Tauromaquia
Un salvavidas frente al toro en un pueblo de Cáceres: "No me considero un héroe"
Andrés Cerezo saltó al ruedo de Guadalupe al ver que el toro había cogido a un hombre y le echó un capote: «La gente me da la enhorabuena, pero para mí no es nada especial»

El periódico

«Estaba en la otra parte de la plaza. Vi que había cogido a una persona y no dudé. Me tiré al albero y solo pensaba en intentar ayudar. Tuve la suerte de que, al tirar la chaqueta al toro, se vino detrás de mí. No sé qué hubiera pasado si no lo hubiéramos distraído». Es el testimonio de Andrés Cerezo, un joven de 25 años natural de Cañamero que el pasado mes de agosto disfrutaba junto a su hermano Pablo de los festejos taurinos que se celebran en la plaza de Santa María de Guadalupe. Son dos habituales en este tipo de festividades, pero aquel día se convirtió en un salvavidas.
Herido
El astado, de la ganadería Juan Albarrán, cogió a un hombre de 66 años de Logrosán. La herida revestía gravedad: había sufrido una cornada de 24 centímetros que había entrado por la parte superior de la pierna, afectando a la arteria femoral, y había salido por el abdomen, hiriendo también algunas tripas. Tras una rápida actuación en la misma localidad, fue trasladado a Cáceres en helicóptero, y de ahí a Badajoz, donde fue operado. Tras varios días ingresado, finalmente recibió el alta hospitalaria y pudo regresar a su casa.

Andrés Cerezo recorta a un astado. / CEDIDA POR ANDRÉS CEREZO / BEGO DELGADO
Normalidad
Una vez que todo ha vuelto a la normalidad, ahora la gente se centra en dar la enhorabuena a quien realmente pudo salvarle la vida. La valentía de Andrés, un gran amante de los toros, evitó un gran disgusto. «A los dos días, todo el mundo me estaba dando la enhorabuena. Yo no me siento un héroe. A mí lo que me gusta es ponerme delante de los toros, y me parece algo habitual echar un capote a un compañero Es mejor que, quien no entienda, no se meta. Pero los que sabemos qué hacer, podemos actuar. Me han dicho que el hombre quiere hablar conmigo para agradecérmelo, pero aún no hemos tenido la oportunidad», cuenta este joven, que en su día a día se dedica a trabajar en el campo.
Medidas
«Recuerdo que el año pasado también ayudé a un hombre en Trujillo que llevaba la femoral herida», subraya Cerezo, que incide en que las instituciones y cuerpos de seguridad deberían actuar para controlar qué personas entran al albero: «Últimamente se están soltando animales muy granes. Son como monstruos. Y hay gente muy mayor que no tendrían que entrar. Los reflejos, la agilidad... todo se va perdiendo con el paso del tiempo. Es cuestión de responsabilidad. El herido en Guadalupe podría estar muerto y nadie tendría que extrañarse porque llevaba heridas muy graves», cuenta. La temporada de festejos va llegando a su fin. Entretanto, Andrés, su hermano y sus amigos siguen recorriendo las mejores plazas de Extremadura para deleitar al público con sus espectaculares recortes.

Andrés, junto a su hermano Pablo. / CEDIDA POR ANDRÉS CEREZO / JESÚS CÁRDENAS
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