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Memoria histórica

"Se ha hecho justicia": el grito amargo de los familiares de los fusilados en La Paloma

Aranzadi refuerza su equipo en Zarza la Mayor con antropólogos y arqueólogos: "No nos vamos hasta que saquemos todos los cuerpos". "Vemos la luz tras 89 años", claman los descendientes de los represaliados

Vídeo | Primeros hallazgos de represaliados por Franco en la mina La Paloma, en Zarza la Mayor

Toni Gudiel / Antonio J. Sánchez

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

"Se ha hecho justicia". Es el grito unánime de los familiares de los represaliados en la mina La Paloma de Zarza la Mayor tras los hallazgos de los primeros restos humanos de la veintena de fusilados durante el verano de 1936. Una sensación de «felicidad amarga» se instaló ayer en todos los vecinos, pero especialmente en los descendientes de aquellos que fueron arrojados hace 89 años al fondo de una antigua mina de fosforita y olvidados en el silencio sepulcral por el miedo a una mayor represión. «Por fin vemos la luz», claman los escasos hijos que quedan con vida de aquellos que murieron por defender su ideología. Mientras tanto, la empresa encargada de la excavación, Sociedad de Ciencias Aranzadi, refuerza de forma urgente su equipo en la localidad con antropólogos y arqueólogos que bajarán al fondo de la mina para seguir con los trabajos:«De aquí no nos vamos hasta que saquemos todos los cuerpos», aseguran.

Paralizada

Tras paralizarse la obra mediante una resolución de alcaldía hace varios días porque faltaba un permiso ambiental para dar luz verde a la actuación y un duro cruce de acusaciones entre instituciones y ayuntamiento, los trabajadores regresaron al fondo de la mina La Paloma el pasado martes. Ya estaban a 34 metros bajo tierra, se estimaba que la mina tuviese unos 40 en total y conocían a la perfección el funcionamiento de esta boca de la galería oeste. Todo hacía indicar que esta vez sí. Y así fue cuando el pasado miércoles, en torno al mediodía, comenzaron a aparecer restos tras descender a 36 metros y sacar unas 300 toneladas de piedra, restos de neumáticos e, incluso, de animales.

Monedas

En primer lugar aparecieron unas monedas. A partir de ahí, se iban sucediendo los huesos humanos, una billetera, un mechero, la suela de un zapato... Los habían encontrado. Faltaba y sigue faltando la confirmación oficial tras cotejar los restos con el ADN de los descendientes, pero los vecinos sentían que no era necesario. Eran ellos. Esta tercera fase de exhumaciones (gestionada por la Universidad de Extremadura y el Servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación de Cáceres) está resultando un éxito. Y cuando se corrió la voz por el pueblo, en apenas unos minutos ya estaban allí todos los vecinos. Mayores y pequeños. Es el acontecimiento del año en Zarza la Mayor. Y quizá, sin exagerar, del siglo.

Una nueva dimensión

Ahora, los trabajos de exhumación entran en una nueva dimensión. Desde la superficie y mientras cuatro trabajadores están bajo tierra, el técnico de Aranzadi Manex Arrastoa explica a este diario la situación de las actuaciones en la actualidad. Con la vista puesta en la televisión que retransmite en directo los trabajos, señala las dos principales galerías que tiene el yacimiento a la actual profundidad. Se enfrentarán en los próximos días a la delimitación y limpieza de la zona de exhumación para que, en el momento en que accedan la antropóloga María y el arqueólogo René, se realice de forma más sencilla.

Trabajos

«Nos queda poner puntales y tablones de obra para que la exhumación se realice en altura para no ir pisando los huesos. Ir excavando todos los restos óseos y hacer un dibujo para saber la situación de conexión anatómica en la que se encuentran», cuenta Arrastoa. Cabe recordar que, cuando esta misma empresa llevó a cabo un trabajo similar en la mina Terría de Valencia de Alcántara (donde se hallaron los cuerpos de Manolo Vital o el alcalde Amado Viera), encontraron un «mosaico de huesos» sobre el que actuar. No había ningún tipo de relación entre los individuos represaliados. Es una incógnita lo que hallarán en Zarza la Mayor, pero podría ser algo similar al haber pasado ya casi nueve décadas.

Felicidad

Aunque Aranzadi esté acostumbrada a acometer este tipo de actuaciones, cada vez que se producen hallazgos se desata una gran felicidad entre los trabajadores. Manex incide en que es su primera vez, no solo en Zarza la Mayor, sino en una mina como La Paloma, que es un pozo. «Ya me contaron mis compañeros que el pueblo llevaba mucho tiempo esperando y luchando para que las instituciones promocionasen esta actuación. Y ahora hemos tenido éxito. Tengo que darle las gracias a Tito y Asier, así como a Lourdes y Sebas, que son los auténticos héroes que han trabajado al máximo para hallar los cuerpos. Ahora toca lo bonito: entregar cuanto antes los restos a las familias», remarca Arrastoa con una gran sonrisa en la cara.

Cotejar el ADN

Lo siguiente será cotejar el ADN de los restos con el de los familiares. La identificación es la parte más sencilla, un proceso que apenas dura unos meses. «Necesitamos la muestra de los familiares, llevarlo a un banco de ADN y, dependiendo del estado de los restos, puede tener más o menos dificultad. Pero no suele haber mayores problemas», insiste.

Agradecimientos

Mientras los trabajos continuaban, los técnicos de Aranzadi tuvieron la oportunidad de disfrutar de la generosidad que se respira en Zarza la Mayor hacia ellos tras haber realizado estos importantes hallazgos. Dos concejales socialistas de la localidad como Vanessa Montero (anterior alcaldesa) y Raúl Sancho acudieron a la boca de la mina para entregar a los trabajadores agua y refrescos, así como algunos productos típicos de la localidad como bollos de Cuasimodo y otros dulces que agradecieron, y mucho.

La parte amarga

Pero, como no puede ser de otra manera, esta historia tiene una parte amarga que también debe ser contada: la de aquel verano de 1936, con la Guerra Civil recién comenzada.

La historia de María Líneo

14 de septiembre de 1936. En el seno de una familia humilde de Zarza la Mayor nace la pequeña María Líneo, la cuarta hija. 21 de septiembre, apenas siete días después, entran a su casa un grupo de falangistas y se llevan a su padre, Zacarías Líneo, de apenas 33 años. Su madre salió corriendo tras ellos, pero le dijeron que si les perseguía acabaría con él para toda la vida y dejaría solos a sus hijos. No le dijeron dónde, ni por qué. Apenas fue una semana de felicidad con su pequeña hija. Desde entonces, se instauró el silencio. Los hijos solo podían decir que su padre estaba desaparecido. Nadie se refería a la muerte. Y mucho menos a un fusilamiento.

Paso del tiempo

Pasaron los años, las décadas. La dictadura franquista había terminado, pero el miedo a hablar permanecía en su mente. Hasta que llegó el año 2005 y todo comenzó a moverse. María, entonces, tenía 69 años. Había pasado todo ese tiempo sin un recuerdo de su padre, sin algo a lo que aferrarse en los peores días, sin un lugar al que llevar flores porque «seguía desaparecido».

Más investigaciones

Las investigaciones fueron sucediéndose. Todo el mundo apuntaba a que una veintena de personas de las zonas de Rivera de Fresnedosa y Sierra de Gata habían sido asesinados en la mina La Paloma porque los agricultores que trabajaban allí aseguraban haber oído disparos. En este antiguo yacimiento de fosforita, que en 1936 ya llevaba años cerrado, se habían lanzado sus cuerpos. La intención es que nunca fuesen hallados, y así se ha logrado durante casi nueve décadas.

Cambio en la historia

Sin embargo, la historia ha cambiado este 8 de octubre de 2025. Por fin, esa pequeña María Líneo, la que no pudo disfrutar de su padre Zacarías, así como sus hijos y familiares más cercanos, celebran efusivamente y emocionados esos hallazgos. Aún falta mucho trabajo, todavía se tienen que hallar todos los restos. Pero al menos sienten que se ha hecho justicia, que tendrán un lugar al que llevar flores en su memoria, y que dormirán tranquilos después de darles un digno descanso eterno. María, ya con 89 años y entre lágrimas, confiesa a este diario: «He sentido una alegría muy grande. Por fin he podido ver la luz al final del túnel. Es -concluye con un sollozo que llega al alma- una felicidad amarga».

Asesinados

Apenas quedan hijos de aquellos que fueron asesinados. Y los que aún viven son ya mayores. Son los nietos quienes han tomado el testigo de su lucha. Otro de los represaliados fue Luciano Montero, padre de una familia que todavía lucha por su memoria. Su hijo murió hace apenas tres años con la esperanza de que su padre fuese hallado cuanto antes. Sin embargo, no ha podido verlo con sus propios ojos. Es su nuera, Luisa Álvarez, su nieto, también llamado Luciano Montero, y su bisnieta Inma Montero quienes han podido ver con sus propios ojos sus avances. Este jueves, en la boca de la mina, no podían ocultar esa felicidad amarga de la que también hablaba María Líneo.

Luisa Álvarez

«Me casé con mi marido cuando tenía 22 años, en 1959. A su padre se lo habían llevado cuando él tenía solo dos. Y me fui enterando de todo lo que había pasado con el paso del tiempo. Me daba mucha pena que mi marido no tuviese a su padre, y más de esta manera. Fue un salvajismo. Y mi suegra, encima, había dado a luz dos días antes a otra hija. No habían hecho nada malo, pero les mataron de un tiro», recuerda Álvarez sobre la historia de su suegro. «Ahora, al menos sabemos que aquí hay gente. A los de Zarza los olvidaban aquí. Gracias a que se empezó a remover todo, hemos logrado hallar a personas que habían sido fusiladas en el año 1936», dice orgullosa Álvarez, aunque apenada porque su esposo no haya podido despedir en vida a su padre de una forma digna.

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