Las heridas de la guerra
Morales sobre la mina La Paloma: "Franco intentó hacer desaparecer de la faz de la tierra, bajo 36 metros, a jornaleros, inocentes y personas de bien por no opinar como sus verdugos"
El presidente de la Diputación de Cáceres, taxativo: "No queremos hablar de inversión ni de rentabilidad política, solo de justicia, y, por lo tanto, no se entiende, es lamentable la derogación de la Ley de la Memoria Histórica en la Asamblea de Extremadura"

Carlos Gil
El presidente de la Diputación de Cáceres, Miguel Ángel Morales, ha reiterado que la institución provincial "seguirá trabajando para resarcir 80 años de silencio y de intento de hacer desaparecer de la faz de la tierra, bajo 36 metros, personas inocentes, jornaleros y ciudadanos de bien solo por no opinar como sus verdugos".
Así lo ha dicho tras visitar, una vez más, la mina La Paloma, en Zarza la Mayor, donde se siguen encontrando restos humanos y objetos personales de víctimas de la guerra civil y del franquismo en esta zona de la provincia de Cáceres.
"No queremos hablar de inversión ni de rentabilidad política, solo de justicia, y, por lo tanto, no se entiende, es lamentable la derogación de la Ley de la Memoria Histórica en la Asamblea de Extremadura", una ley que despertó el consenso entre la población, ha dicho, destacando que las redes de la Diputación de Cáceres, tras la publicación de vídeos y entradas con motivo del hallazgo de los primeros restos humanos en esta mina, suman ya más de medio millón de visualizaciones y más de mil comentarios "de agradecimiento, de satisfacción por que el dinero publico se pueda invertir en reconfortar a familiares de gente inocente".
Fotogalería | Las familias de los represaliados de la mina La Paloma presencian las primeras exhumaciones / Toni Gudiel
El recuerdo a Conchita Viera
Miguel Ángel Morales ha mencionado a Conchita Viera, hija de Amado Viera, alcalde de Valencia de Alcántara, asesinado por el franquismo, y cuyos restos se pudieron recuperar gracias a la exhumación de la mina Terría, llevada a cabo al amparo de esta ley.
"El 23 de octubre entregaremos los Premios Conchita Viera, ella no podrá asistir porque está malita, pero no puedo olvidar cómo, al encontrar los restos de su padre, dijo que ya podía morir tranquila, porque podía llevar una rosa a la tumba de su padre".
En este sentido, Morales ha recordado que, recientemente, el Gobierno Central ha comunicado a la diputación la concesión de 150.000 euros más, en el marco del II Plan Cuatrienal de Exhumaciones 2025-2028, para exhumar e identificar a víctimas de la guerra civil y del franquismo, "y por ese camino seguiremos trabajando".
El relato de los hechos, en hemeroteca
Enseres, un mechero, una pitillera y, por fin, restos humanos que salen al exterior en la Mina La Paloma de Zarza la Mayor. La emoción, las lágrimas, el dolor, el sufrimiento, pero también la reparación de la memoria sepultada es lo que se ha vivió la mañana del pasado sábado en la localidad cacereña, donde los familiares de fusilados en el 36 han conocido también de primera mano las explicaciones que la Sociedad Aranzadi ha ofrecido a los pies del antiguo yacimiento de fosforita.
Al mando, Lourdes Herrasti, coordinadora del proyecto y Asier Izaguirre Pasabán, autor de la maqueta que precisa y da detalles de lo que ocurrió aquel trágico verano. Sacar a la luz los primeros restos óseos a 36 metros de profundidad, escondidos bajo 300 toneladas de piedra no ha sido una tarea fácil. De ella se encargan los técnicos de esta sociedad, que realizan un trabajo encomiable para restaurar una herida abierta hace 89 años.

En la mina La Paloma de Zarza la Mayor. / Cedida por la Diputación de Cáceres
"Hemos encontrado una cartera y dentro unas monedas. Están muy bien conservadas. Se aprecia el cosido y la cremallera. También lo que hemos encontrado ha sido este cuero (lo señala), estaba justo al lado del bolsillo del pantalón. Al abrirlo, hemos encontrado un plástico que corresponde a una identificación. No se puede leer nada. No vemos fotografías, solo hemos visto que había un carnet. Y por lo demás, restos de astillas, de las piernas. Es lo que se ha conservado. Alguna vértebra, en la zona de la cadera y aquí, por último, otro de los fémures", relataban los técnicos delante de familiares, que no pueden reprimir las lágrimas y de fotoperiodistas que inmortalizaron el momento mientras Julio Chaparro, que vive en Talavera de la Reina y tiene 92 años, mostraba la foto de su padre, Fermín, uno de los sepultados tras ser fusilado. "Pensar que han querido parar esto", acierta a decir.

Morales en Zarza. / Cedida por la Diputación de Cáceres
Uno de los técnicos le entregaba una de las monedas encontradas y Luisa Álvarez las revisaba: «Me casé con mi marido cuando tenía 22 años, en 1959. A su padre se lo habían llevado cuando él tenía solo dos. Y me fui enterando de todo lo que había pasado con el paso del tiempo. Me daba mucha pena que mi marido no tuviese a su padre, y más de esta manera. Fue un salvajismo. Y mi suegra, encima, había dado a luz dos días antes a otra hija. No habían hecho nada malo, pero les mataron de un tiro», recuerda Álvarez sobre la historia de su suegro. «Ahora, al menos sabemos que aquí hay gente. A los de Zarza los olvidaban aquí. Gracias a que se empezó a remover todo, hemos logrado hallar a personas que habían sido fusiladas en el año 1936», decía orgullosa Álvarez, aunque apenada porque su esposo no haya podido despedir en vida a su padre de una forma digna.

Explicaciones de los técnicos de La Paloma. / Cedida por la Diputación de Cáceres
Los técnicos siguen relatando la dificultad del proceso que han desarrollado desde 2021: "Nos encontramos con un montón de ruedas de coches y de camiones. Lo bueno de las ruedas es que al tener mucho volumen y, al quitarlas, avanzábamos mucho. Lo peor que las ruedas pillan ratas y culebras y hemos tenido que luchar contra ellas, contra el agua y la porquería acumulada. A veces no podías ni cavar, era como chocar contra un colchón. "Lo que más me impresionó -añaden- es un señor que vino hace años para contarnos que él acudía por aquí a cazar palomas, que lo bajaban con una cuerda".
Izaguirre comenta que en 2021 bajaron 11 metros de la Paloma, de ahí hasta los 36 de la actualidad, han bajado 25 metros más y han quitado 300 toneladas de piedra, una auténtica pericia.
¿Qué ocurrió?

Toni Gudiel
Pero, ¿qué ocurrió realmente en aquel lugar durante el verano de 1936 tras el golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil Española? Luciano Montero, vecino de Zarza la Mayor y representante de la Agrupación de Familiares y Víctimas de la Represión y el Franquismo del municipio cacereño, es una de las voces más autorizadas para contar de primera mano los terribles hechos que marcaron para siempre la historia de este pueblo rayano. «A Zarza no llegó la guerra, ni ese verano ni después, pero sí los fusilamientos», recuerda. Sus habitantes quedaron aislados y aquellos días la Falange tomó el pequeño municipio sin encontrar resistencia. Lo que siguió fue una ola de ejecuciones que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva. Las víctimas fueron, en su mayoría, jornaleros agrarios y simpatizantes de la Segunda República. Sus nombres ya estaban señalados desde tiempo atrás.
Una época convulsa
El campo extremeño vivía una época convulsa: las huelgas y protestas por salarios dignos habían enfrentado a los trabajadores con los terratenientes, y tuvo lugar la gran ocupación de fincas del 25 de marzo de 1936 con el objetivo de presionar al Gobierno republicano para que implementara la reforma agraria.

Morales con Fernando Ayala, responsable de Memoria Democrática. / Cedida por la Diputación de Cáceres
Según Montero, aquellos acontecimientos, organizados por los obreros, la gente de la Casa del Pueblo y los simpatizantes de la República, ocasionaron que los terratenientes y dueños de fincas elaboraran una ‘lista negra’ con las personas que acudían a las manifestaciones y reivindicaban sus derechos. «Cuando llegó el golpe de Estado se les presentó la ocasión perfecta para matarlos impunemente y hacerlos desaparecer, y así lo hicieron», afirma.
El lugar elegido fue la mina La Paloma, una antigua explotación de fosforita abandonada y con fácil acceso desde la carretera. La profundidad de los pozos y la posibilidad de maniobrar con vehículos hasta la zona la convirtieron en un escenario ideal para ocultar los crímenes. «No tenían ni que tirarlos», explica Luciano. «Los mataban arriba y los empujaban para que cayeran directamente al fondo de las fosas, donde luego los sepultaron con toneladas de piedras».
Datos
Los datos recopilados por la agrupación indican que allí fueron arrojados más de veinte fusilados procedentes no solo de Zarza la Mayor, sino también de Ceclavín, Villamiel, Piedras Albas y otros municipios de la Sierra de Gata. Montero cuenta que las ejecuciones de los zarceños fusilados se realizaron en dos tandas. «A la mitad se los llevaron hacia Alcántara, pero allí ordenaron que fueran devueltos. De regreso se produjo una trifulca en el puente romano en la que mataron a varios de ellos y arrojaron sus cuerpos al río Tajo. Lo sabemos porque después aparecieron rastros de sangre, prendas de ropa y algunos enseres personales», subraya.

Morales escucha las explicaciones de los técnicos de Aranzadi. / Cedida por la Diputación de Cáceres
«Los que sobrevivieron fueron trasladados a la mina, donde fueron asesinados y enterrados en las fosas. El segundo grupo, en cambio, fue conducido directamente a La Paloma», detalla el zarceño.
La ‘lista negra de Notario’
Durante décadas, el paradero de los cuerpos fue un secreto a voces en el pueblo. Con el paso del tiempo, los testimonios orales y los archivos recuperados por la Agrupación de Familiares del municipio cacereño fueron tejiendo la historia. Entre esos hallazgos sobresale un documento clave localizado en el Archivo Provincial de Cáceres: la llamada ‘lista negra de Notario’. El nombre, acuñado por los zarceños, proviene del antiguo alcalde republicano del pueblo, de apellido Notario, quien logró huir tras el golpe y permaneció escondido en la sierra de Benavente —situada entre Zarza la Mayor y Moraleja— junto al secretario del ayuntamiento.
Tal como relata Montero, ambos sobrevivieron gracias a la ayuda de pastores y campesinos que, arriesgando su vida, les llevaban comida. Para no olvidar a sus benefactores y con la intención de devolverles el favor en el futuro, los dos fugitivos anotaron sus nombres en un papel. Pero aquella «bondadosa imprudencia» acabaría siendo su condena. En una de las batidas falangistas, fueron capturados y los represores se hicieron con el documento. «Al encontrar esa lista detuvieron a más de veinte personas, y muchos de ellos acabaron sepultados en La Paloma», comenta Luciano.

El abrazo de Morales. / Cedida por la Diputación de Cáceres
Felicidad amarga
"Se ha hecho justicia". Es el grito unánime de los familiares de los represaliados en la mina La Paloma de Zarza la Mayor tras los hallazgos de los primeros restos humanos de la veintena de fusilados durante el verano de 1936. Una sensación de «felicidad amarga» se instaló esta semana en todos los vecinos, pero especialmente en los descendientes de aquellos que fueron arrojados hace 89 años al fondo de una antigua mina de fosforita y olvidados en el silencio sepulcral por el miedo a una mayor represión. «Por fin vemos la luz», claman los escasos hijos que quedan con vida de aquellos que murieron por defender su ideología. Mientras tanto, la empresa encargada de la excavación, Sociedad de Ciencias Aranzadi, refuerza de forma urgente su equipo en la localidad con antropólogos y arqueólogos que bajarán al fondo de la mina para seguir con los trabajos: «De aquí no nos vamos hasta que saquemos todos los cuerpos», aseguran.
Paralizada
Tras paralizarse la obra mediante una resolución de alcaldía hace varios días porque faltaba un permiso ambiental para dar luz verde a la actuación y un duro cruce de acusaciones entre instituciones y ayuntamiento, los trabajadores regresaron al fondo de la mina La Paloma el pasado martes. Ya estaban a 34 metros bajo tierra, se estimaba que la mina tuviese unos 40 en total y conocían a la perfección el funcionamiento de esta boca de la galería oeste. Todo hacía indicar que esta vez sí. Y así fue cuando el pasado miércoles, en torno al mediodía, comenzaron a aparecer restos tras descender a 36 metros y sacar unas 300 toneladas de piedra, restos de neumáticos e, incluso, de animales.

Toni Gudiel / Antonio J. Sánchez
Monedas
En primer lugar aparecieron unas monedas. A partir de ahí, se iban sucediendo los huesos humanos, una billetera, un mechero, la suela de un zapato... Los habían encontrado. Faltaba y sigue faltando la confirmación oficial tras cotejar los restos con el ADN de los descendientes, pero los vecinos sentían que no era necesario. Eran ellos. Esta tercera fase de exhumaciones (gestionada por la Universidad de Extremadura y el Servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación de Cáceres) está resultando un éxito. Y cuando se corrió la voz por el pueblo, en apenas unos minutos ya estaban allí todos los vecinos. Mayores y pequeños. Es el acontecimiento del año en Zarza la Mayor. Y quizá, sin exagerar, del siglo.
Una nueva dimensión
Ahora, los trabajos de exhumación entran en una nueva dimensión. Desde la superficie y mientras cuatro trabajadores están bajo tierra, el técnico de Aranzadi Manex Arrastoa explica a este diario la situación de las actuaciones en la actualidad. Con la vista puesta en la televisión que retransmite en directo los trabajos, señala las dos principales galerías que tiene el yacimiento a la actual profundidad. Se enfrentan estos días a la delimitación y limpieza de la zona de exhumación para que el acceso de la antropóloga María y el arqueólogo René, se haya realizado de forma más sencilla.
Trabajos
«Nos queda poner puntales y tablones de obra para que la exhumación se realice en altura para no ir pisando los huesos. Ir excavando todos los restos óseos y hacer un dibujo para saber la situación de conexión anatómica en la que se encuentran», cuenta Arrastoa. Cabe recordar que, cuando esta misma empresa llevó a cabo un trabajo similar en la mina Terría de Valencia de Alcántara (donde se hallaron los cuerpos de Manolo Vital o el alcalde Amado Viera), encontraron un «mosaico de huesos» sobre el que actuar. No había ningún tipo de relación entre los individuos represaliados. Es una incógnita lo que hallarán en Zarza la Mayor, pero podría ser algo similar al haber pasado ya casi nueve décadas.
Felicidad
Aunque Aranzadi esté acostumbrada a acometer este tipo de actuaciones, cada vez que se producen hallazgos se desata una gran felicidad entre los trabajadores. Manex incide en que es su primera vez, no solo en Zarza la Mayor, sino en una mina como La Paloma, que es un pozo. «Ya me contaron mis compañeros que el pueblo llevaba mucho tiempo esperando y luchando para que las instituciones promocionasen esta actuación. Y ahora hemos tenido éxito. Tengo que darle las gracias a Tito y Asier, así como a Lourdes y Sebas, que son los auténticos héroes que han trabajado al máximo para hallar los cuerpos. Ahora toca lo bonito: entregar cuanto antes los restos a las familias», remarca Arrastoa con una gran sonrisa en la cara.
Cotejar el ADN
Lo siguiente será cotejar el ADN de los restos con el de los familiares. La identificación es la parte más sencilla, un proceso que apenas dura unos meses. «Necesitamos la muestra de los familiares, llevarlo a un banco de ADN y, dependiendo del estado de los restos, puede tener más o menos dificultad. Pero no suele haber mayores problemas», insiste.
Agradecimientos
Mientras los trabajos continúan los técnicos de Aranzadi tuvieron la oportunidad de disfrutar de la generosidad que se respira en Zarza la Mayor hacia ellos tras haber realizado estos importantes hallazgos. Dos concejales socialistas de la localidad como Vanessa Montero (anterior alcaldesa) y Raúl Sancho acudieron a la boca de la mina para entregar a los trabajadores agua y refrescos, así como algunos productos típicos de la localidad como bollos de Cuasimodo y otros dulces que agradecieron, y mucho.
Pero, como no puede ser de otra manera, esta historia tiene una parte amarga que también debe ser contada: la de aquel verano de 1936, con la Guerra Civil recién comenzada.
La historia de María Líneo
14 de septiembre de 1936. En el seno de una familia humilde de Zarza la Mayor nace la pequeña María Líneo, la cuarta hija. 21 de septiembre, apenas siete días después, entran a su casa un grupo de falangistas y se llevan a su padre, Zacarías Líneo, de apenas 33 años. Su madre salió corriendo tras ellos, pero le dijeron que si les perseguía acabaría con él para toda la vida y dejaría solos a sus hijos. No le dijeron dónde, ni por qué. Apenas fue una semana de felicidad con su pequeña hija. Desde entonces, se instauró el silencio. Los hijos solo podían decir que su padre estaba desaparecido. Nadie se refería a la muerte. Y mucho menos a un fusilamiento.
Paso del tiempo
Pasaron los años, las décadas. La dictadura franquista había terminado, pero el miedo a hablar permanecía en su mente. Hasta que llegó el año 2005 y todo comenzó a moverse. María, entonces, tenía 69 años. Había pasado todo ese tiempo sin un recuerdo de su padre, sin algo a lo que aferrarse en los peores días, sin un lugar al que llevar flores porque «seguía desaparecido».
Más investigaciones
Las investigaciones fueron sucediéndose. Todo el mundo apuntaba a que una veintena de personas de las zonas de Rivera de Fresnedosa y Sierra de Gata habían sido asesinados en la mina La Paloma porque los agricultores que trabajaban allí aseguraban haber oído disparos. En este antiguo yacimiento de fosforita, que en 1936 ya llevaba años cerrado, se habían lanzado sus cuerpos. La intención es que nunca fuesen hallados, y así se ha logrado durante casi nueve décadas.
Cambio en la historia

Carlos Gil
Sin embargo, la historia ha cambiado este 8 de octubre de 2025. Por fin, esa pequeña María Líneo, la que no pudo disfrutar de su padre Zacarías, así como sus hijos y familiares más cercanos, celebran efusivamente y emocionados esos hallazgos. Aún falta mucho trabajo, todavía se tienen que hallar todos los restos. Pero al menos sienten que se ha hecho justicia, que tendrán un lugar al que llevar flores en su memoria, y que dormirán tranquilos después de darles un digno descanso eterno. María, ya con 89 años y entre lágrimas, confiesa a este diario: «He sentido una alegría muy grande. Por fin he podido ver la luz al final del túnel. Es -concluye con un sollozo que llega al alma- una felicidad amarga».
Asesinados
Apenas quedan hijos de aquellos que fueron asesinados. Y los que aún viven son ya mayores. Son los nietos quienes han tomado el testigo de su lucha. Otro de los represaliados fue Luciano Montero, padre de una familia que todavía lucha por su memoria. Su hijo murió hace apenas tres años con la esperanza de que su padre fuese hallado cuanto antes. Sin embargo, no ha podido verlo con sus propios ojos. Es su nuera, Luisa Álvarez, su nieto, también llamado Luciano Montero, y su bisnieta Inma Montero quienes han podido ver con sus propios ojos sus avances. En la boca de la mina, no podían ocultar el dolor, pero también el alivio de saber que saldrán, al fin, del pozo.
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