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Historia

Curiosa estampa en Cáceres: el reloj del ayuntamiento está atrasado

De unos 9 minutos es el retraso del reloj de la casa consistorial por razones desconocidas

El reloj del ayuntamiento de Cáceres, atrasado

Pablo Parra

Cáceres

Curiosa estampa la que ha sorprendido seguro a más de un visitante de la Plaza Mayor de Cáceres cuando ha ido a mirar la hora y se ha percatado de que el reloj del ayuntamiento está atrasado varios minutos.

Consta que el atraso lleva desde varios días sin que nadie lo haya corregido, y se desconoce si desde el consistorio cacereño son conscientes del error.

El reloj de la plaza, una larga historia

El reloj del ayuntamiento no fue el primero en marcar la hora en la Plaza Mayor. Antiguamente el encargado de dar la hora era la Torre de Bujaco, en su momento conocida como la Torre del Reloj. Solo con el nombre es evidente por qué se conocía así. Aquel reloj actualmente se puede ver en otro punto de la ciudad: San Mateo. Este data del siglo XVII y se encontró en la plaza principal de la ciudad hasta 1791, cuando fue trasladada a su ubicación actual.

Imagen de la torre de la iglesia de San Mateo, con su reloj.

Imagen de la torre de la iglesia de San Mateo, con su reloj. / Extremadura.com

La Torre de Bujaco siguió teniendo un reloj hasta finales de la década de 1930. Es en ese momento en el que se decide dar al edificio consistorial, construido en 1869, la tarea de dar la hora a todos los ciudadanos. El nuevo reloj del ayuntamiento se compró en 1941 a "Viuda e hijos de Ángel Perera", una empresa de Miranda de Ebro (Burgos) por unas 11.250 pesetas, es decir, cerca de 67 euros. La condición impuesta a la empresa fue que mandaran al instalador.

A la izquierda, la Torre de Bujaco en 1915. A la derecha, en 2018.

A la izquierda, la Torre de Bujaco en 1915. A la derecha, en 2018. / Conoce Cáceres

Se barajó la idea de crear una cabina nueva para no tener que cambiar la fachada, pero finalmente se optó por mover el escudo de la ciudad (aún visible en la fachada, debajo del reloj) que se encontraba precisamente en el lugar donde acabaron colocando la hora. Contaba con tres campanas, una grande de 200 kilos para dar las horas y dos pequeñas de 100 y 80 kilos para dar los cuartos, y una maquinaria manual a la que se daba cuerda cada dos o tres días.

El nuevo emblema de la plaza vio la posguerra, la dictadura y gran parte de la transición democrática de la ciudad, hasta que fue cambiado en 1997 por el actual, uno con un sistema más moderno y electrónico acorde a la época actual.

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