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La provincia, en la élite culinaria

Este es el pueblo de 41 habitantes de Cáceres con un Solete de la Guía Repsol

El restaurante Doña Tomasa de Solana de Cabañas entra de lleno entre los más destacados de la gastronomía nacional al estar incluido en el listado de Soletes son Solera

¿El motivo princial? El cochinillo al horno, las migas extremeñas, sus carnes adobadas y «el trato cercano y sencillo» de sus dueños, Rosa, Goretti y Gregorio

Abierto desde 2007, Rosa Martín, Goretti Solano y Gregorio Solano son los propietarios de Doña Tomasa.

Abierto desde 2007, Rosa Martín, Goretti Solano y Gregorio Solano son los propietarios de Doña Tomasa. / Ángel García Collado

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Solana de Cabañas

Cuando tomaron la decisión en el año 2007 de abrir un restaurante en un pueblo que apenas tenía medio centenar de habitantes, Rosa Martín y Gregorio Solano nunca pensaron en todo lo que iban a conseguir. Entonces, Goretti, su hija, apenas era una adolescente que tenía el sueño de estudiar una ingeniería. Lo hizo, pero regresó a su localidad para trabajar junto a sus padres en un proyecto familiar que ha resultado todo un éxito. Hace años que el restaurante Doña Tomasa de Solana de Cabañas es conocido, sobre todo por sus cochinillos al horno, pero también por el trato cercano y amable que ofrecen a cada cliente. Ahora, lo son aún más después de que la Guía Repsol les haya incluido en su catálogo de Soletes con Solera y les haya catapultado a colocarse como uno de los mejores lugares gastronómicos de la provincia de Cáceres. Y tiene aún más mérito cuando en la localidad ya solo quedan 41 habitantes, lastrados por la emigración y una población envejecida.

Entre las paredes de piedra... Así es el restaurante de Solana.

Entre las paredes de piedra... Así es el restaurante de Solana. / E. P.

«Aquí ya estaba todo cerrado, no quedaba ningún bar desde dos años antes», cuenta Gregorio, que solo buscaban «darle un poquito de vida a la localidad». Se construyó sobre un antiguo cine de su madre construido en 1957. De aquel entonces aún permanecen las paredes de piedra y la pantalla original sobre la que se proyectaban las películas.

Su gastronomía ha crecido en torno al cochinillo ibérico al horno. «El peso de cada uno de los cerdos que servimos no lo podemos decir, es secreto profesional», dice Goretti entre las risas de sus padres. Pero eso no lo es todo: las migas y las carnes adobadas son las recomendaciones que la Guía Repsol cuenta sobre el establecimiento, aunque también hay que destacar sus carnes asadas, las croquetas y los postres caseros. 

«El mejor regalo»

La noticia de que habían sido reconocidos por una entidad tan prestigiosa les pilló de sorpresa en Cáceres, celebrando el cumpleaños de Rosa: «Fue el mejor regalo que me pudieron hacer», recuerda feliz. «Me avisó un vecino de Cabañas del Castillo que nos conoce y me dio la enhorabuena. Al principio pensé que era broma. Hasta que no pasaron tres días no nos llamaron para confirmárnoslo», asegura Gregorio.

Cuando preguntaron por los motivos que les habían llevado a elegir su local, recibieron otra noticia que les causó asombro: les habían estado haciendo un seguimiento exhaustivo desde 2021. «Llevaban cuatro años viniendo diferentes inspectores hasta en cuatro ocasiones», cuentan, aún asombrados. «En ningún momento se ha pronunciado nadie diciendo que pertenecían a esta entidad, eran clientes normales», cuentan. 

Trato cercano y sencillo

Y es que en un restaurante, no todo es la cocina. «Otro de los motivos por los que nos han asegurado que ha llegado esta distinción es el trato cercano y sencillo hacia los clientes». Allí, nunca están ataviados con el traje de camarero y tratan a la gente como si les invitasen a su casa. «Sencillez. El cochinillo se come con las manos», resalta, al mismo tiempo que reconoce la importancia del ‘boca a boca’ para lograr este Solete con Solera que tan bien recibieron y que ya les ha supuesto un gran número de visitas: «Hay mucho turista que viene haciendo la ruta de todos los restaurantes que han distinguido».

Tienen más rasgos identificativos que, seguramente, pocos restaurantes más poseen. Los tres cocinan y los tres sirven en mesa: «Hay unas normas que tenemos establecidas y las seguimos a rajatabla para que quede igual sea quien sea el que las haya hecho». Y Gregorio presume también de «dar de comer a todo el mundo, sea la hora que sea», recordando que han llegado personas a las seis de la tarde pidiendo la cena -generalmente, turistas extranjeros-, y se la ha hecho. Eso sí, el gran fuerte es la comida: «Entre semana damos muchos menús, pero los fines de semana podemos tener 70 u 80 personas comiendo aquí cada día. En la cena no tenemos tan afluencia», reconocen, por lo que recuerdan de la importancia de reservar una mesa para poder disfrutar de la gastronomía de Las Villuercas.

Pero eso no es todo. Rosa es la encargada de abrir por las mañanas, desde las nueve. ¿Motivo? Gregorio lleva más de 30 años trabajando en la Diputación de Cáceres: «Me levanto a las 5 de la mañana todos los días para irme a trabajar». Y más allá de parecerle pesado mantener tanta actividad, nunca se ha planteado dedicarse en exclusiva al restaurante. «Con ir a la capital, estar allí y venir, he logrado abrir un poco mi mente y despejarme, pero mi mujer, que está aquí todo el día, puede pensar que estar allí es una castaña», incide Gregorio.

Y a pesar de todo, el futuro es incierto para ellos. Gregorio tiene ya 61 años, y Rosa 62. Y se muestran ya muy hastiados por todo lo que conlleva estar tanto tiempo en el bar: «A los 65 nos jubilaremos, lo tenemos claro», cuentan. Y Goretti, a pesar de ser ya toda una experta en restauración, tampoco ve su futuro ligado a Doña Tomasa: «Estoy preparándome unas oposiciones para trabajar de lo que he estudiado», explica. «Estamos muy bien, es cierto que se gana dinero y el reconocimiento personal de todo el mundo anima mucho a seguir, pero es muy cansado», reconocen. Y el reconocimiento de la Guía Repsol también les ha supuesto un gran apoyo: «Nos hace pensar que algo estaremos haciendo bien», finalizan orgullosos.

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