El valor de nuestro pasado
De los chicles Bazooka al palo de palacazú: esta es la historia de la calle Margallo de Cáceres
Fue en sus orígenes calle Moro y contó con centros de enseñanza como el colegio de San Antonio de Padua, el Paideuterion, fundado por don Tomás Martín Gil, y las famosas escuelas de toda la vida, las de don Vicente Marrón; también a esta calle dan parte de las traseras del Convento de Santo Domingo del siglo XVI y siempre estuvo vinculada a la Guardia Civil

Jorge Valiente
Jesús Fernando Bravo Díaz
En Cáceres encontramos calles que han formado parte de historias muy enraizadas en la ciudad; vamos a ceñirnos a la que se conocía como calle Moro, quizás debido a la llegada de un grupo de moriscos hacia el 1752 a la capital; que más tarde pasó a ser del General Margallo.
Hablamos de una de las calles más largas de nuestra ciudad, dista desde la de Santo Espíritu, hasta finalizar, frente a la Plaza de toros de la ciudad, conocida como el ‘Coso de la Era de los Mártires’, junto al Cerro del Teso, terreno que puso a disposición el Ayuntamiento para la construcción del querido Cuartel Infanta Isabel. Posee esta calle algunas otras, que se adentran en la misma, como la de Ríos Verdes, de Santo Domingo, de Palafox con su estrecha cuesta y la calle del Teniente Ruiz, que camina hacia la calle de San Justo bordeando la antigua Comandancia de la Guardia Civil.
No es una calle que posea edificios emblemáticos, pero sí tiene esos inmuebles que marcaron la vida de muchos cacereños, que vivimos allí nuestra infancia. Calle que contó con centros de enseñanza como el colegio de San Antonio de Padua, el Paideuterion fundado por don Tomás Martín Gil y las famosas escuelas de toda la vida, las de don Vicente Marrón; también a esta calle, dan parte de las traseras del Convento de Santo Domingo del siglo XVI. Contaba la calle Moro luego de Margallo, con esos comercios de siempre, que vendían de todo, y al final de la misma, aquel kiosco donde íbamos a comprar los enormes chicles Bazooka, los famosos pirulí, el palo de palacazú. Pero lo que realmente nos llamaba la atención siempre era la querida Comandancia de la Guardia Civil.
Los que tuvimos la suerte de crecer y jugar de pequeños en esta calle de Margallo, guardamos muchos e inolvidables recuerdos, ya que era como una gran familia, donde todos se conocían; los chavales usábamos la calle del Teniente Ruiz para jugar esos interminables partidos de fútbol, esperábamos asombrados el paso por la calle a los romanos de la Cofradía de los Ramos, a la Banda de Música Municipal camino de la Plaza de toros, a la que acompañábamos detrás tocando esos tambores imaginarios, junto a todo un tropel de aficionados taurinos; aunque la mayor fiesta de la calle sin duda alguna, solía ser, cuando se festejaba la Patrona de la Guardia Civil, la Virgen del Pilar.
En la calle General Margallo, antes de Moro, solían vivir algunas familias de Guardias Civiles y siempre estuvo unida a dicha Institución. Cómo olvidar aquellos guardias civiles con sus tricornios y sus capas largas de color verde, haciendo guardia en la puerta de entrada a la Comandancia, servicio de puerta, como se solía llamar; o aquél carro tirado por un caballo, que salía de las traseras de la Comandancia para ir hacia la Cárcel Vieja, llevando las cestas de mimbre con las comidas de los guardias que hacían servicio de vigilancia en la misma.
La patrona
Pero sobre todo, estaban las celebraciones de la Patrona del Cuerpo, la Virgen del Pilar, donde acudíamos familiares de los Guardias Civiles, para exaltar a su patrona y confraternizar todos juntos, y allí estábamos a los que se nos conocía como «hijos del cuerpo», por aquello de ser hijos de Guardia Civil, jugando en el patio del querido y añorado cuartel, hoy tristemente abandonado, donde duermen en silencio las entrañables historias que guardan sus paredes.
La calle de Moro, que se cambió a calle del General Margallo, por acuerdo tomado en la sesión del 10 de noviembre de 1893, bajo la presidencia de don José Trujillo Lanuza, dando cuenta de una comunicación del entonces Gobernador Civil Teniente General don Federico Ezponda y Morell; con los años a don Federico Ezponda y Morell, se le puso su nombre a una calle, mal conocida para algunos, como la de los ‘vinos’, muy frecuentada por aquellos estudiantes universitarios que solíamos acudir a la misma a finales de los años setenta, después de aquellas interminables clases que solían durar toda la tarde; que recuerdos de aquellos años de finales de los setenta, que ya hacían sentir cambios culturales y sociales, con la llegada de la década de los ochenta, en nuestra ciudad y que se caracterizaron por una intensa actividad, dejando una enorme influencia en la cultura de la ciudad.
Pues bien, se cuenta, que don Federico Ezponda recibió una petición de los alumnos del Instituto de Enseñanza, solicitando se le cambie el nombre de calle de Moro y que se pase a llamar calle de Alfonso XIII. Don Federico recibió la solicitud y por ser esta una competencia estrictamente municipal, la elevó a conocimiento del Ayuntamiento de la ciudad, entonces presidido por don José Trujillo y Lazuna, que también sería Senador durante los años 1905-1910.
En la misma sesión el concejal Diego Bravo García, manifestó su conformidad con que se cambiase el nombre de calle Moro, y que pasase a llamarse calle del General Margallo, primero porque no era una vía principal de la ciudad, y segundo por que así se conmemoraba la figura del General Margallo, extremeño nacido en la localidad de Montánchez; y la vía de Pintores, que era catalogada como una vía principal, pasase a denominarse de Alfonso XIII. Al mismo tiempo se hacía presente por la corporación, las condolencias por el fallecimiento del General Margallo en la lucha contra los moros, el 28 de octubre de 1893 en Melilla, donde fue nombrado en 1891 Comandante General de Melilla por la Reina Regente del Reino en nombre de su hijo el Rey don Alfonso XIII.
Todo esto venía precedido de aquella manifestación patriótica, celebrada en la ciudad en el mes de octubre de 1893, que se prolongó durante todo el día, convocada por los alumnos del Instituto de Enseñanza de la ciudad, para alabar las heroicidades del General Margallo en la defensa del fuerte Cabrerizas Altas, en la plaza de Melilla, y que acabó con los manifestantes manchando el rótulo de la calle de Moros, a gritos del nombre del General Margallo; como ocurrió en otra localidad de España; en Cartagena, los manifestantes ocultaron con un lienzo blanco el rótulo calle de la Morería y escribieron en el nombre del General Margallo; en Madrid, los manifestantes partieron del café la Alhambra, con músicos tocando piezas nacionales y enarbolando banderas, dando vivas al General Margallo.
La Guerra de Margallo es como se conoce a uno de los disturbios más tenebrosos de las luchas en el protectorado español del Rif. Este ilustre General montanchego, falleció en un acto heroico, para la defensa del fuerte de Cabrerizas Altas en Melilla, junto con su guarnición reducía al Regimiento de África, el Batallón Disciplinario, Artillería de Plaza, Guardia Civil y Compañía de Mar, unos 500 hombres más o menos.
Su muerte en combate, supuso un duro golpe moral para las tropas allí acantonadas; se contó entonces, que en un acto heroico, abrió las puertas del fuerte Cabrerizas Altas y se lanzó contra las tropas de asedio, hasta que cayó muerto en la contienda, destacándose la gesta heroicas de sus soldados en recuperar el cuerpo sin vida del ilustre general, para que no cayese en manos de los rifeños. El cadáver del general sería llevado desde el fuerte de Cabrerizas Altas a Melilla, sus restos mortales se encuentran en el Panteón Margallo, del Cementerio Municipal de la Purísima Concepción de Melilla.

Imágenes de la calle Margallo en Cáceres / Jorge Valiente
Se cuenta en la prensa de aquel año 1893, que cuando trajeron el cuerpo del General a Melilla, la infortunada viuda, en un acto heroico cogió las manos de sus hijos, y dijo: «Aprendéz, hijos míos en esta muerte, a conservar la herencia que honra, que vuestro padre nos dejó. Ha muerto por su buen nombre, es preciso no olvidarlo nunca».
El pleno
En sesión de la Diputación Provincial del 3 de noviembre, bajo la presidencia de D. Miguel Muñoz Mayoralgo y los diputados provinciales; Muro, Sánchez Hernández, Gutiérrez Delgado, Jarillo, Bueno, Villarroel, Gil Moreno, Enrique Montánchez, Pelayo, Petit, Nafrías, Fuenes, Chamorro Rodríguez y Muñoz Díaz.
Hizo uso de la palabra el diputado Enrique Montánchez Pérez, expresó «...el sentimiento que le embarga, del que seguramente participa toda la provincia, por haber perdido uno de sus hijos mas ilustres, por la muerte del valeroso General Margallo, mezclado con el orgullo del que participan todos los paisanos del héroe de la jornada del 27, por su gloriosa muerte. Y que para mostrar estos sentimientos, en primer término hace falta un acto que a mí juicio la Diputación debe realizar, y a lo sumo propongo la celebración de solemnes exequias para honrar al gran héroe, así como se haga la mayor extensión de las mismas y se mande carta de pésame a su apenada viuda por la inmensa desgracia que le aflige. Y que para organizar dicho acto, se cree una comisión compuesta por el Presidente y Vicepresidente de la Diputación algunos diputados provinciales y el secretario de la corporación».
La Guerra de Margallo es cono se conoce a uno de los disturbios más tenebrosos de las luchas en el protectorado español del Rif
En la misma sesión el diputado señor Fuentes del distrito Trujillo-Montánchez manifestó su adhesión a dicha propuesta. De nuevo tomó la palabra el señor Montánchez, para manifestar y que así constase en el acta, que la idea de la celebración de tal acontecimiento, había partido del ilustre catedrático del Instituto don Andrés Paredes, del que fue discípulo el General Margallo. La comisión creada para la organización de los actos fúnebres, quedaría integrada también por una representación de la localidad de Montánchez compuesta por nueve personas y familia del malogrado militar.
El funeral
Las exequias en la parroquia de Santa María de Cáceres fueron todo un acontecimiento social, acudiendo representaciones civiles, judiciales, militares y religiosas, además de un gran número de ciudadanos de toda condición social de la ciudad. Los dos hermanos del general Margallo, no acudieron al acto, uno por encontrarse ese día en Melilla, debido a su irreparable pérdida, y el otro hermano era tanta la aflicción que se ha resentido su salud. Tampoco acudió la viuda del General Margallo, doña Adela Cuadrado de Aznar, que se encontraba en Valladolid; la cual recibió carta de don Miguel Muñoz, en la que manifestaba: «... La provincia de Cáceres, sabe que su heroica muerte, vertió lágrimas de dolor y admiración; de dolor por su querido hijo y de admiración por el héroe que supo sacrificar su vida en cumplimiento de su deber y de su Patria. Cáceres le hace llegar a usted el testimonio solemne de respeto, dolor, admiración y orgullo por el hidalgo patriota». El presidente en su carta que enviara a la viuda del General Margallo finalizaba con unas profundas líneas: «Qué Dios premie Señora, las virtudes del héroe, las lágrimas de sus hijos y el valor profundo de su esposa».
Calle de Moro, que después fue del Geneal Margallo, con una valerosa historia en nuestra ciudad, que vincula las localidad de Montánchez, y la ciudad de Melilla, pasando por Cáceres; bajo la trayectoria heroica y militar del Comandante General Juan García-Margallo y García.
Jesús Fernando Bravo Díaz. es licenciado en Geografía e Historia y máster en Métodos y Técnicas de Investigación
- La Junta de Extremadura aprueba un modificado que encarece en más de 300.000 euros las obras de la Ronda Sur de Cáceres
- Un pueblo de Cáceres, en el epicentro de la presunta estafa de las 52 chaquetas
- El Ayuntamiento de Cáceres recomienda planificar desplazamientos por la tractorada los días 6, 9 y 11 de febrero
- El ferial de Cáceres se llena con 4.000 personas para el concierto de JC Reyes
- Largas colas en el Palacio de Congresos de Cáceres por el concierto de Luis Cortés
- Tres negocios, décadas de historia en Cáceres y una misma lucha
- El embalse del Guadiloba de Cáceres ha tirado en dos semanas más de 21 hectómetros cúbicos de agua, el equivalente a su capacidad
- Multitudinaria puesta en escena de la histórica Carnicería Ángel de Cáceres: más de 350 asistentes