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La voz de los ciudadanos

¿Calle desangelada o idónea para la tranquilidad de los turistas? La mítica General Margallo de Cáceres, a examen

Desde su zona baja, apenas se tardan unos minutos andando hasta la plaza Mayor, mientras que el otro de sus extremos linda con la plaza de toros. A lo largo de la calle Margallo, antaño se podían encontrar distintos negocios, como bares o una multitienda. El paso del tiempo se los ha llevado, y son diversos establecimientos dedicados al sector turístico los que han llegado hasta la vía

La céntrica calle General Margallo.

La céntrica calle General Margallo. / El Periódico

Cáceres

Una calle mítica de Cáceres, que conecta la plaza de toros con las 'Cuatro Esquinas'. Una vía que ha servido de punto de referencia para muchos ciudadanos y visitantes, y que no ha escapado de la polémica, con la destacada presencia de 'okupas' en el número 64 durante varios años. Es General Margallo, donde más del 30% de las viviendas ya funcionan como apartamentos turísticos y cuyos vecinos ponen el foco en la "falta de vida" que caracteriza la zona desde hace un tiempo.

"Un poco muerta"

"La veo muy lúgubre, un poco muerta", dice Laura Cuesta, que pasa habitualmente por la vía. Trabajó allí durante unos años, en una pensión que "ayudaba a generar mucho ambiente". "Ahora ya no sé cómo estará", cuestiona. La viandante lamenta la "dejadez" de una calle tan céntrica, que "conecta lo antiguo con lo moderno". Así, cree que se debería poner más empeño en su mantenimiento para trasmitir la "alegría" que se respira en otras calles cercanas a Margallo.

Laura Cuesta, viandante.

Laura Cuesta, viandante. / El Periódico

Los 'okupas'

Critica la presencia de edificaciones en ruinas y, a su juicio, es precisamente ese abandono el que propició la llegada de los 'okupas', que se asentaron en la casa que linda con la vivienda de Marcos Roque. "Desde un principio, hubo quejas por parte de los vecinos, que se movieron para intentar que los sacaran", cuenta el residente. Unas reclamaciones que, sin embargo, no surtieron efecto inicialmente, y los ocupantes ilegales permanecieron en el bloque alrededor de cuatro años.

"La convivencia con nosotros no era mala, nos respetaban. Pero, entre ellos, sí tenían broncas todos los días", explica Roque. "Había dos personas abajo y otras dos o tres arriba, en un apartamento que hay al fondo. Salían todos los días, no tenían miedo de que los echasen", añade el residente. En cualquier caso, sí se consiguió expulsarlos, a raíz de un incendio propagado a principios del pasado enero.

Así, aunque según Roque "dos días después del fuego estaban dentro otra vez", poco más tarde el Ayuntamiento de Cáceres tomó cartas en el asunto, y el día 14 de marzo de este año varios operarios tapiaron el edificio, poniendo fin a una problemática muy acusada por el vecindario. De hecho, para Elena María Cubillana, su presencia ha contribuido a esa "falta de vida" que tanto se escucha entre los vecinos. "Creo que no hay más gente conviviendo aquí por miedo, porque es una calle que está muy bien ubicada, en pleno centro".

Elena María Cubillana, más de 60 años viviendo en Margallo.

Elena María Cubillana, más de 60 años viviendo en Margallo. / El Periódico

Los negocios de antaño

La vecina se casó en el año 1964 y, desde entonces, ha vivido en Margallo. Se muestra nostálgica al recordar cómo era la calle cuando ella llegó. "Antes pasabas por aquí y te encontrabas las puertas de las casas abiertas, con los niños jugando fuera. Había bares, tiendas, panadería, etc. Pero eso ha pasado a la historia. Ya no se ven niños, y la calle está muy apagada", cuenta.

Y cierto es que un paseo rápido por allí basta para comprobar que son muy pocos los establecimientos que han logrado resistir al paso del tiempo. La librería Boxoyo o Reparación y Calzado, ya más cerca del coso, son dos de los escasos ejemplos. El dueño del segundo, Tomás Sánchez, lleva en el negocio 40 años y no duda al afirmar que está "mucho peor ahora que antes". Recuerda la falta de otros comercios, pero, también, la disminución de la población. "Tengo muchos menos clientes que antiguamente, ha bajado mucho el trabajo, pero porque vive menos gente". Muy tajante, asevera no verle "prácticamente nada positivo a la calle" y, una vez más, reitera que ha perdido su dinamismo.

El fin de la multitienda Pumuki es, para muchos, uno de los cierres más destacados, dejando a la calle sin una superficie en la que poder realizar sus compras del día a día. Otros rememoran la presencia, hace unos años, del colegio San Antonio de Padua (cambió su ubicación en 2003, pero fundado en 1921 en Margallo) como una de las fuentes de vida que antaño nutría la calle. Los amantes de la vida social, por su parte, se remontan a la época en la que los cacereños se amontonaban en la puerta del antiguo bar Oxígeno.

Tranquilidad

Pero, en cambio, para otros el cierre de su persiana fue sinónimo de tranquilidad. Es el caso de algunos establecimientos del sector turístico, que recuerdan cómo el jaleo que se formaba en la entrada del local de ocio suponía un perjuicio para sus clientes. Negocios del sector turístico que proliferan en Margallo, con la destacada presencia del hotel Don Manuel (su entrada principal está en la calle San Justo, pero también tiene conexión con Margallo) y de otros muchos apartamentos y albergues.

Uno de ellos es el albergue Las Veletas. "Para mí lo más positivo es que, a pesar de que es una calle que está al lado del centro, es muy tranquila, y nuestros clientes nos puntúan mucho por eso", cuenta Yaiza Ruiz, gerente del establecimiento. Son dos caras de la misma moneda. Lo que para algunos puede resultar tedioso, a otros les beneficia. Los visitantes agradecen la serenidad de la vía en la que se alojan, sin ruidos a la hora de dormir, y sin barullo cuando ponen un pie fuera de su apartamento y hotel. Y todo ello, a escasos minutos andando de la plaza Mayor.

Yaiza Ruiz, gerente de Las Veletas.

Yaiza Ruiz, gerente de Las Veletas. / El Periódico

Puede que sea esa la explicación (o una de ellas) del alto porcentaje de establecimientos turísticos que se localizan en Margallo. Aunque en el caso de Las Veletas, también es su precio económico el que atrae, por ejemplo, a los alumnos del Centro de Formación de Tropa (Cefot). Según explica Ruiz, muchos fines de semana son ellos quienes ocupan sus habitaciones. No obstante, la gerente asevera que reciben clientes de todo tipo. "Depende del momento. Por ejemplo, con la celebración de Extremúsika viene mucha gente joven", cuenta.

Preguntada por la situación de la calle, Ruiz explica que "la mayoría de gente es mayor, personas que son de toda la vida". Eso sí, la vía también alberga la residencia de estudiantes 'Los Arcos', que se ubica casi enfrente del establecimiento que regenta. Como los vecinos, la gerente recalca la falta de otro tipo de negocios y confiesa que agradecería la existencia de una multitienda. "Tienes que ir o a la plaza Mayor o hasta la plaza de toros si quieres comprar algo", lamenta.

La basura

Pero, además, la responsable introduce otro tema: los contenedores de basura, que "están siempre hasta arriba". ¿Por qué? Tal y como considera Ruiz, podría deberse a la implantación, hace ya un tiempo, del sistema de recogida 'puerta a puerta' en la Ciudad Monumental. Un programa que se puso en marcha a comienzos de 2022 y por el que se retiraron los contenedores de esta zona y se entregó a los vecinos un cubo marrón aireado pequeño para la fracción orgánica en el interior de la vivienda y dos grandes para el exterior: uno para la orgánica y otro multifracción, para lo que corresponda ese día. El horario para sacar los cubos es de 20.00 a 23.00 horas, y el de recogida, de 23.00 a 8.00 horas.

Bolsas de basura encima de las tapas de los contenedores y por fuera de ellos.

Bolsas de basura encima de las tapas de los contenedores y por fuera de ellos. / El Periódico

Al respecto, la cacereña cree que la puesta en marcha de la medida ha derivado buena parte de la basura de la zona centro a los contenedores situados en Margallo. Una opinión que comparte Ana Iglesias, residente de la vía. Para ella, "cuando los vecinos del centro llenan sus cubos, vienen aquí a tirar las bolsas". Aunque eso sí, pone el foco en los antiguos 'okupas', que "también contribuían a la acumulación de restos".

Para Marcos Roque (propietario de la casa colindante con la antaño 'okupada'), en cambio, la razón es que "hay más de cien viviendas en esta calle. Tenemos una residencia, los establecimientos turísticos, etc., y solo estos cubos de basura", explica el vecino, quien hace hincapié en la imposibilidad de reciclar. Lo primero, porque solo hay dos cubos (marrón y amarillo). Lo segundo, porque "como los cubos se llenan, la gente acaba echando basura en cualquier lado", dice el residente.

Sea como fuere, la acumulación de basura no se limita solo a Margallo, sino que se extiende a vías próximas, como Barrio Nuevo. "Vivo aquí desde hace dos años y siempre lo he visto", explica José Moreno. El residente afirma que es habitual encontrar muebles o electrodomésticos al lado de los cubos que, en su opinión, "son pocos para tantos vecinos". Algo que, igualmente, critican en la calle Moraleja. "Hay cuatro contenedores y encima no son de reciclaje", asegura Alba Rolo, quien cuenta que "como los cubos están hasta arriba, se llena todo lo de alrededor de basura".

Finalmente, también en San Justo denuncian una problemática similar. Sin embargo, allí, según la vecina María Teresa Marzo, la cuestión tiene más que ver con la apertura de las bolsas y la expansión de restos por la acera. "Te puedes encontrar cartones de leche, yogures, cristales, etc. Es una asquerosidad", dice la testigo. "Procuramos tenerlo limpio, pero ocurre continuamente", concluye.

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