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Apagón

Sin recetas médicas, sin poder echar el cierre y con pérdidas, así han sufrido el apagón los comercios de Cáceres

La mayor parte de los establecimientos solo pudo cobrar en efectivo. Los vecinos buscaron principalmente agua, velas y alimentos que se agotaron en poco tiempo en las tiendas

Supermercado Provecaex del centro de Cáceres.

Supermercado Provecaex del centro de Cáceres. / M.S.

Miriam Sierra Becerro

Miriam Sierra Becerro

Las tiendas volvieron este lunes a la etapa analógica. Los establecimientos comerciales regresaron a la época en la que los clientes solo podían pagar los productos adquiridos con efectivo y no existían los datáfonos.

Ante esta situación, las personas iban a comprar lo indispensable en las tiendas. Botellas y garrafas de agua, velas y linternas (en caso de que el apagón se extendiese a la noche) o radios con pilas para estar atentos a la información.

Sin recetas

Para muchos negocios la electricidad es uno de los pilares fundamentales. Es el caso de las farmacias. Irene Mellado es la titular farmacéutica de Veracruz, situada en Antonio Hurtado.

Contó que uno de los mayores problemas fue no poder dispensar fármacos tanto con receta médica como sin ella al no tener acceso a los ordenadores porque estaban apagados. Además, hay medicamentos que se tienen que mantener a temperaturas bajas, por lo que esperaban que la luz volviese pronto. "Tampoco se pueden recepcionar pedidos, ni imprimir ni cobrar porque no se pueden registrar las ventas en el ordenador", explicó.

Gasolinera de Mirat en Gil Cordero.

Gasolinera de Mirat en Gil Cordero. / M.S.

Otro tipo de establecimiento que se vio afectado fue la gasolinera, algo muy preocupante porque las ambulancias y otros vehículos especiales necesitaban repostar. Ignacio Mirat es el gestor de la Gasolinera Mirat, ubicada en Gil Cordero. "Los aparatos funcionan con electricidad y no se puede hacer nada. No tenemos generadores", señaló. Por ello, los trabajadores han tenido que desviar a los vehículos que llegaban en busca de combustible.

Aunque aseguró que no temía por los saqueos, puesto que sin electricidad no se podía sustraer el combustible. Mirat aseveró que el hecho de que no se pudiese repostar provocó "histeria colectiva", debido a que "la gente se vuelve loca, no tiene paciencia".

Barricada

Los supermercados sí que temían que la gente entrase a robar. En concreto, en la tienda Provecaex improvisaron una barricada con carros para evitar que los clientes accedieran al interior del establecimiento. La encargada, Estefanía Velasco, apuntó que las personas se acercaban para comprar productos como pan o agua. Sin embargo, al no haber luz no podían cobrar a los clientes, ni siquiera en efectivo.

Este fue un método improvisado, puesto que la verja no se podía echar porque no había electricidad. Los trabajadores estaban expectantes en el interior a que se recuperase de nuevo. "Esperábamos que no fuera a durar tanto", afirmó. Ello provocó serias pérdidas económicas, por alimentos que no se podían mantener fuera de frigoríficos o congeladores.

El pan fue una de las mayores demandas de los ciudadanos. Sin embargo, sin electricidad los hornos de las panaderías no funcionaban, tal y como ocurrió en el Granier de la Cruz de los Caídos. El establecimiento estuvo lleno de personas que querían comprar este producto. La gerente, Marta Iñigo, subrayó que no podían utilizar "ni los hornos ni la fermentadora ni los congeladores ni los datáfonos. Tenemos muchos productos que pueden estropearse y ahora solo estamos cobrando efectivo. Habrá grandes pérdidas económicas".

"Lo siento, no atendemos porque no hay luz". Esa fue la consigna que más repetía Manuel Zancada en su negocio, Charcutería Manolo. Temía por sus alimentos, vende carne, porque "todo lo que está en frío, si estamos mucho tiempo sin luz, se va a estropear", señaló. "Todo mi negocio depende de la luz, la báscula para pesar y las neveras para mantener la comida", reafirmó. Solo pudo vender productos con un precio fijado.

Gente en los bares

En los bares también hubo problemas para conservar la comida y los refrescos. Aunque eso no impidió que los clientes estuviesen en la terraza tomándose algo en el sol. La hostelería no paró. José Gregorio Martín es camarero en El Fogón de Toñi. Explicó que a pesar de no haber luz, sí que podían cocinar por tener cocina de gas. Ello fue lo que salvó el día al establecimiento, ya que hubo pérdidas al no poder conservar la comida en los frigoríficos.

El estanco de la calle Pintores no paró de recibir gente a pesar de no haber luz. Sin embargo, solo podía cobrar en efectivo. Lo que más fueron pidiendo fue tabaco y la recepción de paquetes. "La gente no perdona que no haya luz, quieren venir a por lo que han pedido por Internet", resaltó la propietaria de esta tienda, María Jarillo.

Peluquería y zapatería

En la peluquería Begoña Flores no cerraron porque no podían cancelar las citas programadas. Su negocio también dependía de la luz "en un 90%" al usar secadores, planchas y otros utensilios. La gerente, Begoña Flores, apuntó que "estaban paradas" y que las pérdidas iban a ser superiores a los 400 euros, es decir, las ganancias diarias.

Otro negocio afectado fue la Zapatería Zapatonee. La dependienta, Teresa Silva, apuntó que "la luz se fue de pronto, aunque fue por fases. No podemos vender ni buscar calzado. El problema es la duración del apagón".

Gimnasio Altafit.

Gimnasio Altafit. / M.S.

La Feria del Libro tampoco se libró de esta situación excepcional. Sus puestos permanecieron cerrados por la tarde.

Aunque hubo negocios que pudieron aguantar. Entre ellos se encontraba el Altafit que disponía de generadores propios, por lo que pudo estar unas horas abierto. El apagón no impidió que decenas de personas se acercasen para ponerse en forma. Sin embargo, a las 14.30 horas tuvieron que echar el cierre.

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