Descifrando la realidad
Domingo Barbolla, sociólogo: "Sobre la IA, mentiras a desmontar"
Ella nos permite «hacernos» fácilmente con el conocimiento manejable que hemos generado

Un robot da la mano a una persona. / JENS SCHLUETER
La hemos llamado Inteligencia Artificial (IA) y sin embargo no sabemos bien qué significa el primer término: inteligencia (se dice de la capacidad de entender o comprender, capacidad de resolver problemas…) y algo mejor el segundo, artificial (hecho por mano o arte del hombre, no natural, falso…)
Como ven, he puesto las dos primeras definiciones que he encontrado en Google sobre el término. Sobre la primera, en su capacidad de entender o comprender, la IA ni entiende ni comprende, pues estos dos términos —de ajustar algo más la definición— únicamente es patrimonio del hombre. Si la definimos como capacidad de resolver problemas, digamos que esto sí lo hace, como también lo puede hacer cualquier tecnología creada por el hombre, el ejemplo del martillo nos puede servir en la medida en que nos “resuelve” el problema de apuntalar un clavo.
Ahora pasamos a la artificialidad en cuanto a ser un instrumento creado por el hombre y si además le añadimos lo de falso, entonces sí, la IA es algo de este orden. Siguiendo con esta lógica, la IA es algo falso creado por el hombre para resolver problemas, seguramente con aquellos ingentes billones de datos que la interacción humana está creando.
Ella nos permite «hacernos» fácilmente con el conocimiento manejable que hemos generado en la multiplicidad de asuntos que nos competen para esto de vivir. Sí, la IA es una tecnología (aplicación del conocimiento humano) útil para movernos en nuestras sociedades hipercomplejas; bienvenida, por tanto. Ahora bien, podríamos quitar el primer sustantivo —inteligencia—para que no la viéramos como competencia humana en esto del pensar, pues ella no lo hace, ni parece que lo hará nunca.
Esta herramienta artificial nos permitirá resolver problemas de forma eficaz y, a la vez, nos mostrará otras formas de generar ingeniería social, necesaria esta al modificar los procesos de producción y distribución de los recursos necesarios para seguir existiendo nuestra especie. Esto es lo nuevo de esta herramienta que nos modificará (ya lo esta haciendo) la forma de gestionar nuestro orden social, pero es un instrumento nuestro, falso en su definición, que para nada nos suplantará. Bienvenida, herramienta de nuestro siglo, sin más.
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