La mirada

Vamos concluyendo

El papa Francisco.

El papa Francisco. / EL PERIÓDICO

Antonio Pariente

Antonio Pariente

Con la llegada de estas fechas de finales de junio, se me viene siempre a la cabeza la idea de hacer el resumen del curso que estamos a punto de clausurar. Lo comenzábamos allá por septiembre pasado con la ilusión y las ganas renovadas para afrontar lo que los días nos fueran marcando, intentado lograr los objetivos que nos habíamos marcado cuando preparamos nuestras programaciones. Es muy bueno tener más o menos definidos los objetivos para después poder evaluarlos.

En el plano internacional no quiero yo decir que no haya habido algún que otro progreso, pero si tuviéramos la posibilidad de en un vistazo repasar las primeras páginas de cualquier diario, posiblemente tendríamos pocas alegrías. Las guerras de Ucrania y de Gaza nos aportan muy negros nubarrones en el proyecto de construcción de un mundo en paz. El suspenso en la evaluación ceo que es inevitable. De nuestra piel de toro ¿Qué queréis que os diga? Prefiero que saquéis vuestras propias conclusiones, por lo que puede pasar. Pero, por favor, sacadlas, porque no podemos permanecer indiferentes ante lo que está pasando.

A nivel diocesano, ya os puedo contar alguna que otra cosa. Don Jesús ya lleva más de dos años entre nosotros, y ya conoce el percal, ya tiene escogidas a las personas que deben acompañarlo para afrontar las carencias que existen. El apartado económico diocesano, es una de las preocupaciones acuciantes, la venta del edificio de Clavellinas supuso un auténtico respiro para las arcas de la Diócesis. La capacitación de los miembros del equipo económico es otra de las aspiraciones.

La acción pastoral en los arciprestazgos se sigue desarrollando con el trabajo de sacerdotes y seglares comprometidos, poco a poco se van dando pasos en su organización y en la realización de actividades conjuntas entre las diversas parroquias de los mismos.

El seminario sigue siendo otra de las grandes preocupaciones diocesanas, no solo por la necesidad de seguir promoviendo vocaciones, sino por las exigencias de Roma en cuanto al número de los que se forman allí, si en un periodo de dos años, no se llega al númerode seminaristas exigidos, hay que presentar planes para unificarse con seminarios de otras diócesis. En Extremadura, la unión de los seminarios de la archidiócesis podría ser la solución, pero es algo a lo que hay que dar muchas vueltas. Sea como sea, la exigencia pontificia parece improrrogable. ¡Buen fin de curso para todos!