El blog del cronista
Cáceres: poder y territorio
La propiedad de la tierra acabará por convertirse en el principal distintivo social durante siglos. Desde el mismo momento que la fortaleza cacereña es reconocida como ciudad de realengo, será objeto de la concesión de un amplio término municipal, de más de 200.000 hectáreas, que conforma el vasto alfoz cacereño

Finca La Enjarada. / EL PERIÓDICO

Alguna vez, visitando el viejo recinto amurallado cacereño, ha surgido la interrogación por parte de algún amigo, foráneo y ajeno a la historia local, sobre cuál es el principal motivo que justifique esa cantidad de palacios en una alejada villa, periférica de los lugares donde se tomaban las decisiones de la Corona. Una cuestión que nos permite remontarnos a la Edad Media, para poder establecer la importancia que tuvo la ocupación de un amplio territorio con un claro afán colonizador.
Propiedad
La propiedad de la tierra acabará por convertirse en el principal distintivo social durante siglos. Desde el mismo momento que la fortaleza cacereña es reconocida como ciudad de realengo, será objeto de la concesión de un amplio término municipal, de más de 200.000 hectáreas, que conforma el vasto alfoz cacereño. Territorio que había que colonizar para poder explotar los importantes recursos que para la ganadería extensiva leonesa tenía este inmenso espacio cuyos límites eran el río Tajo al Norte y la Sierra de San Pedro al Sur.
Códice de los Fueros
El actual códice de los Fueros -fuero latino y fuero romanceado- encierra toda la reglamentación jurídica que regulaba la convivencia de la ciudad medieval una vez que esta se incorpora al reino leones después de la conquista de la por las huestes de Alfonso IX en la mítica fecha del 23 de abril de 1229. Parte importante de estos fueros es La Carta de Población que trata de promover la ocupación del vasto territorio cacereño. Esa necesidad de colonos la encontramos en uno de sus apartados, “Cualquiera que viniere a poblar Cáceres, sea de la condición que sea, cristiano, judío o moro, libre o siervo, que venga seguro y no responda de enemistad, deuda, fianza, garantía, mayordomía, merindazgo o de cualquier otra causa contraída antes de la toma de Cáceres, “haciendo palpable la necesidad de personas, de toda ralea, para instalarse en una tierra difícil y despoblada.
El mayor testigo de la relación entre el poder económico y los efectivos humanos fueron las diferentes aldeas
Concesión medieval
En los mismos términos encontramos la concesión medieval para la realización de encuentros mercantiles o ferias, donde no solamente se permite la presencia de mercaderes de cualquier religión, incluso si son enemigos; “Mando y concedo al concejo de Cáceres que haga feria durante los últimos quince días del mes de abril y los quince primeros días del mes de mayo. Y en estos dos meses vengan seguros y con tregua todos los que vinieren o quisieren venir a esta feria, tanto cristianos como judíos, sarracenos, enemigos u otros siervos o libres de tierra de sarracenos o de tierra de cristianos”.

Vista de la parte antigua de Cáceres. / EL PERIÓDICO
Repartos de tierras
Los sucesivos repartos de tierras fijarán una nueva clase de grandes propietarios que se convertirán en los representantes de la mesocracia terrateniente que, durante siglos, ha protagonizado la vida económica y concejil de la vieja villa. En 1494 son aprobadas las “Ordenanzas del Monte”, siendo estas las más extensas de todas las ordenanzas medievales con 106 artículos, donde se establecen penas severas para aquellos vecinos que atenten contra las propiedades rurales. La rentabilidad de la tierra, basada en la riqueza de suelo y vuelo, la convierten en la base principal de la economía de una nueva clase de propietarios que mostraran su poderío, con la construcción de colosales palacios-fortaleza y enormes casas fuertes en el interior del recinto amurallado. Igualmente, las grandes propiedades también son objeto de edificaciones para proteger el territorio de intrusiones. Torre de la Zamarrilla, Torre de la Señorina, casa de las Corchuelas, Erguijuelas, Enjarada, Torre de los Mogollones, La Carretona. Lugares que han sido testigos de la importancia que tenía la defensa y control de la tierra.
Testigo
Seguramente, el mayor testigo de la relación entre el poder económico, basado en la propiedad de la tierra y los efectivos humanos que esta actividad necesitaba, fueron las diferentes aldeas que se crean en el alfoz cacereño; Casar de Cáceres, Arroyo del Puerco, Sierra de Fuentes, Malpartida de Cáceres, Aliseda, Aldea del Cano, Torreorgaz y Torrequemada se convierten en lugar de acomodo de personas con un status social propio. Por un lado, pequeños propietarios de tierras próximas a las propias aldeas y de otra los efectivos humanos que forman parte de la variada servidumbre de los grandes propietarios de la villa. En estas aldeas se va a concentrar una población que durante siglos formó parte del vasallaje rural, con todas las singularidades de sumisión y dependencia que ello conlleva.
Alfoz
El amplio alfoz cacereño se encuentra repleto de viejas aldeas medievales, recias torres aisladas en mitad de bosques de encinas o casas fuertes que nos advierten de un pasado notable de familias notables. En este extenso territorio cacereño vamos a encontrar caminos de herradura tantas veces transitados por cacereños de otros tiempos, cuando la economía rural juagaba un importante papel, antiguas explotaciones ganaderas que permanecen activas desde hace siglos, puentes realizados con finas lascas de cuarcita, ermitas camineras o poblados abandonados por la historia. Son los vestigios que el pasado rural y el sistema de propiedad de la tierra ha ido dejando tatuado en la geografía cacereña.
Fernando Jiménez Berrocal es Cronista Oficial de Cáceres.
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