Catovi que te vi
Vidas gatunas en Cáceres: María Eugenia, Boniato y Serafina
La primera se crió en un olivar, el segundo llegó a casa sin un ojo y a la tercera la llaman la Emperatriz de Bujaco

Boniato, el gato de Carolina Bermejo. / Pepe Bermejo

Independientes y leales, se ha comprobado que tener un gato reduce el estrés. Normalmente, los dueños de gatos tienen una tensión arterial más baja que las personas sin mascotas. Puedes beneficiarte de un sistema inmunológico más fuerte y recuperarte de las enfermedades antes que las personas que no tienen animales de compañía. Sucedió que un día Carolina Bermejo vio en Instagram, a través del Movimiento Gatuno Urbano, la historia de un gato que la conmovió. Era de Badajoz, había perdido un ojo, tenía cuatro meses y ahora vive en su casa de La Mejostilla. «Es más bueno», dice Carolina mientras juguetea con Boniato, al que cariñosamente también llaman Boni y que ya es la alegría de toda su familia.
Nacida meses antes de la pandemia, Serafina tiene el pelaje blanco como la nieve y los ojos azules heredados de la abuela de su dueña. Sus primeros días de vida pasaron en un olivar de Castañar de Ibor, hasta que tuvo «la suerte» de caer en la familia García Collado, que la terminó adorando. Pocas veces ha pasado la noche lejos de su casa, aunque hay ocasiones en las que se ha ido por la mañana y no ha vuelto hasta que sus pequeñas tripas han comenzado a sonar.

Serafina, el gato de Ángel García. / Ángel García Collado
Su pasión por salir a la calle y volver con un tono de pelo marrón que no le hace justicia han ido creciendo con el paso de los años. Aunque la guerra no cesa con los callejeros de su especie, con los que a veces pelea vete tú a saber por qué. «Una de las cosas que más le gustan es salir preciosa en las fotos y vídeos, donde presume de sus largos bigotes», dice orgulloso Ángel, uno de sus progenitores.
La Emperatriz de Bujaco
David es un enamorado de los animales. Cada mañana, camino a su trabajo en el Palacio de Carvajal se detiene y acaricia a María Eugenia, a la que él llama la Emperatriz de Bujaco. En esa colonia felina de la torre almohade del medievo convive con el resto de animales en un hábitat único: la ciudad patrimonio de la Humanidad, que ya sabemos lo aristocráticos que son estos Aristogatos.

María Eugenia, la Emperatriz de Bujaco. / David Holguín
En Cáceres hay más de 1.000 felinos censados. Algunos residen las casas de los policías de la avenida de Cervantes, en una parcela que consta de un bloque y dos chalés. Por supuesto, los gatos han elegido el adosado, propiedad de la Mutualidad de Previsión Social de la Policía.
Todos ellos conforman el relato de vida de una ciudad que también tiene su vida gatuna, a la que hay cuidar, proteger, esterilizar... Tomen note, señores del ayuntamiento, que ya lo dijo Amalia Bautista: «Siempre me habían dicho que no buscara los tres pies al gato. Un día me encontré un gatito cojo. Aún le estoy buscando el cuarto pie».
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