Soliloquios
Redes sociales
No echas de menos ni Facebook ni Instagram. Consideras que has perdido espacios para significarte, pero has ganado el tiempo que dedicabas a prestar atención a todas las notificaciones que recibías a diario

Viñeta de Juan Jiménez. / Juan Jiménez Parra
Juan Jiménez Parra
Hace unos años abandonaste Facebook. Te diste cuenta de que a ti no te servía para nada. Sí, es verdad que a través de la red pudiste mostrar parte de tu trabajo pictórico y algunos de los artículos publicados en este periódico; y que a través de la red podías conocer a gente cuyas vidas y obras te interesaban. Pero también es verdad que a veces tenías que hacer de tripas corazón cuando terceras personas, con las que apenas tenías relación, exhibían fotografías de sus eventos en las que se mostraba tu imagen sin pedirte consentimiento.
Cultura del esfuerzo
Cliquear
O cliquear hipócritamente -algo totalmente voluntario y prescindible, aunque promovido por la cortesía- en la manita de “me gusta”, sólo por complacer al amigo que había colgado algo, que a su vez solía cliquear la manita de todo lo que tú colgabas. Ese “toma y daca” es habitual en algunas redes sociales. Facebook es una excelente herramienta comunicativa para estimularla vanidad humana.
Hace poco abandonaste Instagram, una red utilizada, sobre todo, para mostrar imágenes y vídeos.Te parece una plataforma más aprovechable que Facebook, crees que es un espacio digital que puede ayudar a muchos artistas audiovisuales a difundir su obra, pero, aun así, no hacías mucho uso de ella y decidiste desinstalarla de tu móvil.
Sinceramente, no echas de menos ni Facebook ni Instagram. Consideras que has perdido espacios para significarte, pero has ganado el tiempo que dedicabas a prestar atención a todas las notificaciones que recibías a diario.
Te has dado cuenta de que algunas redes sociales son demasiado “sociales”, almacenes digitales que se llenan de muchos datos de sus millones de usuarios. Personas que dejan rastros de sus vidas que nunca se sabe cómo pueden ser utilizados. Otras son demasiado “asociales”, instrumentos al servicio de sujetos sin escrúpulos que las utilizan para generar discordias entre usuarios valiéndose de bulos y cuentas falsas.
Has llegado a la conclusión de que, en realidad, las redes sociales ayudan a tratar con amigos digitales, esos con los que te congratulas sirviéndote de palabras escritas y emoticonos mostrados en una pantalla. Pero desayudan a tratar con amigos físicos, esos a los que hablar, abrazar y besar de forma palpable, que es lo que realmente desea cualquier ser humano.
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