Vocaciones y tradición
La herencia del uniforme en Cáceres: cómo la cultura familiar influye en la elección de una carrera militar
En muchos hogares, el ejemplo de padres y abuelos en las Fuerzas Armadas sigue marcando las decisiones profesionales de las nuevas generaciones

El Periódico Extremadura
En España, más de un tercio de quienes ingresan cada año en las academias militares reconocen haber tenido algún familiar directo en las Fuerzas Armadas. La tradición, el sentido del deber y el orgullo por la patria siguen siendo valores que se transmiten de generación en generación, especialmente en regiones con fuerte presencia militar, como Extremadura, donde el Ejército mantiene una huella social y económica relevante.
"En mi casa siempre se hablaba del Ejército"
"Mi padre fue soldado profesional, y desde pequeño escuché historias sobre misiones y camaradería", cuenta Carlos Paniagua, joven cacereño que se prepara para las pruebas de ingreso en la Academia General Básica de Suboficiales. “No fue una imposición, pero sí una inspiración. Crecí con la idea de que servir era algo noble”.
La socióloga María José Rincón, especialista en educación y valores, explica que este tipo de vocación heredada “se apoya en un imaginario colectivo donde el uniforme representa honor, estabilidad y respeto”. Sin embargo, advierte de que “también puede limitar la exploración de otras opciones profesionales si el entorno familiar no fomenta la autonomía en la decisión”.
Entre la tradición y la elección personal
En muchas familias militares, la continuidad generacional se vive con orgullo. El Cefot cuenta entre sus filas con soldados que son hijos y nietos de antiguos efectivos del mismo acuartelamiento. “Es frecuente que los hijos de militares sientan la vocación desde jóvenes, porque ven en casa los valores del esfuerzo, la disciplina y el compañerismo”, señala un portavoz del Ministerio de Defensa.
No obstante, las nuevas generaciones enfrentan una realidad distinta. “Hoy la motivación no solo es el legado familiar”, explica, “también influye la estabilidad laboral, las oportunidades de formación o el deseo de vivir experiencias internacionales”.
Influencia del entorno y percepción social
El peso de la cultura familiar varía según el contexto. En áreas rurales o pequeñas ciudades, donde la figura del militar está muy presente, el prestigio y la identificación con el cuerpo suelen ser mayores. En entornos urbanos, la elección responde más a intereses personales o profesionales.
“El Ejército ya no se percibe solo como una vocación heredada, sino como una salida sólida con valores”, apunta. “Pero donde existe tradición familiar, esa influencia sigue siendo determinante: el ejemplo cotidiano y la narrativa del deber pesan tanto como cualquier orientación académica”.
Más allá del uniforme
Para muchos jóvenes, la decisión de ingresar en las Fuerzas Armadas es una forma de continuar una historia. Pero también de reinterpretarla. “Yo quería servir, como mi abuelo, pero desde otro enfoque”, dice Laura Sánchez, que optó por la vía universitaria a través de Medicina Militar. “En casa me apoyaron, aunque les sorprendió. Al final entendieron que la vocación puede heredarse, pero no copiarse”.
El Ejército español, consciente de la diversidad de perfiles, promueve hoy una imagen más abierta y moderna, donde la tradición y la elección personal conviven. Y aunque la cultura familiar sigue marcando el camino de muchos, cada vez más jóvenes deciden ponerse el uniforme por convicción propia, no solo por herencia.
El ejemplo de Wenxuang Jiang Li
Una densa niebla matinal envuelve el paisaje del Acuartelamiento Santa Ana de Cáceres. Mientras los soldados apuran sus últimas horas en su promoción del Cefot, Wenxuang Jiang Li (Barcelona, 12 de mayo de 2005), a quien todos conocen cariñosamente como Álex, se dispone a atender a este diario para explicar los motivos que le han llevado a ser el mejor de su curso militar. En apenas unos días formará parte del Regimiento de Infantería Asturias 31, en la base de El Goloso (al norte de Madrid), pero este recinto quedará siempre en su recuerdo como el lugar en el que obtuvo su primera gran responsabilidad:demostrar a compañeros y mandos por qué le han elegido como número uno en la Fase de Formación Militar General.
Tiene ascendencia asiática, pero nació en España. Estuvo sus primeros cinco años en China con sus abuelos y después regresó a la ciudad condal, donde pasó su infancia. Después se mudó a Madrid. Estudió Bachillerato, aunque desde joven sabía que su futuro estaría ligado a las Fuerzas Armadas.
P: ¿Por qué decidió formar parte del Ejército de Tierra?
R: Crecí en un ambiente familiar en el que inculcaron la cultura del trabajo. Ayudé en varios negocios de familiares y amigos de mis padres y me desarrollé poco a poco en trabajos más físicos y donde había un gran compañerismo. Era algo que me apasionaba. Cuando me hice mayor, me empezó a gustar el deporte. Tenía unos 14 años cuando decidí que quería ser militar. Fue un momento muy concreto. Sufrí una herida en la pierna y, como me gustaba mucho moverme, me deprimí por tener que ir con muletas a los sitios. Entonces, iba por la mañana de camino al colegio pensando qué iba a hacer ahora que no podía hacer ejercicio. Me sentía decaído. Pero ví un coche de la Guardia Civil pasar justo frente a mí, salieron dos agentes y comenzaron a llamar a la puerta de una tienda. Parecía que había un problema. Se me pasó por la mente que eso era lo que realmente quería hacer.
P: ¿Cómo fue su integración en el Centro de Formación de Tropa?
R: Bastante bien. Sobre todos los primeros días, que estaba lleno de dudas. Tenía que compartir la nave con 400 personas, los mandos eran estrictos y había mucha presión porque era todo nuevo. Pero, cuando comienzas a hablar con los compañeros y te empiezas a adaptar, se lleva muy bien.
«Cuando me nombraron y fui a recoger el diploma escuché el murmullo. Me lo esperaba»
P: ¿Cómo es la vida en un Cefot?
R: Los días son ajetreados, rápidos, inciertos… Nunca sabes lo que te va a tocar, tienes un horario que te pueden cambiar de repente y debes estar listo. Es algo que está bien porque te ayuda de cara al futuro. Nos levantamos a las siete de la mañana, hacemos ejercicios físicos, damos temario de infantería, especialidad de los militares de campo y algunas charlas sobre cosas interesantes. Nos vamos a dormir a las once, que es la hora de silencio. Mi vida antes, en la cultura asiática, ya era muy recta. En ese aspecto, no hubo muchas diferencias. Yo ya tenía hora de dormir, de levantarme, de comer… Gracias a eso, ya estaba acostumbrado a una vida recta.
P: ¿Qué es lo más duro que se ha encontrado?
R: Hay muchos días que, físicamente, son muy duros. Pero creo que lo peor es el asunto psicológico, estar aquí encerrado. En mi compañía no solemos salir, siempre hay algo que hacer y cosas pendientes por terminar. Y los fines de semana no he regresado mucho a mi casa porque nos puede tocar hacer guardia u otros servicios. El no poder ver a la familia es muy complicado y ha hecho que muchos soldados hayan abandonado el Cefot.
P: Es usted el número uno de la Fase de Formación General Militar, ¿qué sintió al ser distinguido con tal reconocimiento?
R: Es un gran honor. Me sentí muy orgulloso. Para mí, no fue fácil. Estuve dos años intentando realizar los trámites para acceder. Entrar aquí y lograr todo lo que he conseguido me ha hecho muy feliz.
P: ¿En quién pensó cuando le nombraron? ¿Se acordó de sus familiares?
R: En mi familia, sobre todo en mi hermana menor. Ella siempre ha estado conmigo y me ha ayudado para superar los baches psicológicos. Ha sido un gran apoyo porque podía contarle todos mis problemas.
P: Al ser nombrado para recoger el diploma sonó un murmullo entre los asistentes, quizá no se esperaban que el mejor de la población fuese de origen asiático. ¿Se dio cuenta en ese momento? ¿Qué pensó?
R: Sí, lo escuché en ese momento y me lo esperaba desde antes. Sabía que, cuando se anunciase, se darían cuenta de que era asiático. Creo que todos se lo han tomado bien, he escuchado algunas bromitas sin mala intención y después todo el mundo me felicitó y me dieron la enhorabuena. No hay ningún problema. Creo que lo mejor que tiene España es su gente.
P: ¿Cuál es el secreto para lograr ser el mejor de la formación? ¿Constancia? ¿Disciplina?
R: Lo más importante en el Cefot es ser constante. No ser el mejor y el más increíble en un solo aspecto, sino ser bueno en el aspecto general (tema físico, estudios y mental…). Eso es la Infantería, una mezcla de todas las habilidades.
P:¿Siente responsabilidad desde ese momento?
R: Desde el día que me lo dijeron, la información se esparció muy rápido y ya todo el cuartel me conocía. Sentí que tenía que dar cierta imagen, no ir por libre. También debía mostrar a todos los que me veían lo que había logrado. Además, intenté sacar aún mejores notas. Sentía la presión de que tenía que lograrlo.
P: ¿Cómo prevé su futuro? ¿Estará vinculado al Ejército?
R: Ahora voy a estar tres años en el Regimiento de Infantería Asturias 31, en la base de El Goloso (Madrid). Tengo muy claro que voy a prestar servicio en las Fuerzas Armadas hasta que me jubile. Tengo algunas ramas pensadas en el Ejército porque me gustaría ascender algunos rangos, pero también me planteo ir a la Guardia Civil.
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