El arte sacro
Imaginería cacereña: Un rico patrimonio que exige un buen cuidado
Durante las procesiones hay distintos factores de riesgo para las imágenes: la lluvia, las velas, los movimientos bruscos, las tensiones en las calles más inclinadas... No se pueden evitar, pero sí minimizar e incluso paliar sus efectos.

Isabel Martín Román restaura una talla religiosa, una labor que entraña una especial sensibilidad por la devoción que despiertan estas piezas de arte. / Cedida
Isabel Martín Román
Las imágenes devocionales que nos acompañan de manera cotidiana en los templos, se vuelven protagonistas durante la celebración de la Semana Santa. Es entonces cuando se engalanan y salen a la calle para la devoción popular.
Estas piezas pueden diferenciarse entre sí por su valor histórico artístico o incluso económico, pero lo que las une a todas por igual es el incalculable valor devocional que los fieles le profesan. Es por eso que, al trabajar con este tipo de obras de arte, el restaurador ha de aplicar una especial sensibilidad durante todo el proceso.
Manos profesionales
Las parroquias, hermandades y cofradías que atesoran estas piezas cada día se esfuerzan más en su cuidado. Aun así, considero importante y aprovecho la ocasión que me brinda este periódico para alertar de las ya sabidas consecuencias de confiar en manos no profesionales para su intervención.
Un profesional conservador restaurador puede acompañar durante todo el año, tanto asesorando en temas de conservación preventiva como actuando en los casos que se necesite una restauración total o parcial, con la tranquilidad de saber que se va a realizar un trabajo serio, de investigación, coherente con las necesidades de cada caso y siempre garantizando el máximo respeto al original.
La gran diversidad de materiales que conforman el rico patrimonio devocional que se celebra estos días, hace aún más exigente la selección del profesional para su cuidado.
Gracias a los avances en la formación cada vez más específica de los profesionales del sector, podemos contar restauradores para cada especialidad y necesidad, por ejemplo, de textiles para mantos y túnicas o de pintura, de escultura para las tallas, etc...
En estas fechas todos miramos al cielo pendientes del clima y sí, es un factor a tener en cuenta por el bien de la obra, pero no es el único. Aunque cada paso tiene unas necesidades específicas, generalmente durante el recorrido hay otros factores de riesgo como el uso de velas, los movimientos bruscos y las tensiones por el reparto de pesos en las calles más inclinadas, entre otros. Aunque no se pueden evitar, ya que el uso de estas piezas va unido a su razón de ser, se pueden tratar de minimizar e incluso paliar los efectos que causen.
Evidentemente, el mantenimiento y seguimiento del estado de conservación tiene que ser continuo a lo largo del año, por lo que hay que cuidar factores de riesgo como puede ser la humedad y la temperatura del lugar de almacenaje, la intensidad de la luz, o incluso si está expuesto a luz natural, la incisión de los rayos ultravioletas.
Carga emocional
En mi experiencia, la gran carga emocional que llevan estas imágenes hace que el trabajo de restauración genere mayores vínculos personales, pues el seguimiento de cada tratamiento es intenso y con mucha implicación personal por parte de todos los interesados. Una vez concluida la intervención se agradece poder hacer una presentación en la comunidad en la que se explica el proceso íntegro, con especial atención de no exponer imágenes que puedan dañar la sensibilidad del espectador.
En ella se explica el estado de conservación inicial de la pieza y los factores de deterioro que la han llevado hasta ese punto para generar conciencia e implicación en el cuidado del patrimonio. Posteriormente se explican y justifican los tratamientos aplicados y se presenta el estado final con las recomendaciones de conservación preventiva de las que todos se pueden hacer partícipes.
* La autora es restauradora y conservadora de bienes culturales.
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