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La mirada

Cerca de Cercas

Cercas es un declarado ateo, y un ‘feroz’ anticlerical, pero, como es normal, al nacer donde nació, tuvo una madre creyente a tope...

Javier Cercas

Javier Cercas / El Periódico

Antonio Pariente

Antonio Pariente

Cáceres

‘Soldados de Salamina’, ‘Anatomía de un instante’, ‘El impostor’, ‘El monarca de la sombras’, ‘Tierra Alta’, son solamente algunos de los títulos que han encumbrado en la cumbre de la narrativa española al escritor cacereño, nacido en Ibahernando, Javier Cercas. En realidad la columna se centrará en su ultimo trabajo publicado en abril de 2025, a saber, ‘El loco de Dios en el fin del mundo’.

Cercas es un declarado ateo, y un ‘feroz’ anticlerical (las comillas son para indicar que no es un come curas), pero, como es normal, al nacer donde nació, tuvo una madre creyente a tope, que le dejó, tras su fallecimiento, un interrogante por resolver. «Su madre creía a pie juntilla que después de su muerte volvería a ver y a encontrase con su marido», esta afirmación queda en su pre-consciente y en esta obra intenta darle una vuelta. ¿Tenía razón su madre?, esa era la preocupación de nuestro paisano.

No me digáis que no es un buen argumento para escribir un libro. Pero claro, hay que tener el ingenio de Cercas, para enfrentarse a él, y dar a luz una obra, que rompe un poco con su estilo tradicional, pero que es un fiel reflejo del buen hacer de este autor.

Para entrar en ambiente, no se le ocurre otra cosa que acompañar al Papa Francisco en su viaje apostólico a Mongolia. Mongolia es un país de tres millones y medio de habitantes, donde solo 1.500 son católicos, menos de la mitad que la parroquia de San Blas. Tenía que ser un loco de Dios es que lo ayudara a encontrar alguna de las claves de su interrogante. Son muy interesantes sus reflexiones sobre sus paseos por el Vaticano, paseos que le permiten transmitir al lector su visión personal sobre una institución desconocida por él.

Javier reconoce que tiene amigos que creen lo mismo que su madre, y le dicen que lo hacen porque han conocido a personas, que creyendo en esto, son capaces de entregar su vida a los demás de una forma ejemplar, los misioneros, e intentan convencerlo que si él no cree es porque no ha tenido la suerte de encontrarse con personas como estas, que si las hubiera encontrando creería también.

Nuestro paisano, no descarta esta posibilidad, al contrario, la deja completamente abierta, y dice «No sé si hay vida después de la muerte, pero quiero que la haya. Quiero creer que mi madre volverá a ver a mi padre. Y eso, quizás, es el inicio de una forma de fe». ¿Qué os parece?

¡Cuidado con los calores de junio! 

Antonio Pariente es sacerdote.

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