Cáceres del tiempo pasado
Cuando Cáceres volvió al Medievo: del gran festival de 1987 al mercado que la lluvia dejó sin celebrar
La suspensión del Mercado Medieval de las Tres Culturas reabre la memoria de los fastuosos Festivales Medievales de 1987, cuando Cela, jinetes, torneos y espectáculos llenaron de vida la Plaza Mayor para celebrar el título de Patrimonio de la Humanidad

Imagen del Mercado Medieval de Cáceres, que ha tenido que suspenderse por la lluvia. / Carlos Gil / CARLOS GIL

Llueve, y llueve con ganas sobre Cáceres, empapando cada rincón de una ciudad que en estos días debería estar celebrando uno de sus reclamos turísticos más consolidados. La lluvia ha obligado a suspender el Mercado Medieval de las Tres Culturas, dejando este año el casco histórico en silencio, sin los puestos, sin la música ni el trasiego de gentes que lo transforman cada noviembre en un escenario medieval. Al hilo de esta fiesta truncada, conviene recordar que esta ambientación medieval tuvo un antecedente directo hace más de treinta y cinco años.
Fueron los Festivales Medievales organizados en la primavera de 1987 por la Junta de Extremadura, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento para festejar la reciente declaración de Cáceres como ciudad Patrimonio de la Humanidad. Durante unos días, del 5 al 10 de mayo, la Plaza Mayor se transformó en un gran escenario histórico al aire libre.
Los actos tuvieron un pregonero de excepción: el Premio Nobel Camilo José Cela, que pronunció un discurso de quince minutos el 27 de abril en el auditorio del Complejo Cultural San Francisco ante un público que desbordó todas las previsiones. Antes había recorrido la ciudad en una carroza tirada por cuatro caballos blancos, acompañado de una dama vestida a la usanza medieval y escoltado por guerreros con antorchas.
Cela, encantado con el papel, sonreía, besaba de vez en cuando a su dama -«usted y yo hacemos mejor pareja que los príncipes de Gales», bromeó- y, ya en el auditorio, saludó al mundo «desde este noble coto de caballeros que es Cáceres». Agradeció que se hubiese pensado en «un gallego conocedor de estas tierras entrañables» para pregonar el evento y, anunciando que «este armonioso y viejo caserío que es Cáceres se dispone a celebrar unas fiestas como jamás tuvo», invitó a todos a participar en la programación con estas palabras: «metámonos de hoz y coz en la fiesta y disfrutemos viendo cómo disfrutan quienes no se han olvidado todavía de disfrutar y de vivir».
Apuesta
La primera noche de los Festivales Medievales confirmó que la apuesta había calado en la ciudad: el graderío instalado en la Plaza Mayor para casi seis mil espectadores se llenó hasta los topes y el espectáculo respondió a las expectativas. Desde última hora de la tarde, los grupos cacereños Tierra Seca y Teatro Estable fueron ambientando el espacio entre soportales y escaleras, ataviados con trajes de época y mezclados con una variopinta comitiva de artesanos que trabajaban los distintos oficios. Entre puesto y puesto asomaban también quirománticos, lectores de tarot y de cartas y algún que otro aprendiz de astrólogo, de modo que la Plaza Mayor se convirtió, por unas horas, en una singular villa medieval en plena faena.

Cela, en el periódico. / El Periódico Extremadura
Ya entrada la noche, se recreó la llegada de la reina Isabel la Católica a la villa y la soberana y su séquito tomaron asiento en un lugar de honor para presenciar los espectáculos. A continuación, un montaje de luz y sonido, con guion de Alberto Miralles y supervisión del cronista Antonio Rubio Rojas, fue hilando la historia de Cáceres desde la prehistoria hasta la época medieval, subrayada por fuegos artificiales que estallaban sobre las murallas. Concluido el relato, irrumpieron en el escenario los jinetes del grupo Ivanhoe, que encarnaban a caballeros de las grandes casas cacereñas -Carvajal, Golfín, Mayoralgo, Moctezuma, Ovando, Solís, Ulloa…- y practicaron juegos de lanza, golpes al estafermo y duelos a espada que entusiasmaron, sobre todo, al público infantil. Al terminar las justas y entregados los trofeos, se apagaban las luces y una traca encendida sobre la cubierta del Ayuntamiento dibujaba en fuego una frase que resumía el motivo de la fiesta: «Cáceres. Patrimonio de la Humanidad».
El segundo día, el público fue testigo de una anécdota muy comentada que le ocurrió al actor que encarnaba al rey Fernando el Católico, aquel día acompañando a la reina Isabel. Tras las justas y cuando el séquito comenzaba a retirarse, la cincha del caballo del monarca cedió y el jinete acabó en el suelo, entre el lógico pitorreo de la concurrencia. No faltó quien, parafraseando el célebre lema, sentenciara que de «tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando», nada de nada: aquella noche, la que montaba mucho más que el rey era la reina, que se mantenía bien firme sobre su cabalgadura.

Noticia del medieval. / El Periódico Extremadura
Tras las primeras jornadas de torneos, el protagonismo pasó al teatro. En la propia Plaza Mayor se estrenó una versión de Romeo y Julieta, adaptada por Alberto Miralles, que trasladaba la acción de la Verona original a una Cáceres medieval. Maribel Verdú y Fernando Guillén Cuervo encabezaban un amplio elenco de la Compañía del Teatro Popular de la Villa de Madrid, en un montaje en el que también intervenían el grupo de folclore El Redoble y el Orfeón Cacereño. El público celebró las licencias locales y disfrutó viendo a Romeo encaramarse a la torre de Bujaco para cortejar a su Julieta en el balcón abierto a la plaza.

Carlos Gil
Puede decirse, de hecho, que aquella Romeo y Julieta fue uno de los gérmenes del Festival de Teatro Clásico de Cáceres que hoy sigue celebrándose. Y es que la fórmula de los Festivales Medievales volvió a repetirse en 1988, pero ya en 1989 el ciclo adoptó el nombre de Festivales de Cáceres y el peso pasó claramente a las escenificaciones teatrales clásicas, repartidas por distintas plazas y rincones de la ciudad monumental. En 1990 esa apuesta quedó consolidada y tomó forma estable, abriendo el camino al actual Festival de Teatro Clásico.
La primera de los Festivales Medievales concluyó con un festival taurino goyesco que, aunque en un principio estaba previsto en la propia Plaza Mayor, acabó trasladándose al coso taurino, engalanado para la ocasión con reposteros y coronas de laurel. A última hora se cayó del cartel el diestro más esperado, Antonio Chenel “Antoñete”, pero se mantuvo un elenco llamativo: Paco Alcalde, Juan Antonio Esplá, “Gallito de Zafra”, el rejoneador Nano Bravo y el joven novillero local Emilio Rey “El Pato”. La tarde incluyó también el salto a la garrocha de Fernando Silva y, como colofón, se soltaron dos vaquillas para disfrute del público.
Aquel despliegue festivo y escénico dio a Cáceres unos días de intensidad poco habitual, pero un montaje de tal envergadura no estuvo exento de polémica. El presupuesto rondó la considerable cifra de unos cuarenta y cinco millones de pesetas, y no faltaron críticas porque el presidente de la comisión organizadora fuese Carlos Sánchez Polo, entonces candidato del PSOE a la Alcaldía en unas elecciones municipales que se celebrarían pocas semanas después y tras las cuales acabaría tomando el bastón de mando.
Polémicas aparte, casi cuatro décadas después, la lluvia ha dejado este año al Mercado Medieval de las Tres Culturas sin celebrarse, pero no por ello desaparece la necesidad de encuentros que den vida a la ciudad y la reconcilien con su propia memoria. Y en eso, quizá, convenga hacer caso al pregonero de aquel lejano 1987. Como dijo entonces Camilo José Cela, «agarrémonos como a un clavo ardiendo a la vida y gocemos de ella mientras Dios disponga, que para verle llegar el fin siempre habrá tiempo, ya que muere el Papa, el rey, el duque y hasta el prior de Guadalupe».
Jorge Rodríguez Velasco es Graduado en Historia y Patrimonio Histórico por la Uex
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