Bienestar y alimentación
"Comer bien también alimenta la mente": lo que dicen los expertos en Cáceres
Psicólogos y nutricionistas cacereños alertan de la estrecha relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos: una dieta equilibrada puede reducir la ansiedad y mejorar el ánimo

PI STUDIO

En los últimos años, la relación entre alimentación y salud mental ha dejado de ser un tema marginal para convertirse en una de las grandes líneas de investigación en psicología y nutrición. Cáceres, donde las enfermedades emocionales como la ansiedad y la depresión han aumentado de forma significativa tras la pandemia, no es una excepción. Profesionales sanitarios de la ciudad coinciden en que lo que comemos influye directamente en cómo nos sentimos.
De la tripa al cerebro
"El intestino y el cerebro mantienen un diálogo constante", explica María González, psicóloga sanitaria en una clínica del centro de Cáceres. "No solo las emociones afectan al apetito, también ocurre al revés: una dieta pobre puede alterar los niveles de serotonina y provocar cambios en el estado de ánimo".
La especialista subraya que, aunque no existe un alimento "mágico" contra la tristeza, sí hay patrones dietéticos que favorecen el bienestar mental. Entre ellos, el conocido modelo mediterráneo, basado en frutas, verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva, se presenta como una de las mejores armas preventivas frente a la depresión.
Menos ultraprocesados, más equilibrio
Desde otra consulta de nutrición, el dietista Javier Blanco advierte que el consumo excesivo de azúcares y ultraprocesados está teniendo un impacto silencioso. "El abuso de estos productos puede generar picos de glucosa que afectan a la energía y al estado emocional. No se trata solo de obesidad o colesterol, sino de cómo la química del cuerpo repercute en la mente", comenta.
Según datos del Servicio Extremeño de Salud (SES), más del 40% de los extremeños reconoce no seguir una dieta equilibrada. En Cáceres, la cifra es incluso mayor entre los jóvenes de 18 a 30 años, donde la comida rápida y los horarios irregulares son la norma.
Comer en compañía y sin pantallas
Los expertos también destacan la importancia del entorno y los hábitos sociales en torno a la comida. Comer sin prisas, en compañía y sin pantallas mejora la digestión y favorece la conexión emocional. "No solo importa qué comemos, sino cómo", apunta González. "Un entorno relajado y el disfrute de la comida activan mecanismos de placer y reducen la ansiedad".
Iniciativas locales
En Cáceres, algunas asociaciones y colegios están empezando a integrar talleres sobre nutrición emocional. De hecho, desde un instituto de la ciudad se ha incluido este curso un programa piloto que combina educación alimentaria y mindfulness para adolescentes. La idea es que aprendan a escuchar a su cuerpo y a relacionarse de forma más consciente con la comida.
La conclusión es clara: cuidar la alimentación es también cuidar la mente. Y aunque todavía queda camino por recorrer en materia de educación nutricional, Cáceres empieza a dar pasos hacia una salud integral que une cuerpo y emoción.
Y es que llevar una buena alimentación sostenida en el tiempo tiene un impacto positivo directo en la salud de las personas. En contra, el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados o de refrescos puede generar cansancio, falta de energía o la aparición de enfermedades crónicas que se podrían prevenir comiendo bien. Eso sí, los productos más insanos son, en ocasiones, los más baratos de la cesta, según ha explicado Violeta Floriano en una entrevista que publica hoy este diario.
Floriano incide en que "llevar una buena alimentación sostenida en el tiempo tiene un impacto directo en nuestra salud, hace que nos sintamos bien, que tengamos energía, y que nuestros niveles de azúcar, colesterol e hipertensión estén mejor controlados. Si aprendemos a comer bien, podemos prevenir la aparición de muchas enfermedades crónicas, por lo que es esencial que, desde la infancia y la adolescencia, se instauren buenos hábitos alimentarios. Para ello, es fundamental el ejemplo de los mayores".
Añade que "antes, la figura del dietista-nutricionista no se conocía, y hoy estamos presentes en la vida de muchas personas. A la consulta cada vez vienen más pacientes con el objetivo de cambiar hábitos alimentarios para sentirse mejor, aunque no siempre es fácil, porque lo que interesa es que los cambios puedan mantenerse en el tiempo, para que tengan repercusión en nuestra salud. Seguimos con la mentalidad de hacer dieta, y para mí es un error, puesto que una dieta tiene un final. Mi misión es educar y enseñar que la alimentación saludable es algo que tiene que acompañarnos el resto de nuestra vida".
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