María Manzanares y El Niño de la Capea.

Luego paseó su palmito un 30 de mayo de 1981 con la cabaña de Martínez Uranga, de nuevo junto al Niño de la Capea y Juan Antonio Ruiz Espartaco, que también participó la semana pasada en el programa ‘Lazos de Sangre’ que Televisión Española emitió con motivo de aniversario del fallecimiento del diestro gaditano.

El 29 de mayo de 1983 igualmente desfiló Paquirri por Cáceres junto a Luis Francisco Esplá y Vicente Ruiz El Soro con toros de Gabriel Rojas. Al año siguiente, 27 de mayo de 1984, justo cuatro meses antes de su muerte, repitió con toros del portugués Passanha en un cartel donde figuraron Espla y Víctor Puerto.

Aquella fue la última corrida de Paquirri en la ciudad; una faena que contó para El Periódico Extremadura el periodista Enrique Baltar, quien llegó a ser redactor jefe de esta casa y a quien precisamente el próximo viernes la Asociación de Periodistas de Cáceres le concederá el Primer Premio Fernando García Morales a su trayectoria, merecido galardón al tratarse de un reportero de raza, decano de la prensa de la ciudad, que atesora el carnet número 1 del colectivo periodístico cacereño.

En su crónica, Baltar contaba que la de Paquirri fue la primera corrida de feria de ese año, en una plaza, por cierto, acicalada con nuevas gradas en los balconcillos altos, señalización de tendidos y pasillos de ascenso. «El cuarto toro de la tarde, un ejemplar excepcional, -relataba el periodista- con mucho poder en las tres varas y bravura en la muleta, que hizo triunfar a un Paquirri conformista, que absurdamente se fue al desolladero sin que la presidencia le concediera la vuelta al anillo que merecía». Y añadía: «El último tardó en salir de chiqueros y hasta se acostó en plena faena manteniéndose en pie abierto de patas sin pasar por el trapo».

En aquella corrida debutaba en la presidencia el comisario jefe Francisco Turégano, «con algún despiste lógico, pero menos comprensible en el asesoramiento respecto al cuarto toro». En ese sentido, insistía Baltar en que «el exceso de varas, que la presidencia puede acortar, es fallo de un reglamento desfasado porque son pocos los toros que hoy admiten tres puyas. Justo es decir -concluía- que mandó algún ‘recado’ por abusos».

Decía Baltar que Paquirri, «que abrió terna, tuvo el detalle de recibir al primero sin peonaje y sacar a a banderillear a sus compañeros, que se ganaron una gran ovación por la buena ejecución». En el cuarto, «el de más poder, sufrió un desarme con el capote». Y así transcurría la faena mientras Paquirri «se lo lleva a la solanera donde se le jalea en nuevos derechazos y un par de rodillas para matar de estocada hasta el puño. Brava muerte de este gran toro que le valdría las dos orejas y vuelta, pero que se fue con las mulillas sin la vuelta ni los aplausos ganados».

También apercibió Baltar al recordar que en un momento de la corrida sonó «inoportunamente El Redoble, que debe dejarse para el descanso, dando tiempo a repintar el doble círculo de varas». Los toros, añadía, «pesaron 470 kilos los tres primeros, 490 el cuarto (que toreó Paquirri) y 500 justos los dos últimos. ¿Se habrá oxidado la báscula?», se preguntaba en esta crónica deliciosa cuyo titular dejaba constancia de que «Paquirri cortó las dos únicas orejas a un toro que mereció la vuelta al ruedo».

La tragedia de Pozoblanco

Luego, cuatro meses después, el 25 de septiembre de 1984 en Pozoblanco, un toro de nombre Avispado se llevó por delante a Francisco Rivera y él mismo le explicó al doctor de la enfermería las trayectorias de la mortal cornada. Una impactante escena que jamás podrá reproducirse, ya que las imágenes de la cogida no pueden ser emitidas, por una orden de una sentencia del Alto Tribunal que protege el derecho a la intimidad de su familia. «Todavía recuerdo el olor de su cara en mi cara y el frío que me dejó en la cara en ese momento», recordó en ‘Lazos de sangre’ Manuel Díaz ‘El Cordobés’, a quien el torero le brindó el toro que le quitó la vida.

En el mismo programa participó Vicente Ruiz ‘El Soro’, único superviviente del cartel taurino del fatídico día donde también estaba el malogrado Yiyo, quien se rompe al revivir aquel momento: «El toro hacía unas cosas muy feas. Le llamaron Avispado, pero estaba avispado de verdad. Yo vi la tragedia. Era una cornada horrorosa, muy grande, espectacular», añade todavía afectado, cuarenta años después de la histórica cogida.

Paquirri tomó la alternativa como matador de toros en la plaza Monumental de Barcelona el 17 de julio de 1966, ejerciendo de padrino Antonio Bienvenida y de testigo Andrés Vázquez frente a reses de Juan Pedro Domecq.

En el plano sentimental, se casó primero con Carmina Ordóñez, hija del también torero Antonio Ordóñez, y luego con la tonadillera Isabel Pantoja, que por cierto abrió a primeros de mes el Festival Stone&Music de Mérida.

El 15 de agosto se celebrará la corrida Picassiana de la Feria de Málaga, que sirve de homenaje al diestro. En ella estarán su hijo Cayetano Rivera y el cacereño Emilio de Justo. Ambos honrarán al genio Francisco Rivera, mito de la tauromaquia que 40 años después sigue más vivo que nunca. 

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