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Opinión | Cultura

Cáceres

Helga de Alvear y el arte como derecho

Eligió Cáceres o Cáceres la eligió a ella. Quién sabe. Sea como sea, lo cierto es que su colección ha contribuido a que la ciudad amplíe las miras y llegue a citarse en Europa como referente. Aún con el duelo presente, su ciudad -de adopción- y su museo han querido honrarla como se merece

VIDEO | Homenaje a Helga de Alvear en su museo de Cáceres

El Periódico

Cualquiera no puede presumir de contar con un museo que lleve su nombre. De hecho, suele ser más bien al contrario. Lo habitual es que solo unos pocos nombres y apellidos, elegidos en este mundo incierto, lleguen a lograr que su memoria trascienda a su propia existencia. Alcanzar tal hazaña no es tarea fácil, requiere una conjunción de circunstancias que componen la fórmula del éxito, aparte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, hay que sumarle un trabajo infatigable durante, en muchas ocasiones, toda la vida.

Y qué es toda una vida si es para prolongar la vida de otros tantos nombres y apellidos, unos que también ofrecieron su tiempo y talento a los demás para mostrarles qué significado tiene la belleza y para hacerles reflexionar sobre su lugar en la humanidad, que no es poca cosa, al menos si esa reflexión se lleva al momento presente en el que la fugacidad y la confrontación no parecen dejar lugar al diálogo y a la pausa. El arte logra esa pausa. Pero para que trascienda, para que perdure a las generaciones deben existir personas como Helga de Alvear. Ella logró lo que pocos logran. Atesorar el arte para garantizarle un futuro. Ella logró que un museo llevara su nombre. Y no en cualquier ciudad. Eligió Cáceres o Cáceres la eligió a ella. Quién sabe. Sea como sea, lo cierto es que su colección ha contribuido a que la ciudad amplíe las miras y llegue a citarse en Europa como referente.

Imagen del homenaje.

Imagen del homenaje. / EL PERIÓDICO

Su fallecimiento hace unos meses provocó una honda conmoción en el mundo artístico internacional. Fue pionera de pioneras, fundadora de una de las ferias más relevantes del panorama, Arco, fue irreverente, espontánea y honesta. En cada intervención pública afirmaba que coleccionaría hasta el final, y la realidad da fe de que cumplió la promesa. Así, tiempo después, aún con el duelo presente, su ciudad -de adopción- y su museo han querido honrarla como se merece. A lo largo de dos días, sábado y domingo, la fundación programa una agenda de actos en su memoria. Todos evocarán de alguna manera a su memoria, pero quizá el momento más emotivo es el que se vivió en la mañana de ayer en el interior del imponente edificio diseñado por el reconocible arquitecto Emilio Tuñón, artífice también del hotel Atrio de José Polo y Toño Pérez, amigos de la coleccionista y de alguna manera, claves en que se decidiera por la ciudad. Precisamente, ellos fueron algunos de los invitados presentes en el homenaje íntimo que recordó a la carismática Helga y el legado incalculable que entrega.

Entre los presentes, sus hijas Patricia y María y su hermano Hans Jakob, allegados, una representación del mundo del arte con nombres propios como Ignasi Aballí, Karin Sander o Thomas Hirschhorn -por videollamada-, autoridades encabezadas por la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, y el expresidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra o el ministro de Cultura, Ernest Urtasun -también por videollamada-, periodistas que la conocieron y vieron crecer el museo y una representación de la ciudad. Hubo palabras emocionadas, recuerdos enumerados, curiosidades y todo un abanico de agradecimientos y de calificativos, desde un repetido «generosa» hasta un preciso «alemana» que despertó la sonrisa en más de uno. Una pieza musical compuesta por su hija María puso broche. Entre todos ellos, una conclusión unánime, la de reconocer a una figura única, singular, que dedicó su vida a todas las vidas que abrazan el arte.

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