Sin consecuencias
La Madrila de Cáceres, un mes después de la trágica muerte de Pirlo: "Todo sigue igual"
Hay vecinos a los que les cuesta dar la cara por temor, pero quienes la dan echan balones fuera hacia las discotecas del barrio, señalándolas como el epicentro de todos los problemas

Carlos Gil
Cada vez que el barrio de La Madrila es noticia es por peleas o problemas. Hace un mes lo fue, tristemente, por el fallecimiento de Jonathan Espinoza, 'Pirlo, tras una pelea en las puertas del estanco de la avenida Virgen de Guadalupe. Por entonces se puso el foco, una vez más, en un tema: ¿hay inseguridad en el barrio? En su momento hubo división de opiniones entre vecinos y comerciantes, pues unos decían que sí y otros que no. Pero un mes después, y quizás más en frío, parece que hay más consenso en el tema y todos ven el foco del problema en el mismo sitio.
«La parte alta y la parte baja de La Madrila no tienen nada que ver», comentan algunos vecinos. Es más, señalan que la pelea que acabó con Jonathan, conocido por todos como Pirlo, fue algo más bien «exportado» de la parte de las discotecas y pubs del barrio, la plaza de Albatros. «Esta zona es tranquila, tal y como se puede ver por las mañanas», comentan. Bien es cierto que cuando paseas por Doctor Fleming o la plaza de Bruselas respiras tranquilidad, haya luz o no. Y eso que hay bares siempre frecuentados como La Fontana.
Por eso, los vecinos, quizás un poco 'quemados' ya con el tema, echan balones fuera hacia la zona conflictiva de la barriada. Si neutralizas esa zona, quizás el barrio entero gane en seguridad. Porque los problemas de la parte baja acaban amenazando a la parte alta. El mayor de los ejemplos sobre esto es el testimonio que dio Enrique Carrero, del bar Zany, de la calle Niza, entonces a este diario. Tuvo que dejar de abrir los sábados «porque tenía que estar llamando a los guardias cada dos por tres, ya que los chavales borrachos venían a molestar a quienes estaban aquí tranquilamente desayunando». Un ejemplo de cómo una zona tiene que convivir con la otra.
Situaciones dantescas
Un testimonio valioso es el de Olga, quien vive a escasos metros de la 'zona conflictiva'. «Hay inseguridad por el tema de los bares que cierran a altas horas o que abren a horas que no deberían», comienza diciendo. «De ahí salen de cualquier manera, y se dedican a romper retrovisores o increpar a la gente», situaciones que, desde luego, generan «miedo». «Es inimaginable las que se lían cuando viene la gente a las tantas de la mañana debajo de mi casa: a voces, mi retrovisor se lo han cargado varias veces, pero también los de otros coches… He visto a gente meterse rayas enfrente de mi casa, en la poyata de mi garaje», comenta indignada, pero sin tapujo alguno.
La vecina no duda cuando se le pregunta sobre lo que cree que hay que hacer para mejorar la situación. «Creo que si hubiese más policía, desde luego estarían más intimidados. La gente creo que se cortaría un poquito más». Parecía que, tras el caso de Jonathan, iba a haber algún cambio, pero ella no lo ha notado. «Yo no he notado absolutamente nada. Es verdad que llevamos un par de fines de semana que la cosa no está localizada aquí por Horteralia o el Extremúsika, pero el mismo sábado de Horteralia, cuando llegué, ya había jaleo a las 3 de la mañana», comenta. «De momento no ha habido cambio ninguno», concluye.
Los excesos del finde
Francisco, aunque no vive en el barrio, sí trabaja allí y puede asegurar que «los días de diario nunca hay peleas, es más cosa de los fines de semana, y de madrugada», apuntando a «los accesos a La Madrila, las discotecas y los excesos como el alcohol». «Todos hemos sido jóvenes y hemos pasado por esa zona, quizás los excesos o las nuevas culturas son nuevos factores a valorar», comenta sobre la mala fama del barrio. Y también recoge el testigo de Olga y apunta que «quizás aumentar la presencia policial los fines de semana podría ayudar».
Los problemas de la zona no son nada nuevo. Los vecinos llevan años con un pulso con el ayuntamiento con el tema del ruido, y cada cierto tiempo sale alguna noticia como aquel tiroteo precisamente en Albatros o la pelea por una plaza de aparcamiento.
Oídos sordos
Por todo esto lleva la Asociación de Vecinos de La Madrila-Peña del Cura en pie de guerra contra el consistorio muchos años. Su presidente, Francisco de Borja, comenta, con cierto tono de desesperación, que «todo sigue igual». «Que yo sepa no se ha tomado ninguna medida. Sí he estado con gente del ayuntamiento y les he expuesto el problema, y me han dicho que todo ha ido a mejor, pero porque unos días hay más y otros menos». Básicamente, «ninguna novedad». La asociación se pronunció tras el caso de Jonathan y pidió «analizar lo sucedido y aprobar un plan de acción y control», pero como se puede observar: oídos sordos.
¿Cuáles son esas medidas? De Borja responde. «Acentuar la vigilancia, para ver que también hay menores de edad, más controles... nada nuevo». Y añade que «todo esto lo sabe perfectamente el ayuntamiento, se lo hemos comentado en numerosas ocasiones. En sus manos está. Nosotros solo podemos reiterar nuestras peticiones, no hacemos otra cosa». También defiende al cuerpo policial. «Entendemos que bastante hace la policía en poder contener lo que puede para los pocos efectivos que son, pero habrá que tomar otro tipo de medidas por parte de la administración», afirma.
El presidente de la asociación parece mostrarse pesimista cuando recuerda que «las cosas se suceden hasta que vuelve a ocurrir otra cosa. ¿Cuándo? No lo sé». «Lo que está claro es que cuando hay concentración de gente, ruido y agresividad por parte del público en determinados momentos, evidentemente la violencia puede surgir con más facilidad que si no hay», concluye.
Montones de personas pasan todos los días frente al lugar donde Jonathan perdió la vida, y solo unos pocos son conscientes del ramo de flores que lo recuerda. El contraste de un barrio con dos caras que quedó conmocionado hace un mes y la única consecuencia ha sido la rotura de una familia y la pérdida de un amigo. Si no se toman medidas, el día de mañana le puede tocar a otra persona.
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