Etnobotánica y patrimonio natural
Una ruta por la Ribera del Marco rescata los usos tradicionales de las plantas en la cultura rural de Cáceres
La Biblioteca Pública y ARBA Extremadura organizan un paseo guiado para redescubrir el valor cultural y ecológico de las especies autóctonas

Imagen de la Ribera del Marco con unas natillas en primer plano. / José Pedro Jiménez

La Ribera del Marco volverá a convertirse en aula viva el próximo sábado 8 de noviembre con la actividad “Usos y saberes sobre las plantas de la Ribera del Marco”, un recorrido pausado e ilustrado que invita a reconocer algunas de las especies vegetales más comunes y los usos tradicionales que la sociedad rural cacereña y extremeña les dio hace apenas unas décadas.
El paseo, de carácter etnobotánico, propone un acercamiento participativo al patrimonio cultural e inmaterial asociado a la naturaleza: desde las aplicaciones alimenticias, medicinales o estéticas de las plantas, hasta sus funciones en la higiene, las festividades populares o la tecnología artesanal.
La actividad partirá a las 10:00 horas desde el entorno del Espacio para la Creación Joven y la Ronda de San Francisco de Cáceres, y está abierta a todos los públicos. Las inscripciones, con plazas limitadas, pueden realizarse en la Biblioteca Pública del Estado “A. Rodríguez-Moñino/M. Brey” (teléfono 927 001 614, WhatsApp 608 701 525 o a través del portal www.bibliotecaspublicas.es/caceres/).
El encuentro forma parte del proyecto ARBA Extremadura (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono) y su Escuela de Naturalistas, que promueve la educación ambiental y el voluntariado conservacionista. Desde la organización animan a los ciudadanos a participar activamente: "El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión", recuerdan citando a Paulo Coelho.
Conocer, conservar y amar
Los promotores subrayan que este tipo de actividades ayudan a reforzar el vínculo entre la ciudadanía y el entorno natural, fomentando el respeto por la biodiversidad y la transmisión de conocimientos ancestrales. En palabras del colectivo: “Conocer, conservar y amar lo que nos rodea es la hoja de ruta más razonable para proteger nuestro mundo”.
Y es que adentrarse en la Ribera es siempre motivo de sorpresa; lo está siendo incluso en el sector de los guías turísticos que ya incluyen la ruta del Marco en su periplo cacereño. Hablar de la Ribera es hacerlo del nacimiento de Cáceres, de las cañadas reales del medievo, del paso romano de la Vía de la Plata que discurre paralelo al Marco. Da idea de la importancia del agua en el asentamiento de los primeros pobladores cacereños, aunque la ignorancia defienda que tenemos un riachuelo, cuando en realidad por Cáceres fluye un río oculto entre la maleza y el abandono. ¿A quién se le hubiera ocurrido instalarse en un secarral? Llegaron aquí en busca de las bondades de un cauce que era una hermosura.

Imagen de la Ribera del Marco. / Carla Graw
Desde la parte antigua nuestros pies nos llevan hasta la Cuesta del Marqués y la calle Tenerías, donde se agrupaban los trabajadores del cuero, que necesitaban el agua y por ello habitaron esa zona que miraba al este de la villa. De allí bajamos a Fuente Concejo, famosa por la calidad de sus aguas, con capacidad para 10.000 cántaros diarios y de titularidad municipal.
Más allá se conserva la cisterna de san Roque, situada a los pies de la Torre del Pozo, que se llenaba con las filtraciones de la Ribera y que estaba protegida por esa torre coraza que la convierte en una de las señas de identidad de la capital.
Más arriba, el puente de San Francisco se erige como símbolo del barrio. Nació para conectar el convento de los franciscanos con el recinto intramuros. Se levantó en el siglo XVI con la intención de salvaguardar el badén y no cortar el paso a pie en tiempos de lluvia, aunque antes de su construcción las comunicaciones llegaron a realizarse con canoas.
A su lado, el Museo de Pedrilla, que fue consulado portugués y su diseño se inspiró en las quintas alentejanas. A sus espaldas está Fuente Fría, que recibe el agua de La Trocha, camino que baja de la Montaña y que conforma el único caudal público que sigue estando en uso.
En línea recta llegamos a ese convento de San Francisco, que contó con las dificultades propias de la época para que las órdenes religiosas masculinas se instalaran en Cáceres. Los monjes lo consiguieron, eso sí, al otro lado de los palacios de la nobleza pero junto a una ribera que aseguraba el sostenimiento y cuidado de sus huertas primorosas.
El Brocense
El Brocense es un edificio elefantiásico que como muchos otros se vio afectado por la Desamortización de Mendizábal y que fue hospicio, hospital, cuartel militar y hoy alberga la Institución Cultural El Brocense de la diputación. El Brocense tiene nombres y apellidos: Francisco Sánchez de las Brozas, nacido en el municipio cacereño del mismo nombre y que ha sido indudablemente uno de los más importantes exponentes de la cultura extremeña.
Apodado El Brocense, Sánchez vivió en Lisboa, donde estuvo al servicio de los reyes Catalina y Juan III y permaneció en la corte del reino portugués hasta la muerte de la princesa en 1545. En 1584 tuvo su primer encontronazo con la Inquisición tras ser denunciado por un clérigo y un estudiante, aunque fue luego exculpado. Su tremenda capacidad crítica (para él la mayor autoridad era la razón) y su inconformismo con la autoridad provocó que los censores restringieran la circulación y divulgación de sus obras.

Bodegón en la Ribera. / José Pedro Jiménez
Tampoco escapamos a lo que la vista no puede dejar de mirar: el hospital, también a la orilla de la Ribera, inaugurado el 14 de junio de 1956 con la denominación Residencia Sanitaria San Pedro de Alcántara. Mucho dolor covid entre sus muros, pero también mucha investigación y entrega de los profesionales de la sanidad en estos tiempos de incertidumbre.
Un paso adelante y aparece la Cañada Real, donde se conservan algunos pilares o mojones medievales que en su día sirvieron para indicar la Vía de la Plata. Nos adentramos ya en una de las zonas de mayor potencial de la Ribera, el lugar donde emana su originario manantial: la Fuente del Rey. Alrededor se amontonaba una cantidad inmensa de molinos y almazaras que denotan también la importancia que la trashumancia tuvo en Cáceres. Allí está el Callejón de la Bula, empedrado y principal acceso al Marco, ahora custodiado por las obras de la ronda este.
Cautiva la Huerta del Conde, otrora lugar de aristocráticas tertulias y tiro de pichón, situada muy cerca de la puerta con aspiraciones majestuosas que hay al lado del Palacio de Justicia, pero que no fue más que el acceso a una huerta aunque la tradición oral la sitúe como entrada a un antiguo cementerio. No es así. El primer cementerio sí estuvo en el Espíritu Santo, pero algo más alejado. Se construyó allí después de que Carlos III prohibiera los enterramientos en el interior de la ciudad para evitar epidemias.
Llegamos al Espacio de la Creación Joven cuyo acceso se sitúa bajo un puente medieval desparecido. Los cacereños tendemos a maltratar nuestros puentes porque siempre hemos pensado que nuestro río no tiene la envergadura suficiente para respetarlos. El agua sigue su curso y la ruta toca a su fin. Su relato está más de moda que nunca porque la visitas guiadas ganan adeptos.
La Ribera nace en el Calerizo y a lo largo de sus siete kilómetros acumula piedras con fósiles vegetales que merecerían su respeto, conservación y catalogación. Desde su caudal originario en la Fuente del Rey (frente al Palacio de Justicia) hasta su desembocadura en el Guadiloba, siempre fue hermana de Cáceres. Las cosas cambiaron primero en los 60 cuando se proyectaron tres pozos en la cerca de San Jorge (en las inmediaciones del actual Espacio para la Creación Joven) que taladraron el Marco, y luego en los 70 tras la aparición de los supermercados, que siempre dieron la espalda al potencial de los productos autóctonos que cultivaban nuestros hortelanos.
Esos tres pozos, interconectados, dieron de beber a Cáceres hasta que en 1971 se inauguró el pantano del Guadiloba. Hoy continúan en activo y de ellos se toma el agua para regar el parque del Rodeo o las vías públicas de la capital. Se puede lograr para la Ribera del Marco el título de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco siempre y cuando la Ribera se embellezca y se libere de contaminación. Un primer paso es el proyecto de ampliación de la depuradora que afrontará la Confederación Hidrográfica del Tajo, responsable del cauce. Pero es necesario avanzar. La iniciativa tiene de su lado una aliada imprescindible: el agua. Y mientras siga habiendo agua este lugar es un paraíso.
En su entorno se ambientaron leyendas al abrigo de la callejuela de la ‘Mansaborá’
De hecho, los hortelanos de una parte de la Ribera del Marco exigen, por su parte, una solución al desperdicio de agua que se produce en sus parcelas debido a la antigüedad de las canalizaciones que datan de 1900 y que provoca que se malgaste gran cantidad de la que debe usarse para regar sus cultivos.
Es una petición más que se suma a la realizada durante la pasada legislatura cuando la Comunidad de Regantes La Concordia mantuvo un encuentro en Mérida con la entonces consejera de Agricultura, Begoña García Ramos, para acogerse a una línea de ayudas del gobierno autonómico que podría suponer el inicio de su transformación, una auténtica revolución que pondría al río de Cáceres en primera línea del desarrollo agroganadero de la capital cacereña. Pasaba por un proyecto de modernización de las explotaciones de huertas que, en números redondos, podría suponer una inversión de 1 millón de euros. Que siga la lucha, antes de que las ranas emigren y mueran los lirios.
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