Aventuras y desventuras
Cáceres, ocho siglos de ayuda al necesitado: la ciudad que convirtió la caridad en patrimonio
Un recorrido por hospitales, fundaciones y obras benéficas desde la Edad Media muestra que la solidaridad cacereña ha sostenido a pobres, enfermos y peregrinos mucho antes del Estado del bienestar.

Imagen de archivo de la restauración del convento de las Jerónimas de Cáceres. / El Periódico Extremadura

Todos coincidimos en que estamos viviendo unos tiempos muy complicados, a nivel nacional y por supuesto al internacional, y en muy diferentes ámbitos. Por una serie de causalidades hemos tenido ocasión de conocer a diferentes colectivos, asociaciones y fundaciones que han dedicado y dedican mucho tiempo y esfuerzo en ayudar a cuantas personas lo necesitasen, ello sin preguntarles muchos detalles. En centurias pasadas dichas ayudas eran exclusivamente de alimentos o en determinados casos de alojamiento, mientras que en la actualidad las ayudas son por muy variados motivos.
Para mejor entender todo esto, desgraciadamente tan necesario en esta sociedad tan pendiente de la tecnología, olvidando el aspecto meramente humano, hagamos algo de historia de esa solidaridad aquí en nuestra tierra. «Un espíritu de caridad traducido en obras benéficas, e inspirado en la Religión Cristiana, llena los anales de nuestra patria desde los albores de la Edad Media, que va en aumento con el transcurso de los siglos. Tienen las fundaciones benéficas vida propia, hasta que la guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz, marcan con sus leyes una nueva organización estatal, que trae como consecuencia el cambio de vida de la sociedad española, rompiendo las trabas que tenía la propiedad con los vínculos mayorazgo, capellanías, etc. y las fundaciones benéficas, siguen desde entonces los mismos vaivenes que nuestra movida historia del siglo XIX».
Aquí en Cáceres tenemos un ejemplo claro de esta ayuda a los más necesitados, la Fundación de doña Petra Fernández y Fernández Trejo, viviendo dicha señora a finales del siglo XIX y al fallecer en el año 1912, dado su gran patrimonio consigue que se instalen las religiosas de Cristo Rey que en la que fue su casa en la Calle Mangas, nº 2, donde realizaron durante muchos años una magnifica obra de solidaridad con niñas y niños, para luego instalarse allí los Hermanos franciscanos de la Cruz Blanca, tal y como continúan hoy en día.
El primer testamento
«Desde el primer testamento del siglo XIV de Garci Blázquez ya hay mandas para los pobres, y son muchísimos los que tenemos registrados en los siglos XVI y XVII, y en inventarios como el de Doña María Valdivieso y Ovando, que figuran treinta y cinco escudillas para dar la comida a los pobres a la puerta de su casa». El obispo don García de Galarza daba en la puerta de su palacio de Cáceres según el marqués de Alventos al historiar el colegio de San Bartolomé de Salamanca, 500 escudos y 500 fanegas de trigo al año, a repartir entre los más necesitados. El venerable obispo Fray Francisco Sarmiento de Luna, lo daba todo a los pobres y don Luís de Salcedo y Azcona en el siglo XVIII y tantos y tantos otros prelados de la diocesis practicaron la caridad cristianamente siguiendo el precepto divino, ocultamente, pero la historia recogió en sus vidas su amor al pobre y al desvalido. También en los conventos de San Francisco y Santo Domingo de Cáceres se distribuía la sopa a los pobres.
En Cáceres existió una Junta de Caridad, transformada en Junta de Beneficencia, que trabajó lo indecible según sus libros de actas y del archivo, por poner orden en las fundaciones benéficas y salvar todo cuanto puede de sus bienes. Aquí en nuestra ciudad, en la organización que se hace en 1847, queda la casa de Expósitos y el Hospital Provincial. En la primera mitad del siglo XX se abrirían varios comedores sociales y casas de protección a las familias de los trabajadores.
Blasco Muñoz, nieto de uno de los conquistadores de Cáceres, funda en su castillo llamado Torre de los Blázquez o de Velasco y después Torre de Mayoralgo, con su casa de labor y dehesas un mayorazgo, el primero de Cáceres, por documento otorgado en Fuenteginaldo en 1320, mayorazgo que heredó su hermano Garci Blázquez, quién otorga testamento en 1342, el más antiguo de los que hasta ahora conocemos, y que contiene clausulas benéficas a favor de los pobres de Cáceres, y de las Alberguerías de sus iglesias, edificios según se desprende de este testamento donde los pobres eran recogidos, con lo que podemos decir que la caridad existe en Cáceres, desde la reconquista de la Ciudad.
Aquí en nuestra ciudad tuvimos desde la lejana antigüedad toda una variedad de edificios dedicados a la solidaridad o beneficencia de los mas necesitados, curiosamente todos de origen religioso, algo que, en la actualidad, a pesar de la sociedad laica, se continúa produciendo.
Así tuvimos: el Hospital de Sancti Spiritu. Según determinados investigadores su origen se remonta al año 1168, con notables cambios de lo que se convertiría en centurias posteriores. La escritura mas destacada es la 8 de marzo de 1351 donde aparecen varias dehesas como propiedad de mencionado Hospital, por herencia de Juan Robles. Al que se sumaría lo dejado por un nieto y esposa según testamentos de 1452 y 1470. Y a lo que se irían sumando otros a lo largo de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII.
También existió el Hospital de los Peregrinos. - Fundado en el año 1486 por Diego García de Ulloa el Rico, cuya vida dedicó a la creación del Monasterio de San Francisco. A pesar del reducido tamaño de este hospital con la existencia total de seis camas disponibles para los peregrinos que llegaban a nuestra ciudad, tuvo notable actuación hasta bien entrado el siglo XVIII.

Interior del convento de las Jerónimas de Cáceres. / El Periódico Extremadura
La Enfermería de San Antonio de Padua. –En el siglo XVII fue donado por el Ayuntamiento a los religiosos franciscanos la creación de terreno para la construcción de dicho edificio, donde se prepararon camas para treinta enfermos. Cuyo soporte económico le hacían frente las familias nobles de la época. Dicha enfermería la solían ocupar los franciscanos que enfermaban en el Convento de San Francisco, como consecuencia de las enfermedades que cogían por lo mal sano de aquel lugar. En el siglo XIX aquel edificio pasó a propiedad de las Hermanas Carmelitas quienes fundaron allí un colegio de niñas. Hoy es el Convento de las Religiosas jerónimas.
Y pasamos a la Enfermería de San Pedro. Tenemos que remontarnos hasta el año 1668 para recoger constancia de la fundación por el sacerdote don Juan Sánchez Digan el 27 de agosto a los franciscanos descalzos enfermos de la reforma de San Pedro de Alcántara.
Pero ante los impedimentos legales que pusieron los dominicos y franciscanos de la entonces villa de Cáceres, tuvo que intervenir el obispo de la diocesis el 3 de agosto de 1718, mandando tapiar dicha enfermería que se encontraba en la calle Peña, numero 2. Edificio actualmente abierto y cuidado por las Religiosas Obra del Amor, dedicada a San Pedro de Alcántara. Continuamos con nuestro recuerdo al Hospital del Salvador del Mundo. Fue casa de los mendigos transeúntes, a los que se les permitía solamente permanecer tres días con cama y luz. Construido en el siglo XVI, ubicado en la calle Solana numero 1. En la actualidad no tiene función caritativa alguna.
Llegamos al Hospital de la Piedad. Fueron el matrimonio formado por don Gabriel Gutiérrez del Prado y doña Elvira Roco de Campofrío, quienes, según testamento de 21 de octubre de 1612, entregaron todos sus bienes y patrimonio, a falta de hijos, para la creación de dicho hospital para curar a los pobres de Cristo. «La capacidad del hospital sería de veinte pobres, para arriba, no pudiendo recogerse a ninguno que no lo fuere pobre. Y que su señora doña Elvira nombrara dos hombres honrados para que atiendan a los otros. Para los enfermos contagiosos habría de 6 a 8 camas, y de 4 a 6 para los religiosos o personas de mas calidad que los pobres ordinarios. Habría dos médicos y un cirujano asalariados, los mejores de la villa».
En aquel edificio el 27 de abril de 1791 era inaugurada la Real Audiencia de Extremadura, por decisión del rey Carlos IV. En la actualidad es la sede del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura. Pero además en Cáceres existieron: El Hospital del Padre Rosalio; De Nuestra Señora de la Caridad; De Nuestra Señora de la Paz y Caridad; Casa de los Pobres que fue de los Moragas; Obra Pía de Carvajal y Sande; Fundación de Espadero y Pizarro; Bolsas de los Pobres. Etc. etc. etc. Tal y como se puede ver queda demostrada la generosidad de los cacerenses con los más necesitados, en todo tiempo. Hoy no lo es menos.
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