San Sebastián, tras la máscara: así son las historias del Jarramplas de Piornal y Las Carantoñas de Acehúche
Estas dos tradiciones cacereñas abren el calendario de Fiestas de Interés Turístico de la provincia de Cáceres, en este caso las dos ostentan el distintivo Nacional. No obstante, esta no es la única similitud entre dos celebraciones que, aunque guardan grandes diferencias, comparten fechas, el santo venerado o la peculiaridad de sus protagonistas y trajes

Jorge Armestar
Las Carantoñas de Acehúche y El Jarramplas de Piornal son las dos tradiciones que abren el calendario de Fiestas de Interés Turístico de la provincia de Cáceres. Aunque esta no es la única similitud entre estas dos festividades, entre ellas guardan varias características comunes como la fecha, la divinidad venerada en ella, la denominación honorífica o la peculiaridad de sus personajes protagonistas y los trajes que los representan.
Ambas tradiciones tienen lugar en las fechas del santo al que rinden honor y procesionan, san Sebastián. Según la Biblia, esta divinidad fue un centurión romano martirizado por no renunciar a la fe cristiana. Tanto en las Carantoñas como en El jarramplas se reza a dicho santo, se viste, se saca en procesión y se le cantan alborás.
En cuanto a los personajes de las fiestas, las dos tradiciones tienen como personajes representativos a dos pintorescos seres que destacan por su apariencia. Por un lado, el atuendo del Jarramplas está repleto de cintas multicolores, una máscara en forma de cono con cuernos, crines de cabello y una armadura como protección, mientras que, el traje de las carantoñas está compuesta por vestidos de pieles de animales, una máscara siniestra con colmillos y una rama seca de acebuche u olivo en la mano.

El Jarramplas de Piornal, en imágenes / Jorge Armestar
En el caso de la denominación, las dos poseen la categoría de Fiesta de Interés Turístico Nacional. El Jarramplas de Piornal consiguió esta distinción en 2014 y Las Carantoñas de Acehúche lograron este título en 2019.
El Jarramplas
Enero no se podría entender sin el Jarramplas de Piornal. Sería complicado entender la historia de esta zona sin la festividad de san Sebastián, igual que es difícil entender lo que supone si no se ha vivido ‘in situ’. Para un piornaliego, es lo más grande. Este año será la ocasión de Rubén Pérez Marrón y Guillermo Merchán Pérez, que llevan inscritos desde el año 2007 para un momento histórico en su vida. Jamás volverán a vestir los 45 kilos del traje de Jarramplas. Jamás volverán a recibir el impacto de 30.000 kilos de nabos en su cuerpo por devoción a san Sebastián. Pero lo más espectacular es la devoción que existe hacia la festividad en la localidad: ¡Hay lista de espera para ser Jarramplas hasta 2056!
El pueblo está preparado, y los hoteles y apartamentos turísticos llevan semanas repletos de reservas. Son los días más especiales del año y van a recibir a miles de personas para ver cómo un hombre vestido de demonio con un traje repleto de cintas multicolores y que es conde su cara tras una máscara cónica de enorme nariz, cuernos y crines de caballo, recorre las calles del municipio más alto del Valle del Jerte tocando un tamboril mientras los vecinos le acribillan a golpes, lanzándole nabos a modo de castigo.
No se sabe de dónde procede la tradición, pero los mayores de Piornal suelen contar que Jarramplas era un ladrón de ganado del que un día se vengaron todos los vecinos del municipio lanzando contra él montones de verduras. Pero hay quien dice que esta festividad deriva de la mitología y el castigo que infligió Hércules a Caco. Otros también defienden que es una tradición traída de los indios de América. De la era cristiana se desprende la creencia de que Jarramplas sería san Sebastián, un guerrero cristiano al que sus propios compañeros despreciaban por haberse convertido en espía y andar siempre rodeado de infieles. La historia termina con la muerte del santo.
Fuese como fuese, Jarramplas sale cada año a las calles hasta que el cuerpo no da para más. Sólo en ese momento acabará la fiesta. Cuanto más tiempo aguante y más dure el recorrido, más orgulloso se sentirá Jarramplas de sí mismo.
Uno de los puntos álgidos de la fiesta, además de la primera salida en la que llueve la mayor cantidad de nabos, es la llegada de este personaje ante la cruz en la madrugada del 19 al 20 de enero. Se arrodilla y golpea su tambor mientras suenan las doce campanadas de la torre del reloj. Entonces, como si surgieran de la oscuridad de la noche, empiezan a sonar las alborás, y más tarde las rondas. Y la procesión continúa.
Y así hasta el día siguiente, en el que tras el regocijo y la misa mayor, la fiesta llega a su fin con una invitación a comer migas en casa del mayordomo. El acompañamiento -chorizos, quesos o vino- se saca de los productos ofrecidos por los amigos del Jarramplas y del mayordomo en las peticiones de ofrendas para el santo que se han ido realizando a lo largo de los dos días. Este año son mayordomos Rubén Tili, Juan Emiliano, María, José Manuel, Fernando, Sergi, Luis Noel, J. Carlos, Alejandro, Mario, Guille y Rubén, algunos de los cuales ya ayudaron a vestirse a los Jarramplas para la presentación de la fiesta.
Las Carantoñas
En enero las calles de Acehúche se llenan de pasión, devoción e ilusión por la vuelta de una fiesta y signo de identidad de esta localidad, Las Carantoñas. En estos días, este municipio cacereño desprende un olor a romero, dulces y pieles, brilla con un color que dan los diferentes trajes tradicionales y resuena con las salvas de escopetas, cohetes y de melodías llenas de devoción.
Toda una fiesta con el sello de Interés Turístico Nacional que guarda relación con la historia de san Sebastián, que según la tradición, tras morir asaeteado fue atado en árbol en el Monte Palatino por no renunciar al Cristianismo. En este lugar se esperaba que fuera devorado por las bestias, no obstante las fieras lo respetaron por su santidad y lo adoraron, danzando a sus pies; haciéndole caricias y carantoñas.

Las Carantoñas de Acehúche acompañan a san Sebastián en la procesión junto con las 'regaoras'. / Francis Villegas
Por lo general, el motivo que lleva a un acehucheño a vestirse de Carantoña es una promesa que hacen a san Sebastián por varios o un año. Los hombres son los encargados de representar a este ser peludo con un disfraz que cubre la cabeza y el cuerpo con pieles sin curtir de animales como cabra u oveja. La máscara puede llevar pimientos colgados de ella, colmillos y orejas de animales o la boca pintada de rojo. Para completar el atuendo, en las manos llevan una rama seca de acebuche u olivo silvestre.
Sin embargo, las Carantoñas no son los únicos protagonistas de esta fiesta, también los son los mayordomos, los tamborileros, las ‘regaoras’ o ‘patanas’ y los ‘tiraores’. Según marca la tradición, los tamborileros recorre las calles y bares de Acehúche en tarde-noche de la víspera de la fiesta, este irá acompañado de mayordomos sus familiares, representantes de la Cofradía de San Sebastián y acehucheños que lanzan cohetes. Además, este es el encargado de despertar el 20 de enero, día de San Sebastián, a las personas que ese año se visten de Carantoñas.
Por otro lado, los ‘tiraores’ son los jóvenes de Acehúche que van armados con escopetas, las cuales disparan a modo de salvas una vez el santo aparece por la puerta de la iglesia. También, suenan los disparos de grupos situados en distintas calles por donde pasa la procesión.
En cuanto a la función de las ‘regaoras’ o ‘patanas’, estas mozas de esta localidad cacereña escoltan a san Sebastián durante la procesión, ellas se sitúan a los costados del santo y agarran un cordón para formar dos filas para que la imagen, así como las carantoñas procesiones sin obstáculos. También, estas mujeres, que llevan un traje típico denominado ‘bayeta’, riegan de confetis el paso y cantan sus himnos llenos de devoción.
Mientras que, los mayordomos tienen varias funciones, entre ellas, la de ‘regar el romero’ que fue recogido en la víspera del día grande de la celebración, 20 de enero. Una hierba que cubrirá el camino que va de la iglesia a las casas de estos mayordomos y el recorrido de la procesión.

Las Carantoñas de Acehúche. / Francis Villegas
Todos estos acehucheños tienen su papel en esta celebración, presentes en la víspera, en los días de procesión (20 y 21 de enero) o en las tres fechas.
Aunque estas dos celebraciones, El Jarramplas y Las Carantoñas, tienen sus diferencias, las dos muestran la pasión y guardan la cultura ancestral cacereña con el sello de interés nacional.
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