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descifrando la realidad

Domingo Barbolla, sociólogo: "El pozo del olvido y las flores del recuerdo"

Recuerdo y olvido, día y noche, vivo. Desde el vivir con los recuerdos escogidos, olvidados los otros

Un hombre pasea con su nieto por el parque.

Un hombre pasea con su nieto por el parque. / Europa Press

Se olvidan tantas cosas que apenas unas pocas se recuerdan como tributo al tiempo. Será la noche el tiempo escogido para fundir lo acontecido en una estructura que va forjando lo que somos, irreal a los ojos de la consciencia, pero edificada sobre la experiencia vivida. Si esto fuera de esta forma, nada importaría el olvido, pues más allá del mismo mezclado está con lo que creemos ser; amalgama de olvido y recuerdo nos sitúa ante la vida en este presente vivido a pesar de que casi al instante pasará al olvido.

Recuerdo y olvido, día y noche, vivo. Desde el vivir con los recuerdos escogidos, olvidados los otros o, incluso, de ser estos muy oscuros, construidos sobre ellos otros con el rostro deseado para seguir llamándonos humanos. No se preocupen ustedes si empiezan a olvidar esas cosas que otros atesoran fruto de su infancia, o quizás esta se afiance con el paso de los años; debemos saber que recordar y olvidar son estrategias las dos inteligentes, pues el futuro se preña a la vez del olvido que de la presencia.

Procuremos que la flores de primavera permanezcan lozanas y a la vez alguna marchita para ver el contraste de lo que llamamos vida. Recuerden y olviden o, si bien quieren, olviden y recuerden, pues ambas memorias anidan en las entrañas de lo que fuimos y a la vez seremos parte de ellas reconstruidas.

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