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Blog del cronista

Emilio Arroyo, cronista de Zarza la Mayor: "Valdastillas, entre dos gargantas"

Esta localidad serrana está flanqueada por dos gargantas de abundantes aguas cristalinas y refrescantes para el viajero

Charca-lavadero.  | EL PERIÓDICO

Charca-lavadero. | EL PERIÓDICO

Emilio Arroyo

Estamos en Valdastillas, Cáceres, en las estribaciones de la Sierra de Tormantos, en el Valle del Jerte. A través de la N 110 (Plasencia-Ávila) llegamos a la CC 233 que da acceso a Valdastillas, pueblo ligado en su origen a Ojalvo, aldea medieval ya desaparecida en el Valle del Jerte.

Su término municipal convive con el cultivo de la cereza, castañas, higos, ciruelas, aceitunas y otros frutos que el agricultor cuqueño mima en su difícil orografía constituida por fuertes pendientes cultivables en bancales cuidados con esmero.

Esta localidad serrana está flanqueada por dos gargantas de abundantes aguas cristalinas y refrescantes para el viajero o senderista que busca paz y sosiego entre la diversidad de colores que ofrece la naturaleza cuqueña en las cuatro estaciones.

Visitar la garganta Bohonal o la garganta Marta es profundamente paradisiaco. En la Bohonal podemos disfrutar de un excelente chapuzón en su piscina natural y sus correspondientes barbacoas y en la de Marta, podemos observar desde el impresionante mirador la cascada de agua, quedando, al menos, impresionado el viajero. La primera la encontramos en la carretera vecinal que comunica Valdastillas con la Agrupación de Cooperativas Valle del Jerte y la otra, Marta, la encontramos en la carretera que une Valdastillas con la vecina localidad de Cabrero.

Llegar a Marta e inmiscuirse entre el robledal que la acoge, es retrotraernos a épocas pasadas de la recolección de la aceituna, pues el lugar te invita a visitar el Lagar de Marta, también conocido como el lagar de Tío Alicio, antiguo propietario, donde el viajero puede apreciar la tarea de la molturación de las aceitunas y las atrojes donde se depositaban hasta que al olivarero le tocaba el turno para la molturación y consiguiente consecución del aceite. Un remanso de paz acicalado con un merendero donde pasar el día acompañados del susurro del agua y sonidos de la propia naturaleza.

Y a pocos kilómetros, dirección Piornal, encontramos la conocida y reconocida cascada del Caozo en la garganta Bohonal, otro paraje inolvidable.

El agua discurre por Valdastillas de arriba a abajo, apareciendo en la querida Charca, antiguo lavadero de ropa y también del vientre y tripas en la época de las matanzas, discurriendo, calle abajo, la llamada regadera, atravesando los portales de la Plaza Mayor para encontrar su salida a las afueras del pueblo. Fuentes bordean la localidad, la fuente de la Ermita, la fuente de la Cooperativa, la fuente Blanca y en el paso de la regadera por Valdastillas ,encontramos la fuente del Cuco, enclavada donde antaño fue escuela y ayuntamiento, en claro homenaje al gentilicio de los oriundos de Valdastillas, cuqueños.

Pero adentrémonos en la localidad. Bella en su disposición con una arquitectura popular entramada de gran belleza, combinando el rojizo adobe con el ocre de la madera en la que, en algunos casos, se entrelazan balconadas corridas entre casas contiguas.

Visita obligada es a la Iglesia Parroquial de Santa María de Gracia, erigida en el siglo XVI, merced a la generosidad de dos obispos placentinos, Gutierre de Vargas Carvajal y Ponce de León, destacando en el interior dos retablos de cerámica talaverana.

A la salida de Valdastillas, dirección Cabrero, podemos reflexionar ante el Cristo del Humilladero que en una coqueta ermita, bajo el cobijo de un roble, en un precioso tríptico espera a sus hijos cuqueños y a los caminantes dispuestos a hacer un alto en el camino. Existió al lado de la ermita, hasta el 4 de marzo de 1990, un roble milenario el cual una noche de tormenta fue derribado, al que el poeta local Justiniano Sánchez le dedicó un poema que en su primera estrofa dice:

«Está el roble milenario, en una roca en el testero, adherido con capricho, desafiando altivo al viento, y resistiendo los ímpetus, del invernal aguacero».

El derribo del roble milenario supuso una tristeza para Valdastillas, pero como si de un milagro se tratara, del tronco volvió a nacer de nuevo el roble ya de un tamaño considerable. A dos pasos de la ermita un mirador alcanza la vista del viajero hasta el pantano y ciudad de Plasencia.

Valdastillas también es devoción y fiesta.

El Cristo del Humilladero cada 14 de septiembre está en rojo en el calendario cuqueño. Misa en la ermita, procesión hacia el pueblo, ofertorio por la tarde en la Plaza y vuelta a su ermita no sin antes pujar los brazos anteriores y posteriores de las andas para introducirlo en la ermita. Devoción cuqueña.

La devoción vuelve a repetirse cada 13 de diciembre, Santa Lucía, fiesta en la que el pueblo elabora un ramo que procesiona junto a la Santa y el ramo posteriormente es cantado en la iglesia por unas chicas o señoras y portado por unos chicos o señores perfectamente ataviados para la ocasión. El inicio del canto dice así:

«Para empezar a cantar,

licencia le pido al pueblo,

y también a la justicia

y al señor cura el primero».

Recorrer las calles de Valdastillas con su Pasión Viviente el día de Jueves Santo por la noche es otro momento íntimo cargado de religiosidad y recogimiento. Estampas sobrecogedoras impregnan de emoción y sentido cristiano a todos los presentes.

Cada Sábado de Gloria viene el jolgorio, el día de los Quintos, ahora los mozos y mozas que entrarían en quinta cada año, dan rienda a la diversión acompañados de familiares y amigos en un ambiente de concordia y amistad.

Y no podemos olvidar la Matanza Cuqueña, que este año, el 22 de noviembre, celebra la X edición dentro del programa Otoñada en el Valle del Jerte.

Parada y fonda encontrará el viajero en la Casa y restaurante Rural Garza Real y en el Hotel Balneario Valle del Jerte. Saborear sus patatas escabechás, ensalada de naranja, mentraños, sopa cachuela, buñuelos, huesillos, rosas… Todo un maridaje de cultura, tradición, naturaleza y gastronomía.

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