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Historias de vida

Nico Bunnik, el reputado científico holandés vecino de Cáceres

Doctor en Física, Bunnik ha desarrollado en su país una carrera muy ligada a la Agencia Espacial Europea desde el campo de las aplicaciones espaciales para la observación de la Tierra

Laura Alcázar

Laura Alcázar

Es habitual verle desayunando o tomando el aperitivo por el centro de Cáceres. Su acento es lo primero que le delata, aunque habla un castellano impecable. Nico Bunnik (82) es holandés y desde que se jubiló pasa la mitad del año aquí en Extremadura, entre la ciudad y el pequeño pueblo de Grimaldo.

Lo hace acompañado de su mujer, Sofía Arévalo, una cacereña con la que lleva casado 54 años. Las temporadas que el matrimonio está en Holanda, donde viven sus dos hijos y cinco nietos, reside en Oegstgeest, una población de unos 20.000 habitantes al oeste del país.

Nico Bunnik y Sofía Arévalo en el salón de su casa en Cáceres.

Nico Bunnik y Sofía Arévalo en el salón de su casa en Cáceres. / L. A.

Doctor en Física por la Universidad de Wageningen, una de las más prestigiosas del mundo en estudios agrícolas, Bunnik ha hecho carrera en el campo de las aplicaciones espaciales para la observación de la Tierra.

El investigador, que fue el primero en Holanda en defender una tesis doctoral en Teledetección, la técnica a través de la que se obtienen medidas o imágenes a larga distancia de la superficie de la Tierra, ha dirigido un programa nacional, dependiente del Ministerio de Transportes holandés, abierto a proyectos de investigadores.

"Mi especialidad cuando terminé mi carrera era resonancia magnética nuclear, pero había pocas posibilidades de trabajo y me avisaron de que se estaba desarrollando un programa nuevo para el que buscaban una persona con experiencia para ejecutarlo con un pequeño staff", explica Bunnik, que desde su puesto ha estado muy vinculado a la Agencia Espacial Europea (ESA). "Lo más importante era dar oportunidad a científicos jóvenes para desarrollarse en ese campo nuevo", indica.

La atmósfera

Las investigaciones llevadas a cabo por el doctor holandés se han centrado, entre otros aspectos, en el estudio de la composición química de la atmósfera mediante la combinación de instrumentos de observación con satélites y modelos matemáticos, para interpretar datos que después se pueden aplicar en áreas como la oceanografía y meteorología.

Tras su jubilación, y ya establecido en Cáceres, Bunnik mandó construir en Grimaldo un observatorio astronómico para dedicarse a su verdadera pasión, la astronomía. "Yo quería ser astrónomo, pero teníamos un profesor en historia que no lo aconsejaba porque era difícil encontrar trabajo en aquel tiempo, por eso decidí estudiar Física".

Standard Eléctrica

Su mujer, Sofía, es profesora y en Holanda ha ejercido en colegios de Bachiller Internacional. La pareja se conoció en Madrid en el verano del 69 durante unas prácticas universitarias del holandés en Standard Eléctrica, una de las compañías más potentes del país, en la que la joven cacereña estaba empleada.

"En Madrid, como en el resto de España, cuando se terminaba de trabajar, antes de irnos a casa, íbamos en un pequeño grupo a tomar unas cervezas... mi casa era una habitación alquilada en el barrio de Lavapiés", detalla Nico, que si le preguntas por las diferencias culturales que más le sorprendieron entre nuestro país y Holanda, no lo duda, lo tarde que cenamos los españoles. «Allí tomamos un sándwich a media mañana y por la tarde, sobre las seis, la comida caliente del día».

Los jóvenes novios estuvieron dos años carteándose y manteniendo una relación a distancia hasta que se casaron en 1971. "Él vino primero en Navidades y, luego, en Semana Santa sus padres me invitaron para que fuera a conocerlos", cuenta Sofía, que, junto a Nico, ha criado a dos varones holandeses "muy extremeños".

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