Un producto al alza
El café, un ritual social que se enfría en Cáceres con la subida de precios
La multitud de factores que han llevado a un pronunciado incremento del precio de esta bebida tan demandada ha terminado afectando a los distintos componentes de la cadena de valor. No tanto al consumidor final, al menos en Cáceres, donde se teme un incremento en los bares y restaurantes que aún no se ha producido

Preparación de cafés durante la celebración de la iniciativa ‘Café solidario’ en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres. / Carlos Gil

El café es mucho más que una bebida. Se trata de un acto social que reúne a ciudadanos en bares, cafeterías y hogares. Sin embargo, este hábito diario comienza a pesar en el bolsillo de las personas debido al notable incremento de su precio en los últimos meses. Esta bebida es un elemento esencial en la vida de gran parte de la ciudadanía española, algo que se extiende al resto del mundo. Así lo acredita un artículo publicado por la empresa social Livelihoods Funds, que afirma que «después del agua, el café es la segunda bebida más consumida del mundo» y se calcula que los consumidores beben cada día 2.600 millones de tazas. Los países más consumidores se encuentran en Europa, entre ellos España, y después del petróleo, se trata de la mercancía más comercializada en el mercado mundial.
El problema no es repentino y se viene arrastrando desde la pandemia, pero a medida que avanzan los meses los datos no invitan a ser optimistas. Según datos de la Organización Internacional del Café (OIC), el precio se ha disparado un 70% desde la aparición del Covid-19, alcanzando su nivel más alto desde 1977.
Los motivos que han provocado esta subida son muchos, aunque en su mayoría están relacionados con varios factores globales. El aumento en los costes de producción en los países de origen, especialmente en Brasil y Colombia, debido a fenómenos climáticos extremos como las sequías o las heladas que han sufrido en los últimos tiempos, ha provocado una reducción de las cosechas y ha encarecido la materia prima. A su vez, la inflación, la crisis energética y el alza de los precios del transporte internacional también afectan a la cadena de suministro.
Según datos de la OIC, el precio del café se ha disparado un 70% desde la pandemia
A nivel nacional, el encarecimiento de la electricidad y los combustibles contribuyen a este incremento y los distribuidores de café han tenido que hacer frente a precios cada vez más elevados por parte de los productores, lo que, a su vez, les ha obligado a adaptarse a los cambios del mercado y a asumir costes que, inevitablemente, tarde o temprano acabarán trasladándose al consumidor final. Asimismo, esta subida les obliga a llevar este incremento a sus clientes, que van desde mayoristas hasta bares, cafeterías y restaurantes, aunque tratan de reducirlo en la medida de lo posible.

Taza de café. / El Periódico
Impacto en negocios locales
De hecho, como parte de la cadena de suministro y pese a la delicada situación, la mayoría de los innumerables establecimientos que sirven café en Cáceres aún no han notado sobremanera su incidencia, aunque a este ritmo, con el grano de café a niveles excesivos y los costes adicionales de productos como la leche o el azúcar hacen prever que se producirá un pequeño incremento para que continúe siendo un negocio rentable. Y es que para los hostelería se trata de un producto muy apreciado, pero cuyo margen de beneficios se ha visto reducido con el paso de los años.
Así lo reconocen mayoritariamente los involucrados en el sector hostelero de la ciudad, como en el caso de Rafael Vizcaíno, con años de experiencia a sus espaldas siendo el máximo responsable de las cafeterías de las facultades de Filosofía y Letras y Enfermería y Terapia ocupacional. Según afirma, aunque depende de varios factores, los altos márgenes de beneficios con el café «se acabaron hace tiempo» porque los principales productos, como son el café, la leche y el azúcar, llevan tiempo en escalada constante.

Rafael Vizcaíno, responsable de la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras, junto a su grupo de trabajo. / Carlos Gil
En lo referente a este año, Vizcaíno aún no es consciente del incremento al que se enfrenta al tener un convenio año a año con un número de kilos de café estipulados. «En diciembre del año pasado ya se notó el incremento y este año veremos a lo que nos enfrentamos», comenta. Actualmente, el precio de un espresso en sus cafeterías se sitúa en 1,20 euros, mientras que tiempo atrás ha llegado a estar en 90 céntimos. En su caso, el mayor incremento, «con diferencia sobre el resto», lo ha percibido en el descafeinado de máquina, cuyo precio siempre es más elevado pero cuyo importe sostiene que se ha disparado recientemente, lo que provoca las quejas de algunos clientes.
Además, expone que marcas como Brezo tienen precios altos, pero si acudimos a marcas de calidad, como la portuguesa Delta, habitual en sus cafeterías, el coste es tres veces superior. «Pero la calidad se paga», precisa Vizcaíno.
Por su parte, Diana Moreno es una joven que lleva tres años al frente del restaurante Casa Cristóbal, un negocio familiar ubicado en la avenida de Portugal. «Es un problema que empezamos a notar tiempo atrás y desde entonces ha seguido subiendo», asegura. Según la propietaria, lo habitual es que el incremento sea mínimo pero constante a lo largo del año. «Incluso hay veces que no te das cuenta porque la subida es de pocos céntimos pero acaba repercutiendo», precisa.

Celebración de la iniciativa ‘Café solidario’ en Cáceres. / Carlos Gil
En este establecimiento también acostumbran a trabajar con la marca Delta, pero la categoría platino 100% natural, «que no es precisamente barata», puntualiza la joven. «Años atrás, un kilo de este café andaba sobre 22 o 23 euros y actualmente está en 28», explica, aunque aclara que no valoran cambiar a otra versión más económica porque gran parte de su clientela habitual aprecia la calidad.
Sin embargo, a pesar de la subida, han optado por mantener el precio para el público, a 1,30 el espresso, reduciendo de esta forma sus ganancias. «Y a eso hay que añadirle los costes que conllevan la cafetera, la leche o el azúcar, que no son pocos, pero consideramos que también tenemos que mirar por nuestros clientes, que en su mayoría son gente del barrio», razona Moreno, que prefiere no pensar en el futuro pese a que «como sigamos así, en un par de años tendremos que cobrar el café a dos euros», concluye.
El Quiosco de la Música, un establecimiento situado en pleno paseo de Cánovas, «hasta el momento», es otro de los que resisten la escalada del precio del café y no han aumentado el precio habitual. Así lo atestigua Juan Antonio Sánchez, un trabajador con amplio bagaje en el local. No obstante, sostiene que han notado claramente el incremento, «en especial durante estos últimos meses», expone.
Bajo estas condiciones, tomar un café con leche básico sale a 1,50 euros en el interior del local y 10 céntimos más si es en la terraza. Aunque en su opinión no se trata aún de un precio excesivo, especialmente si se tiene en cuenta su privilegiada ubicación, el empleado asegura estar acostumbrado a las quejas de clientes puntuales y a las comparaciones por su alto coste respecto al de otros locales de la capital cacereña.
La percepción ciudadana
Entre los consumidores, el impacto de esta subida aún es relativo, aunque sí existe algo de preocupación porque la situación se vaya de las manos. Los hay que no están al tanto no y los que temen que acabe teniendo impacto en su economía diaria y en sus hábitos de consumo, lo que podría llevar a una reducción de la cantidad de café que compran o a buscar alternativas más económicas.

Grupo de personas tomando café en el paseo de Cánovas de Cáceres. / Gonzalo Lillo
Silvia y Leo son dos ciudadanos que disfrutan de una taza de café en una de las terrazas del paseo de Cánovas. Ella, que reconoce su pasión por esta bebida, asegura no tener «ni idea» de la situación actual y cuenta que hasta el día de hoy no lo ha percibido en los bares de la ciudad, mientras que en ciudades como Madrid su precio se sigue disparando.
Por el contrario, Leo sí asegura haber apreciado la subida. «He visto que ha aumentado el precio, pero como está subiendo prácticamente todo tampoco ha sido algo que me haya llamado mucho la atención». En su caso, afirma haberlo notado especialmente en determinados supermercados y no tanto en bares y cafeterías. «Justo el otro día vi que el café que habitualmente consumo, que antes costaba 2,90, ahora está por encima de los 3 euros», explica.
Un hábito que persiste
Pese a los desafíos, el café sigue siendo un símbolo de la vida social en la ciudad. El ritual de compartir una taza, ya sea en una cafetería o en casa, forma parte del ADN cultural de los cacereños. Aunque más caro, el aroma y el sabor de esta bebida mantienen su poder de atraer a las personas.
María Sánchez es una estudiante universitaria que acostumbra a desayunar fuera de casa junto a sus compañeros de piso. Según ella, el precio en Cáceres «todavía se mantiene en la mayoría de cafeterías, pero sí tengo amigas en otras ciudades que han podido apreciar cierto aumento», por lo que teme una subida con el inicio del nuevo año.
Sin embargo, en caso de que llegara a materializarse, no cree que le haga replantearse si continuar con su rutina habitual en torno al café. «No es un coste excesivo, pero si lo haces diariamente y en más de una ocasión es un gasto que al final repercute en la cuenta del banco, más aún siendo estudiante, pero dudo mucho que me haga cambiar este hábito diario», manifiesta la joven, que concluye que «al final, el café siempre será una excusa para reunirnos y disfrutar de un momento agradable», concluye con una sonrisa optimista. Por tanto, este significativo aumento de precios recuerda que, aunque las circunstancias económicas puedan cambiar, algunas tradiciones son difíciles de romper.
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