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TURISMO CÁCERES

Estos son los rincones de Cáceres que hay que visitar esta primavera según National Geographic

La prestigiosa publicación destaca varios puntos de la provincia

El Melero visto desde el Mirador de la Antigua.

El Melero visto desde el Mirador de la Antigua. / Turismo Cáceres

Jennifer Perera

Jennifer Perera

La prestigiosa publicación National Geographic ha puesto su mirada en la provincia de Cáceres, resaltando una serie de enclaves que, durante la primavera, despliegan todo su esplendor. Este reconocimiento subraya la riqueza natural y cultural de la región, invitando a los viajeros a descubrir sus maravillas en esta estación del año.

La Vera en primavera

La comarca de La Vera se transforma en primavera en un paraíso de verdor y frescura. Situada en las faldas de la Sierra de Gredos, esta zona combina bosques de robles y castaños en las áreas más elevadas con tierras bajas de fertilidad exuberante. La abundancia de agua que desciende de los montes alimenta este paisaje, creando un entorno bucólico perfecto para los amantes de la naturaleza.

Esta comarca combina bosques frondosos en sus zonas altas con tierras bajas de gran fertilidad, donde prosperaron cultivos traídos de América, como el tabaco y el pimentón ahumado con denominación de origen. Su clima privilegiado y sus productos agrícolas atrajeron al emperador Carlos V, quien pasó sus últimos días en el monasterio de Yuste tras una estancia en el castillo de Jarandilla, hoy Parador Nacional.

Los pueblos de La Vera, como Villanueva, Valverde, Pasarón, Cuacos de Yuste y Garganta la Olla, destacan por su arquitectura tradicional, plazas con soportales y calles adornadas con flores y canales de agua. Además, el microclima mediterráneo permite el crecimiento de palmeras y naranjos junto a montañas nevadas. La comarca es ideal para el senderismo, con rutas hacia gargantas, piscinas naturales y el bosque de tejos de Escobarejos, de más de 900 años.

Jarandilla de la Vera

Jarandilla de la Vera / Cedida

El espectáculo del Valle del Jerte

El río Jerte desciende entre montañas cubiertas por más de un millón de cerezos, que en marzo visten el valle de un manto blanco de flores, comparable a los paisajes de Japón. En junio, el blanco da paso al rojo de las picotas maduras, llenando la zona de actividad. En los pueblos de Jerte, Cabezuela del Valle y Navaconcejo, con sus casas de entramado junto al río, se venden cerezas directamente en las puertas de las casas. Es una época ideal para participar en la recolección y degustar el kirsch, un licor de cereza tradicional también elaborado en la región. Durante la segunda quincena de marzo, más de un millón y medio de cerezos florecen al unísonodando lugar a la festividad conocida como "El Cerezo en Flor", declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Retratos entre cerezos en flor en el Jerte.

Retratos entre cerezos en flor en el Jerte. / Toni Gudiel

Encantos del Valle de Ambroz

El valle del Ambroz es un paraíso de agua, con pozas, cascadas y los manantiales termales de Baños de Montemayor, donde aún funcionan balnearios que recuerdan las antiguas termas romanas. Puentes medievales, como el de Aldeanueva del Camino, y lugares singulares como La Garganta, con su pozo de nieve y el Centro de Interpretación del Lobo Ibérico, enriquecen su patrimonio.

Su joya es Hervás, con una judería bien conservada que fue importante hasta la expulsión de los judíos en el siglo XV. Sus calles estrechas y casas de entramado siguen mostrando su encanto, con macetas en las fachadas y comercios artesanales como la cestería de Longinos.

Históricamente, el valle ha sido un paso clave entre Castilla y Extremadura, atravesado por la Vía de la Plata y el Camino de Santiago. Antiguamente habitado por vetones, romanos y musulmanes, la Casa de Alba transformó en el siglo XV el palacio mudéjar de Sotofermoso, en Abadía. Hoy, Hervás es un remanso tranquilo con una gastronomía basada en castañas, setas, cabrito, ternera y cerdo ibérico.

Estampa idílica del Valle del Ambroz.

Estampa idílica del Valle del Ambroz. / CEDIDA

La magia de Granadilla

Las Tierras de Granadilla, al pie de Las Hurdes y la Sierra de Gata, albergan el pueblo abandonado de Granadilla, evacuado en 1965 por la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Hoy, convertido en una villa fantasma con castillo y murallas rodeadas de agua, es un lugar fascinante para recorrer antes de su cierre al anochecer.

Cerca de allí, la antigua ciudad romana de Cáparra conserva un impresionante arco cuadrifronte, único en España, junto a los restos de su anfiteatro, foro y termas, evocando un pasado casi olvidado.

Vista aérea de la villa de Granadilla

Vista aérea de la villa de Granadilla / E.P.

Las Hurdes y sus vericuetos

Las Hurdes ofrecen un paisaje abrupto de valles estrechos y laderas de oscura pizarra, donde el agua forma espectaculares cascadas. Históricamente aislada y autosuficiente, la región conserva casas de piedra y pizarra, algunas aún usadas como apriscos, mientras sus bancales permiten el cultivo de olivos y la producción de miel de brezo y bellota.

Se accede por Casar de Palomero y la carretera EX-204, que conecta Pinofranqueado, Caminomorisco y Vegas de Coria. Desde estos pueblos, caminos estrechos llevan a caseríos altos como Ovejuela, Aldehuela y El Gasco, con su Centro de Interpretación de la Casa Hurdana. Cerca de Riomalo de Abajo, un desvío conduce al impresionante meandro de Melero. La zona es ideal para el senderismo, con rutas que llevan a piscinas naturales y cascadas como el Chorro de la Meancera, el Chorro de los Ángeles y el Chorritero de Ovejuela.

Estos son los famosos enamorados de Extremadura. El meandro del Melero, en Las Hurdes.

Estos son los famosos enamorados de Extremadura. El meandro del Melero, en Las Hurdes. / EL PERIÓDICO

El encanto de Sierra de Gata

Después del accidentado paisaje de Las Hurdes, la Sierra de Gata ofrece un entorno más exuberante y apacible, con cinco valles cubiertos de encinas, alcornoques, robles y castaños. Sus ríos y arroyos riegan huertos en un paisaje rural de armoniosa convivencia con la naturaleza, atrayendo a quienes buscan un refugio tranquilo, desde meditadores hasta nómadas digitales.

Sus pueblos combinan arquitectura popular con el legado cristiano de la Orden de Alcántara. Cuatro destacan como Conjunto de Interés Histórico-Artístico: Trevejo, San Martín de Trevejo, Hoyos—con poderosas mansiones—y Gata, de elegantes edificios. Robledillo de Gata impresiona con sus casas escalonadas en la ladera, rodeadas de jardines y pasadizos. Castillos como los de Trevejo, Eljas y Santibáñez el Alto recuerdan la historia fronteriza con Portugal.

Castillo de Trevejo.

Castillo de Trevejo. / EL PERIÓDICO

Triángulo monumental: Plasencia, Trujillo y Cáceres

Más allá de sus paisajes naturales, la provincia de Cáceres alberga ciudades de gran valor histórico y arquitectónico. Plasencia, con su casco antiguo y su catedral; Trujillo, cuna de conquistadores y con una plaza mayor impresionante; y Cáceres, cuyo casco histórico es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, conforman un triángulo monumental que ningún visitante debería perderse.

La plaza Mayor y el casco histórico de Cáceres iluminado.

La plaza Mayor y el casco histórico de Cáceres iluminado. / El Periódico

Parque Nacional de Monfragüe, santuario de biodiversidad

En el corazón de este triángulo se encuentra el Parque Nacional de Monfragüe, un espacio protegido que alberga una biodiversidad única. Es especialmente conocido por ser un paraíso para los observadores de aves, ya que en sus cielos vuelan especies emblemáticas como el buitre negro y la cigüeña negra.

Salto del gitano, en el Parque Nacional de Monfragüe.

Salto del gitano, en el Parque Nacional de Monfragüe. / Parque Nacional de Monfragüe

Gastronomía y tradiciones

La riqueza de Cáceres no se limita a sus paisajes y monumentos. La gastronomía de la región es otro de sus grandes atractivos, con productos como el pimentón de La Vera, el jamón ibérico de bellota y una amplia variedad de quesos artesanales. Además, las festividades primaverales, como la Semana Santa de Cáceres, declarada de Interés Turístico Internacional, ofrecen al visitante una inmersión en las tradiciones y cultura locales.

Una invitación a descubrir Cáceres en primavera

La atención que National Geographic ha prestado a la provincia de Cáceres es un merecido reconocimiento a una tierra que, especialmente en primavera, despliega todo su encanto. Desde sus paisajes naturales hasta su patrimonio histórico y su rica gastronomía, Cáceres ofrece una experiencia completa que invita a ser descubierta por aquellos que buscan autenticidad y belleza en cada rincón.

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