Avance de entrevista
Miguel Ángel González, cura de Aldea Moret en Cáceres: "El papa León XIV tiene un historial ante el que hay que quitarse el sombrero"
El párroco de la diócesis de Coria-Cáceres concede una charla con El Periódico Extremadura tras la noticia de su designación dentro de un órgano clave para el futuro de la Iglesia en nuestro país

El Periódico Extremadura

Elegido por la Conferencia Episcopal como uno de los siete miembros del equipo nacional que coordinará la aplicación del documento final del Sínodo, Miguel Ángel González Saiz (Jaén, 1952), asume el reto con satisfacción y responsabilidad, convencido de que la Iglesia necesita seguir caminando hacia una mayor participación y apertura. A su vez, reflexiona sobre el futuro del proceso sinodal, la figura del nuevo Papa y los desafíos de ser cura en un barrio marcado por la desigualdad.
Reconocimiento
Pregunta: ¿Qué significa que la Conferencia Episcopal lo haya elegido para formar parte del equipo sinodal nacional?
Respuesta: Lo primero, una gran satisfacción. Que reconozcan tu trabajo y te inviten a formar parte de un equipo en el que estamos solo siete personas de todo el país no deja de ser, por un lado, una alegría, porque significa que confían en lo que tú puedes aportar. Por otro lado, también un cierto temblor, porque uno piensa: «Esto no es mi parroquia, ni mi barrio, ni mi gente de siempre. El país es muy grande y hay personas con muchas capacidades». Pero lo vivo con tranquilidad, con la disposición de aportar lo que esté en mis manos, y desde la realidad del lugar en el que estoy, que no deja de ser una parroquia de periferia y con muchas dificultades.
P: ¿Cuál será su papel concreto dentro de este equipo?
R: El trabajo es conjunto entre los siete miembros. Tenemos dos tareas fundamentales. La primera es coordinar todos los trabajos que se realicen en esta nueva fase del Sínodo: la implementación del documento final. Y la segunda, animar a la participación en el proceso sinodal, que comenzó en octubre de 2021. En Aldea Moret llevamos tres años trabajando con grupos de personas que han participado en las distintas fases: se ha pedido opinión, se ha dialogado, se ha debatido... y todo eso ha generado una experiencia muy rica, que es lo que ahora se quiere culminar. Nuestra tarea ha sido recoger todas esas aportaciones y enviarlas a Roma. Esa información, una vez sintetizada a nivel universal, ha vuelto a las parroquias. Ha sido un proceso de ida y vuelta constante: lo que se decía aquí se integraba en el documento global y, cuando ese documento volvía, los grupos podían comprobar si se veían reflejados.
P: Usted ya tuvo la ocasión de participar en el Encuentro de Párrocos por el Sínodo, en Roma. ¿Pudo cruzar alguna palabra con el papa Francisco?
R: Más que palabras, cruzamos muchas miradas. Tuvimos una reunión de una hora y media en la que nos pidió que nos convirtiéramos en mensajeros de la sinodalidad, para transmitir este modo de vivir en la Iglesia a nuestros compañeros párrocos. Después sí pude saludarle personalmente y trasladarle el cariño de la feligresía de Aldea Moret y de Salorino. Le di las gracias por permitirnos participar en el Sínodo, le dije que rezábamos por él y le pedí que nos echase una mano.
Proceso sinodal
P: Para quien no lo tenga claro, ¿qué es el Sínodo, explicado de forma sencilla?
R: Lo primero, es un proceso que existe en la Iglesia desde sus orígenes. De hecho, el primer Sínodo se celebró hacia el año 50, apenas veinte años después de la muerte de Jesús. Es lo que se conoce como el Concilio de Jerusalén, y en él los primeros cristianos debatieron cuestiones fundamentales. Desde entonces, el Sínodo ha sido una forma de tomar decisiones importantes de manera comunitaria. Lo que estamos viviendo ahora es la 16ª asamblea sinodal. La gran novedad es que, por primera vez, no participan solo los obispos, sino también laicos, religiosos y presbíteros. Todos con voz y voto, ya que el papa Francisco quiso recuperar el espíritu del Concilio Vaticano II, que en los años 60 impulsó una Iglesia más abierta y participativa. La otra diferencia es que el Papa no ha escrito una exhortación apostólica final, como se hacía antes, sino que ha dado carácter magisterial, es decir, oficial y vinculante, al documento aprobado por todos los participantes. Y ahora lo que está por decidir es cómo aplicar ese documento.
P: Ahora nos encontramos en la tercera fase. ¿Es así?
R: Sí, estamos en la fase de implementación. El documento final de la segunda sesión de la asamblea sinodal, publicado en octubre de 2024, establece los principios de la Iglesia que queremos: acogedora, participativa, que escucha, no discrimina a nadie y acepta la diversidad cultural. Ahora se busca que cada parroquia y cada diócesis propongan cómo aplicar esos principios y los pongan en marcha en estos tres años. Nuestro papel es recoger esas propuestas y ver qué puede ser extrapolable de unas diócesis a otras. En octubre de 2028, se decidirán qué medidas pueden ser válidas para implementarse en la Iglesia.
Vocación
P: En su caso, ¿qué le hizo ser cura?
R: Desde los seis o siete años recuerdo que jugaba a decir misa, y mis cuatro hermanos eran los monaguillos. Cuando llegué a Cáceres en los años 60, estudié en el colegio San Antonio. Como siempre me había gustado, me ofrecieron tanto ir de franciscano, como irme al seminario, algo que acepté encantado. Dije: «Cura sí, pero fraile no».

El párroco de la diócesis Coria-Cáceres en Aldea Moret / Carlos Gil
P: ¿Y de dónde surge ese vínculo con el barrio que le caracteriza?
R: La cercanía con las personas desde el punto de vista más de la periferia se ha ido generando poco a poco. Durante años yo compaginé el sacerdocio con la docencia. Al principio, como no podía ejercer en la ciudad, trabajé en la frontera portuguesa, en Cedillo y Herreruela. Esa circunstancia me acercó a quienes viven con más dificultades y allí me encontré con todo lo que era el PER y el paro del mundo rural. Cuando decido irme a la facultad a especializarme en teología pastoral, el obispo don Ciriaco Benavente me pidió quedarme en Aldea Moret, lo que me suponía dejar la escuela pública. Al llegar había un poco de movimiento obrero y me dijo si podía echar una mano. Fue entonces cuando me involucré y empecé a tenerlo presente en mi vida, y al final he terminado como responsable de la pastoral obrera en la diócesis de Coria-Cáceres.
Aplicación local
P: ¿Cómo es el día a día de un párroco en Aldea Moret?
R: Es un trabajo de acompañamiento. No tanto a la multitud, sino a quien no tiene para comer, a personas desestructuradas, a familias con miembros en prisión que cumplen condenas en libertad con trabajos comunitarios. También a los niños que quieren prepararse para los sacramentos, que vienen con muchas deficiencias a nivel de fe. Acompañamos a asociaciones, estamos presentes en el barrio, y otra tarea importante es la compañía en los momentos de pérdida: la gente muere, el barrio envejece, y hay que estar con los enfermos y mayores que no pueden salir de casa. Es una labor plural, y nuestra tarea es dinamizar y facilitar en la medida de lo posible.
P: ¿Cómo se vive el proceso sinodal desde la parroquia de San Eugenio?
R: Aquí se vive sabiendo que, aunque la mayoría del barrio está bautizada, en realidad somos una minoría activa. Esta es una parroquia pequeña, pero desde que nos implicamos en el proceso sinodal en octubre de 2021, se ha generado una riqueza impresionante y ha crecido la conciencia de pertenencia. Aunque seamos pocos, quien quiera acercarse puede vivir una experiencia de Iglesia transformadora y profunda. Aquí hay de todo y somos una familia: personas con distintas orientaciones sexuales, con dificultades matrimoniales, sociales o económicas. Por tanto, se está haciendo un trabajo de acogida y de sentirse parte activa de la comunidad.
P: ¿Percibe que los jóvenes se están aproximando más a la Iglesia en los barrios?
R: En los barrios hay muchas dificultades, pero no solo a la Iglesia. En Aldea Moret hay muchas realidades y colectivos, pero estamos cuatro en cada grupo y todos con los mismos problemas. Hay un virus de participación causado por el individualismo y el egoísmo. Queremos que nos den las cosas hechas, pero no participar en su creación. Y ahí es donde el Sínodo ha entrado en la vida de la Iglesia, a la hora de participar en la toma de decisiones. Pero el entorno social es una apisonadora. Imagino que a los partidos políticos les gustaría tener jóvenes comprometidos; lo mismo ocurre a nivel de sindicatos, algo que conozco bien ya que una de mis tareas en la diócesis es el trabajo de la pastoral obrera. Es decir, en todos los ámbitos faltan manos. Aun así, yo no me puedo quejar.

Entrevista Miguel Ángel González, párroco de la diócesis de Coria-Cáceres en Aldea Moret / Carlos Gil
Retos de la Iglesia
P: Con tantas guerras como hay hoy en día, ¿cuál diría que es el mayor reto de la Iglesia?
R: Una de las cosas fundamentales en que la Iglesia o los cristianos tenemos que tomar conciencia es que no podemos entrar en este juego en el que se nos quiere meter. Un juego en el que lo que se busca son los enfrentamientos y el rechazo al distinto, bien sea en sexualidad, en ideología, en pensamiento político, en pensamiento económico o en nivel de vida. Es decir, ese veneno que este momento social nos están intentando imponer, creo que es el mayor reto que la iglesia y los cristianos tenemos. Es una pena que los políticos y gobernantes a nivel mundial estén cayendo en eso, pero detrás de todo eso hay una pérdida de valores fundamentales del ser humano. También está el reto de la búsqueda de la paz, que solo es posible cuando nace del corazón y la vivimos.
Continuidad con el nuevo Papa
P: ¿Cree que el nuevo Papa, León XIV, se tomará el Sínodo con el mismo entusiasmo que Francisco?
R: Estoy convencido. En su diócesis de Chiclayo (Perú) ha dinamizado el proceso sinodal y ha estado muy implicado desde 2021 a nivel diocesano. Después, cuando fue nombrado cardenal y pasó a Roma como presidente del Dicasterio de los Obispos, se convirtió en miembro nato de la asamblea sinodal. Es decir, ha vivido todo este camino desde abajo, en su diócesis, hasta el más alto nivel en Roma. Así que estamos convencidos de que el proceso va a continuar.
P: ¿Diría entonces que va a seguir una línea continuista?
R: Sí, yo creo que hay cosas que van a hacer mucho bien a la Iglesia. Primero, porque es un hombre con orígenes migrantes. Pasó su infancia y juventud en barrios marginales de Chicago, así que conoce bien la realidad de las periferias urbanas. Es un hombre que tiene un historial ante el que hay que quitarse el sombrero: siempre tuvo claro que quería estudiar, ir a la universidad y progresar. Tiene una gran formación y habla varios idiomas porque tiene orígenes españoles, italianos, germánicos y parte de Estados Unidos. Además, pasamos de una espiritualidad jesuítica, como la de Francisco, a una agustiniana, que es igual de seria y fuerte, y con grandes capacidades de formación e intelectualidad. Un hecho significativo es que cuando entró en los agustinos decidió irse a las misiones, pero no a las zonas acomodadas, sino a las más marginadas.
P: En octubre de 2028 se celebrará el centenario de la Virgen de Guadalupe como Reina de las Españas, ¿sería una buena ocasión para que el nuevo Papa viniera de visita a Extremadura?
R: Sería bueno, pero una cosa son nuestros deseos y otra las posibilidades reales. A todos nos hubiese encantado que Francisco viniera, pero él decidió visitar principalmente lugares con mayores dificultades. Es cierto que estamos en un declive de participación, pero hay realidades eclesiales que son tan urgentes o más. A mí me encantaría que viniera, pero ahora León XIV tendrá que definir sus prioridades y su estilo de gobierno.
Suscríbete para seguir leyendo
- La importancia de la educación: una profesora jubilada cacereña destaca el refugio que encontró una alumna en el instituto
- Luis Rodríguez, de Cáceres y con solo 18 años, se hace autónomo y reabre la tienda Montepicaza de Don Benito
- Cáceres se prepara para rugir de solidaridad con la gran Papanoelada Motera 2025
- La ‘Beverly Hills’ de Cáceres ya no para: el eje donde siempre hay un negocio nuevo
- Las máquinas que estaban construyendo el puente de Cedillo (Cáceres) se retiran porque falta una firma de Óscar Puente y la obra se vuelve a retrasar
- Cáceres instalará una gran cubierta textil para reducir el calor en una de sus calles más transitadas
- Luz verde al proyecto que cambiará para siempre el antiguo hospital de la Montaña de Cáceres
- El Solete Repsol más ibérico, a un paso de Cáceres

