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Recuperando la memoria

La lista negra de la mina La Paloma: así fueron los dramáticos días del verano del 36

Durante casi nueve décadas, el miedo y la falta de respuestas marcaron la vida de quienes nunca dejaron de buscar a sus seres queridos. Hoy, el hallazgo de restos humanos los acerca al final de su larga espera

Vídeo | Entrevista a Luciano Montero, representante de la Agrupación de Familiares y Víctimas de la Represión y el Franquismo de Zarza la Mayor

Toni Gudiel

Gonzalo Lillo

Gonzalo Lillo

Zarza la Mayor

El 8 de octubre de 2025 quedará grabado para siempre en la memoria de los familiares de las víctimas del franquismo cuyos cuerpos fueron arrojados a la mina La Paloma, en Zarza la Mayor. «¡Por fin los hemos encontrado!», exclamaban emocionados este miércoles tras el hallazgo de los primeros restos óseos a 36 metros de profundidad y bajo 300 toneladas de piedra.

Han tenido que pasar 89 años desde aquellos trágicos sucesos para que sus allegados puedan, al fin, sentir algo de consuelo. Un tiempo en el que han tenido que enfrentarse al silencio, al miedo y a la ausencia. Décadas de incertidumbre, de falta de respuestas y de generaciones que nunca perdieron la esperanza de encontrar a sus seres queridos. Ahora, tras este descubrimiento fruto de tres años de intensas labores de búsqueda realizadas por los técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, comienza a cerrarse una herida que nunca dejó de doler.

Porque, ¿qué ocurrió realmente en aquel lugar durante el verano de 1936 tras el golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil Española? Luciano Montero, vecino de Zarza la Mayor y representante de la Agrupación de Familiares y Víctimas de la Represión y el Franquismo del municipio cacereño, es una de las voces más autorizadas para contar de primera mano los terribles hechos que marcaron para siempre la historia de este pueblo rayano. «A Zarza no llegó la guerra, ni ese verano ni después, pero sí los fusilamientos», recuerda. Sus habitantes quedaron aislados y aquellos días la Falange tomó el pequeño municipio sin encontrar resistencia. Lo que siguió fue una ola de ejecuciones que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva. Las víctimas fueron, en su mayoría, jornaleros agrarios y simpatizantes de la Segunda República. Pero sus nombres ya estaban señalados desde tiempo atrás.

El campo extremeño vivía una época convulsa: las huelgas y protestas por salarios dignos habían enfrentado a los trabajadores con los terratenientes, y tuvo lugar la gran ocupación de fincas del 25 de marzo de 1936 con el objetivo de presionar al Gobierno republicano para que implementara la reforma agraria.

Según Montero, aquellos acontecimientos, organizados por los obreros, la gente de la Casa del Pueblo y los simpatizantes de la República, ocasionaron que los terratenientes y dueños de fincas elaboraran una ‘lista negra’ con las personas que acudían a las manifestaciones y reivindicaban sus derechos. «Cuando llegó el golpe de Estado se les presentó la ocasión perfecta para matarlos impunemente y hacerlos desaparecer, y así lo hicieron», afirma.

El lugar elegido fue la mina La Paloma, una antigua explotación de fosforita abandonada y con fácil acceso desde la carretera. La profundidad de los pozos y la posibilidad de maniobrar con vehículos hasta la zona la convirtieron en un escenario ideal para ocultar los crímenes. «No tenían ni que tirarlos», explica Luciano. «Los mataban arriba y los empujaban para que cayeran directamente al fondo de las fosas, donde luego los sepultaron con toneladas de piedras».

Los datos recopilados por la agrupación indican que allí fueron arrojados más de veinte fusilados procedentes no solo de Zarza la Mayor, sino también de Ceclavín, Villamiel, Piedras Albas y otros municipios de la Sierra de Gata. Montero cuenta que las ejecuciones de los zarceños fusilados se realizaron en dos tandas. «A la mitad se los llevaron hacia Alcántara, pero allí ordenaron que fueran devueltos. De regreso se produjo una trifulca en el puente romano en la que mataron a varios de ellos y arrojaron sus cuerpos al río Tajo. Lo sabemos porque después aparecieron rastros de sangre, prendas de ropa y algunos enseres personales», subraya.

«Los que sobrevivieron fueron trasladados a la mina, donde fueron asesinados y enterrados en las fosas. El segundo grupo, en cambio, fue conducido directamente a La Paloma», detalla el zarceño.

La ‘lista negra de Notario’

Durante décadas, el paradero de los cuerpos fue un secreto a voces en el pueblo. Con el paso del tiempo, los testimonios orales y los archivos recuperados por la Agrupación de Familiares del municipio cacereño fueron tejiendo la historia. Entre esos hallazgos sobresale un documento clave localizado en el Archivo Provincial de Cáceres: la llamada ‘lista negra de Notario’. El nombre, acuñado por los zarceños, proviene del antiguo alcalde republicano del pueblo, de apellido Notario, quien logró huir tras el golpe y permaneció escondido en la sierra de Benavente —situada entre Zarza la Mayor y Moraleja— junto al secretario del ayuntamiento.

Tal como relata Montero, ambos sobrevivieron gracias a la ayuda de pastores y campesinos que, arriesgando su vida, les llevaban comida. Para no olvidar a sus benefactores y con la intención de devolverles el favor en el futuro, los dos fugitivos anotaron sus nombres en un papel. Pero aquella «bondadosa imprudencia» acabaría siendo su condena. En una de las batidas falangistas, fueron capturados y los represores se hicieron con el documento. «Al encontrar esa lista detuvieron a más de veinte personas, y muchos de ellos acabaron sepultados en La Paloma», comenta Luciano.

En busca de la verdad

Después de años de lucha por recuperar los restos de los vecinos arrojados a la mina, y tras numerosas trabas durante las tres fases de excavación y exhumación de la fosa común, los trabajadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi (con el apoyo de la Universidad de Extremadura y la financiación de la Diputación de Cáceres) alcanzaron este miércoles los 36 metros de profundidad y desenterraron primero unas monedas.

Posteriormente se localizaron los primeros restos humanos junto a la galería norte, en una de las tres bocas de la mina. Luego fueron apareciendo otros vestigios: huesos, una billetera, un mechero o la suela de un zapato, fragmentos de una vida interrumpida hace casi nueve décadas. Así lo contó Asier Izaguirre, uno de los encargados de la obra. «Es una enorme alegría, porque no hay mayor precio que satisfacer a los familiares», aseguró.

Más cerca del final

El emocionante hallazgo provocó que en la tarde de este miércoles se escucharan aplausos y palabras de agradecimiento, ánimo y satisfacción entre los familiares y descendientes de los asesinados por el franquismo en Zarza la Mayor y los municipios más cercanos. «Es la culminación de muchos años de esfuerzo», afirma Luciano Montero. «Estamos muy cerca de cerrar un capítulo que lleva más de ochenta años abierto», resume.

El zarceño lamenta que algunas personas que aparecen en las actas notariales hayan fallecido durante el proceso y no podrán ver cumplido el sueño de recuperar los restos de sus seres queridos.

Este jueves comenzaron los trabajos más técnicos, realizados por arqueólogos, espeleólogos y técnicos forenses, y estos días se incorporará otra parte del equipo de exhumación y forense para continuar los siguientes pasos, descubriendo capa tras capa los restos aún ocultos, ya que los hallados hasta ahora corresponderían a los últimos cuerpos arrojados. «Según nos han comentado, tardarán entre una semana y diez días», relata Montero. «Hasta el momento se han localizado tres cráneos distintos, ninguno completo», aclara.

Una vez recuperados todos los restos, se llevarán a cabo pruebas genéticas para intentar identificar al mayor número posible de víctimas. «Nuestro objetivo es poder entregarlos a las familias para que por fin puedan descansar en paz», añade.

Así, tras casi nueve décadas de silencio y espera, el hallazgo en la mina La Paloma representa un paso decisivo para recuperar la memoria de las víctimas y brindar a sus familias la posibilidad de honrar su recuerdo y cerrar, por fin, este doloroso capítulo de la historia.

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