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Invasión salvaje en la ciudad

Los jabalís toman Cáceres: del vídeo viral al control con arco que frenó su expansión

De recorrer la subida al santuario de la Montaña a causar destrozos en Montesol, se han convertido en vecinos habituales aunque lo cierto es que un plan pionero ha logrado reducir los avisos

Los jabalíes irrumpen de nuevo en la subida al santuario de la Montaña

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Vayamos a febrero de 2020: una piara de jabalís, con sus correspondientes crías, campando a sus anchas por la subida al santuario de la Montaña de Cáceres, tratando de sortear a personas y vehículos. Segundos después un video se hace viral. Los autores de la grabación no pueden evitar su sorpresa con frases como estas: "Hostia, qué punto", "¿Estos de dónde han salido?", "Pero si tienen cuatro crías", "Cuidao, cuidao que...", "Uy, uy, uy", "Anda que te dejas a los chiquitillos detrás", "Joder, macho", "Me cago en la leche", "Esto es acojonante", "Qué guay" o "Qué pasada".

Ayer mismo, otro caso se daba a conocer en la barriada cacereña de Montesol, cuando los vecinos notificaron un aumento de destrozos en los jardines y mostraban su preocupación por la cercanía de jabalís a las áreas infantiles y residenciales.

Y es que en la actualidad, las escasas opciones que les otorga el campo para la alimentación y el agua fuerza a muchos animales a concentrarse en los núcleos de población para buscar sustento. De manera que en la capital se mueven sobre todo por las zonas cercanas a la ladera de la Montaña. También se les ha visto en la rotonda de la Guardia Civil, en la barriada de Vistahermosa, en la gasolinera situada frente a Charca Musia, en el Residencial Universidad, en El Junquillo o en el campus universitario.

Los jabalís están acostumbrados a la raza humana y, por lo general, no son peligrosos; pero, ante su presencia, se recomienda actuar con precaución. El jabalí no ataca si no es atacado. Solo es peligroso si está herido o si le intentan quitar a sus crías. El vídeo, sin duda, merece la pena verlo.

El Servicio de Control con Arco de Especies Silvestres (Scaes), gestionado por la Federación Extremeña de Caza, ha conseguido resultados positivos en la gestión de la sobrepoblación de jabalíes en el casco urbano de Cáceres.

Este servicio, autorizado el 10 de mayo de 2022, nació como respuesta a la creciente presencia de jabalíes en el casco urbano y su entorno, que provocaba daños, accidentes y numerosas quejas vecinales. Antes de su puesta en marcha, la Policía Local registraba hasta 88 avisos al año por la presencia de estos animales en distintas zonas de la ciudad.

Durante el último periodo de actuación —de agosto de 2024 a septiembre de 2025—, el grupo de 18 arqueros cualificados ha llevado a cabo un control selectivo en el entorno urbano y periurbano de la capital cacereña, con un resultado de 41 jabalíes controlados.

Datos

Los datos reflejan una reducción drástica y sostenida de la presencia de jabalíes en el municipio desde que comenzó el programa. En el primer año completo de trabajo (2022-2023), el SCAES realizó 138 salidas, con 45 ejemplares capturados y una disminución de los avisos vecinales a solo 17. Actualmente, los avisos vecinales por presencia de jabalíes se han reducido prácticamente a cero, según los registros de la Policía Local de Cáceres.

La imagen de un jabalí recorriendo una avenida o rebuscando entre contenedores de basura ha dejado de ser una rareza. En ciudades como Cáceres, Barcelona, Madrid o Vigo, estos animales silvestres se han convertido en visitantes habituales. La presencia de jabalíes en entornos urbanos es consecuencia directa del abandono rural, el aumento de zonas verdes y la búsqueda de alimento fácil. Pero su adaptación a la ciudad tiene efectos que van mucho más allá del susto ocasional.

Los efectos

La presencia constante de jabalíes altera la dinámica ecológica de las ciudades. Su costumbre de hozar el suelo en busca de raíces y lombrices degrada parques y jardines, mientras que su competencia con otras especies locales reduce la biodiversidad. Además, el contacto frecuente con las personas aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas, como la peste porcina africana o la leptospirosis.

Los expertos coinciden en que las batidas no son la solución definitiva. Entre las alternativas más sostenibles figuran el control de la alimentación (evitando restos orgánicos en la vía pública), la instalación de vallados selectivos, la esterilización de ejemplares y el uso de repelentes olfativos. Algunas ciudades, como Barcelona, han experimentado con el uso de dardos anestésicos para trasladar a los animales a zonas seguras.

La proliferación de jabalíes afecta a anfibios, reptiles y aves que comparten su hábitat. En parques periurbanos, arrasan nidos, remueven el suelo y modifican la composición vegetal. Este desequilibrio repercute en especies protegidas que no están adaptadas a la presión de un depredador oportunista como el jabalí.

Qué pueden hacer los ciudadanos

Evitar alimentar a los animales, proteger los cubos de basura con cierres seguros y reforzar las vallas de jardines y zonas de juego son medidas básicas. Los ayuntamientos también recomiendan no dejar comida para gatos o perros callejeros, ya que actúa como un imán para los jabalíes.

Mientras que en el campo el control se realiza principalmente mediante la caza, en la ciudad se opta por técnicas no letales. La dificultad radica en equilibrar la seguridad pública con el bienestar animal, una cuestión que genera debate social y político.

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, la población de jabalíes en España ha crecido más de un 30 % en la última década, con un repunte significativo en entornos metropolitanos. Barcelona registra más de 1.200 incidencias anuales, Madrid supera las 600, y otras capitales como Ourense, Logroño o Cáceres comienzan a presentar un patrón similar.

El vídeo de los jabalís en la Montaña que se hace viral

Jabalís en la subida a la Montaña. / El Periódico

Educar a los más pequeños es clave. Los centros escolares y ambientales están incorporando programas para explicar por qué no se debe alimentar a los jabalíes ni acercarse a ellos. La pedagogía se convierte así en una herramienta preventiva de convivencia.

Los centros de recuperación de fauna silvestre desempeñan un papel esencial en la captura, observación y reubicación de ejemplares. Su labor no solo alivia la presión urbana, sino que también permite estudiar los movimientos y comportamientos de esta especie adaptable y resistente.

De hecho, la expansión del jabalí en las ciudades es ya un fenómeno estructural que exige coordinación entre administraciones, científicos y ciudadanía. Convivir con la fauna salvaje será uno de los grandes retos de las urbes del siglo XXI.

Las recomendaciones al vecino

¿Qué deben hacer los ciudadanos cuando se encuentran con alguno de estos ejemplares? Tanto el presidente de la Federación de Caza Extremeña, José María Gallardo, como el profesor de veterinaria, Fran Carranza aseguran que lo mejor es "alejarse, no darles comida y no tratarlos como animales domésticos" ya que pueden llegar a atacar. Sobre todo, "son agresivos cuando se sienten acorralados" y si se encuentran protegiendo su comida o su espacio. Han perdido el miedo a las personas y se han acostumbrado a estar entre ellas, lo que aumenta su peligro.

El daño que pueden causar es grave, ya que los jabalíes, tanto hembras como machos, disponen de dos juegos de colmillos. "Son absolutas navajas", afirma Gallardo.

Lo que más atrae a estos cerdos salvajes a la ciudad, según Carranza, son los restos de comida en la basura, además de las diferentes zonas de césped en las que se pueden refugiar en matorrales y hozar en la tierra, sobre todo por la noche. También añade que el motivo principal por el que se están produciendo numerosos avistamientos es el aumento en la expansión y densificación de poblaciones de jabalíes. "Es muy prolífico. De media, produce cuatro crías por camada e incluso puede tener hasta tres camadas en 2 años. Al haber tantos, se extienden por el territorio y llegan a muchos lugares." Otro motivo es la costumbre que han desarrollado de obtener recursos de zonas urbanas, como también les ocurre a los zorros y las aves.

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