Recorrido del mercadillo cacereño
47 años de lucha: Así se ha gestado la victoria del mercado franco de Cáceres
Después de meses de incertidumbre y varias alternativas sobre la mesa, el gobierno municipal ha decidido paralizar el traslado del mercado franco de Vegas del Mocho al Parque Empresarial Mejostilla. De esta forma, concederá una parcela propia a los vendedores ambulantes, que seguirán buscando estabilidad tras casi cinco décadas de historia en la ciudad

Las diferentes localizaciones del mercado franco desde 1977 / El Periódico

Casi cinco décadas de historia dan para mucho, y la del mercado franco es, en cierto modo, la historia de sus traslados. La reubicación del tradicional comercio al aire libre cacereño, que cada miércoles reúne a decenas de vendedores ambulantes y centenares de vecinos, sigue sumando capítulos. El gobierno municipal pretendía llevar a pleno este mes la modificación de la ordenanza de venta ambulante para autorizar su traslado provisional de Vegas del Mocho al Parque Empresarial Mejostilla (PEM).
Sin embargo, a última hora, el alcalde de la ciudad, Rafael Mateos, ha ordenado retirar el punto del orden del día. Con esta decisión, el que iba a ser el siguiente cambio de ubicación después de casi 13 años, queda suspendido, y el regidor cacereño ha dado instrucciones a los diferentes servicios técnicos del ayuntamiento para «agilizar» los trámites y ejecutar el acondicionamiento de la parcela municipal prevista en la zona de Mejostilla (más céntrica que en el PEM) para que el traslado definitivo «sea una realidad lo antes posible».
La noticia no ha hecho sino reactivar un viejo guion que se ha repetido en numerosas ocasiones: el mercadillo se convierte en terreno de debate político, de tiras y aflojas entre partidos, de desacuerdos con los vendedores y de dudas sobre su encaje urbanístico. La diferencia, en esta ocasión, es la histórica unión de todos los sectores económicos de la ciudad (empresarios, comercio y vecinos), que protagonizaron hace unos días una imagen para el recuerdo.
El presidente de la Asociación de Comerciantes de Extremadura (Acaex), Julián Cruz, defiende que el traslado es un error y no veían con buenos ojos la ubicación propuesta, al considerarla demasiado apartada y sin buenas conexiones. De esta forma, han estado exigiendo al ayuntamiento la marcha momentánea a Cordel de Merinas, junto al cementerio, hasta que se defina la ubicación definitiva, para la que defienden una parcela municipal situada en Montesol, junto a Mercadona, Lidl y Dia, más integrada en la ciudad y cercana a zonas comerciales. Mientras tanto, los ambulantes siguen montando sus puestos en un terreno ya señalado para futuros desarrollos residenciales, y el mercadillo continúa siendo un símbolo de resistencia y adaptación, una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo pese a estar en constante movimiento. Cuarenta y siete años después, su historia sigue escribiéndose, entre decisiones políticas, intereses cruzados y la necesidad de encontrarle, por fin, un lugar estable.
Los orígenes
Para encontrar su origen hay que retroceder hasta mucho antes de 1977, año en que se oficializó como ‘mercado franco’. Durante décadas, la venta ambulante fue una estampa cotidiana en Cáceres, especialmente en los alrededores de la plaza Mayor y el antiguo mercado de abastos. Aquello era un bullicio desorganizado, sin normativa ni ubicación fija. Fue entonces cuando se produjo el empuje del colectivo de amas de casa, liderado por Josefa Toboso, que durante siete años presionó al consistorio para convertir aquella actividad informal en un mercadillo legal. Y lo lograron.
Desde entonces, ha ido cambiando de ubicación hasta instalarse por última vez en Vegas del Mocho, donde sigue a día de hoy. Cada traslado ha estado motivado por distintas razones: quejas vecinales, crecimiento urbano, planes urbanísticos o simple desgaste político. El objetivo era siempre el mismo: repartir las molestias, ordenar el espacio y, en teoría, mejorar las condiciones tanto para vendedores como para compradores.
Camino Llano y plaza Marrón (1977)

El mercado franco en Camino Llano. / El Periódico
El germen del mercado franco de Cáceres se encuentra en la calle Camino Llano y la plaza Marrón. A partir de 1977, esta céntrica vía acogió los primeros puestos ambulantes, que pronto se multiplicaron. La ubicación, céntrica y bien conectada, convirtió al mercadillo en un hervidero cada miércoles, atrayendo a cacereños y visitantes del entorno rural en un espacio donde se mezclaban las compras con la vida social. Sin embargo, la actividad comercial se mezclaba con las quejas de los residentes, el caos circulatorio y el desarrollo de la ciudad, lo que llevó al ayuntamiento a plantear una alternativa.
El Rodeo (1988)

En 1988, los puestos fueron trasladados al Rodeo. / El Periódico
Así, once años después, llegó la primera gran mudanza: el mercadillo se trasladó al entorno de El Rodeo. En aquel momento, la zona contaba con grandes explanadas, sin apenas edificación, lo que permitía una instalación más ordenada de los puestos, que seguían creciendo en número. Pero, a pesar de las mejoras en logística, su lejanía del centro de la ciudad y los escasos espacios de sombra no terminaban de convencer en los años posteriores. A su vez, la proyección de un gran parque, los planes de construcción de viviendas con el inicio del boom inmobiliario y las dificultades de acceso al hospital, hicieron que su permanencia fuera cada vez más complicada.
Ronda de la Pizarra (1999)

En la Ronda de la Pizarra, la cita vivió la época de mayor esplendor. / El Periódico
Tras barajarse varias opciones, el mercado recaló en la Ronda de la Pizarra al borde de entrar en el siglo XXI. Una decisión que en un primer momento generó muchas críticas por parte de los comerciantes, quienes ya entonces expresaron su malestar por alejarse cada vez más del centro y porque el ayuntamiento no les tuviera en cuenta. No obstante, pese a las reticencias iniciales, esta ubicación marcó un punto de inflexión positivo y pronto se convirtió en la etapa de mayor esplendor para el mercadillo, con la aceptación de todas las partes implicadas. La zona combinaba accesibilidad con amplitud, y el entorno, cada vez más urbanizado, generaba un flujo constante de compradores que abarrotaban la multitud de puestos y hacían de cada miércoles un ambiente festivo.
Vegas del Mocho (2012)

El mercadillo se reubicó en Vegas del Mocho en 2012. / El Periódico
En 2012, las obras del hospital obligaron a trasladar de nuevo el mercadillo. Aunque se barajaron diferentes terrenos para su reubicación, la llegada de Elena Nevado al gobierno estuvo acompañada de la decisión de mover el mercado, de forma inminente y provisional, a su actual ubicación: la explanada de Vegas del Mocho. El cambio, planteado como algo temporal, se ha prolongado más de una década, y los comerciantes han criticado desde el principio la falta de servicios básicos como espacios de sombra, baños, seguridad o limpieza adecuada. Además, consideran que la lejanía del centro penaliza gravemente las ventas. Pero, a pesar de las protestas, el mercadillo se ha mantenido allí, sostenido por la constancia de los vendedores y la fidelidad de algunos clientes.
Una tradición que resiste
A pesar de todos estos cambios, el mercado franco cacereño ha conseguido mantenerse vivo, convirtiéndose en una tradición profundamente arraigada en la ciudad. Para muchos cacereños, ir al mercadillo es más que comprar: es pasear, socializar, curiosear, encontrar chollos y repetir rituales que se han transmitido durante generaciones. Sin embargo, la falta de una ubicación definitiva amenaza con desdibujar ese carácter. El reto ahora será encontrar un espacio estable que respete tanto la actividad comercial como la convivencia ciudadana, y garantice la supervivencia de uno de los mercados más antiguos y singulares de la región extremeña.
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