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Una historia de Cáceres a través de sus objetos

Durante casi 40 años, Cáceres celebró en otoño su 'feria chica', entre ganado, verbenas y fuegos artificiales. Hoy, sólo queda el recuerdo

Curiosamente, tanto esta feria como la de San Fernando llevan nombres de santos sin una devoción especialmente arraigada en la ciudad: fue el calendario, y no la piedad local, quien bautizó ambas citas

Cartel de la Feria de San Miguel.

Cartel de la Feria de San Miguel. / El Periódico Extremadura

Jorge Rodríguez Velasco

Jorge Rodríguez Velasco

Cáceres

Durante casi cuarenta años, Cáceres se dio el gusto de tener dos ferias al año. La primera, conserva su cita en mayo; la segunda llegaba a finales de septiembre, con el otoño recién estrenado. A esta última se la llamó en origen «feria de septiembre», aunque con el tiempo prendió el nombre de San Miguel, porque su festividad —el día 29 de ese mes— señalaba en el calendario el inicio de muchas ferias a lo largo de España. Curiosamente, tanto esta feria como la de San Fernando llevan nombres de santos sin una devoción especialmente arraigada en la ciudad: fue el calendario, y no la piedad local, quien bautizó ambas citas.

La de San Miguel nació en 1949, impulsada por el alcalde Francisco Elviro Meseguer -de ahí que muchos la recordaran como «la feria de Paco Elviro»-. Su razón de ser fue, ante todo, ganadera y así lo anunció el Consistorio en octavillas y prensa: “Deseoso este Ayuntamiento de dar toda clase de facilidades a los ganaderos de esta capital y su provincia para la venta y compra de toda clase de ganado, acordó por unanimidad la creación de una nueva feria en esta ciudad (…) En su virtud, se pone en conocimiento del público en general, que durante los días 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre próximos se celebrará en esta capital y en su amplio Rodeo, feria de toda clase de ganados”.

La feria no se agotaba en el Rodeo: junto al mercado de reses -que en su estreno reunió en torno a catorce mil cabezas-, la ciudad se echó a la calle para un programa de festejos de cuatro jornadas. El jueves de apertura sonaron cohetes y dianas al amanecer y la Banda Municipal puso música a la Plaza del General Mola (hoy Plaza Mayor), que por la noche lucía iluminación especial para las verbenas.En los días siguientes se mantuvo el pulso festivo con cucañas y desfiles de gigantes y cabezudos. Los niños también pudieron disfrutar del Circo Trébol —presentado como uno de los mejores espectáculos circenses del momento—. No pudo faltar el espectáculo taurino, y la plaza de toros albergó una novillada que llenó los tendidos. El domingo prosiguieron los actos con un gran acontecimiento deportivo: la inauguración del campo de fútbol y la pista de atletismo de la Ciudad Deportiva, con pruebas atléticas y un Cacereño–Almería que se saldó con triunfo local por 1–0. Ese mismo día, la Virgen de la Montaña bajó a la Concatedral para las celebraciones del 25º aniversario de su coronación canónica, poniendo el broche religioso a la estrenada feria.

La «feria chica», como también se la llamaba, se celebró hasta 1987 y su evolución siguió la de tantas ferias españolas: la esencia ganadera fue cediendo terreno a medida que declinó el peso agropecuario y la ciudad se diversificó económicamente. Del Rodeo y sus transacciones se pasó a Los Fratres, donde los cacereños disfrutaban entre casetas y “cacharritos”, bailes y conciertos.

Concentración de recursos

Mantener dos ferias al año resultaba costoso y el ayuntamiento optó por concentrar recursos y programación en la de mayo. Las fechas tampoco ayudaban: a finales de septiembre la meteorología era incierta —más de una edición salió pasada por agua— y los bolsillos iban justos a fin de mes, lo que enfriaba la asistencia y el gasto. Con ese cóctel, San Miguel fue perdiendo fuelle y no sobrevivió a los años 80.

Como recuerdo de San Miguel nos queda una amplia colección de carteles, firmados por destacados artistas de la tierra —Eulogio Blasco, Martínez Terrón, Burgos Capdeville, entre otros—. El “objeto” de hoy es el cartel de 1975, obra de Nicolás Pulido Escalona. Lo curioso de este cartel es que nació para anunciar la feria de mayo tras ganar el concurso municipal, pero se imprimió en blanco y negro, contrariando -según el autor- el espíritu de las bases. Tras el disgusto y las conversaciones con la Comisión de Ferias, se acordó resarcir al artista, reeditándolo a todo color para San Miguel.

Cartel de 1975.

Cartel de 1975. / El Periódico Extremadura

En nuestros días, los intentos por recuperar la feria han quedado en nada. Paradójicamente, fue la pandemia la que devolvió a Cáceres una feria de septiembre: en 2021 el Ayuntamiento encendió el recinto ferial para San Miguel, trasladando a ese mes las ferias canceladas de mayo y regalando a muchos cacereños —que nunca conocieron la de antaño— la experiencia de volver a vivir la feria en otoño.

Perdimos aquellas fiestas y, desde entonces, ninguna noche cacereña de septiembre ha vuelto a iluminarse con la magia de la pirotecnia. Grabados en un papel, en el cartel de 1975, aún arden esos fuegos artificiales que nos recuerdan que Cáceres fue, durante cuatro décadas, la ciudad de las dos ferias.

Jorge Rodríguez Velasco es Graduado en Historia y Patrimonio Histórico por la Uex

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