«Los hechos han producido una ola de indignación», asegura el párroco, Miguel Ángel González

Roban la corona de Santa Lucía en Cáceres y le rompen brazos, manos, nariz y ojos

Era la tercera vez que los ladrones intentaban acceder a la ermita de Aldea Moret. Lo lograron la madrugada del domingo al lunes y destrozaron la talla

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Los hechos sucedieron en la madrugada del domingo al lunes cuando los ladrones lograron acceder al interior de la ermita de Santa Lucía, en Aldea Moret, y destrozaron literalmente la imagen de la Virgen más venerada de la barriada cacereña. Lo explica a este diario el párroco Miguel Ángel González, quien constata cómo este deplorable acto vandálico «ha dolido a los vecinos en lo más profundo de su ser; incrédulos de cómo han sido capaces de tal atrocidad». El sacerdote ha asegurado que los hechos han producido «una ola de indignación».

Era la tercera vez en quince días que trataban de forzar la entrada a la ermita. Y a la tercera fue la vencida. Cuando el cura accedió al templo se encontró con la talla tirada en el suelo víctima de múltiples daños: «la nariz partida, la cara magullada, los dos brazos sueltos. La copa donde guarda los ojos, rotos, especialmente uno de ellos hecho pedazos. Además, los vuelos del manto también los destrozaron», explica González.

Los ladrones no acabaron ahí sino que se llevaron la corona, creyendo que tenía valor económico. Nada más lejos de la realidad porque es de latón. El clérigo indica que la imagen de Santa Lucía se compró en 1993. Relata que esa corona es como una aureola que va atornillada a la cabeza y que al arrancarla de cuajo, los cacos dejaron un trozo pegado a la imagen. «Tal como está, partida, no les dan ni un euro al peso por ella», apostilla.

En el saco metieron igualmente ocho candelabros pensando que eran de valor, pero tampoco lo tiene. Eso sí, el daño sentimental está hecho y ahora, en el quirófano de Gótico Restauración (en la barriada Santa Lucía aguarda su paso por la mesa del quirófano para salvar la luz de sus ojos y volver a lucir en la ermita de la que nunca debió haber salido.