La Crítica
La Muestra de Artes Escénicas de Cáceres, cada vez más decepcionante
Los mejores espectáculos extremeños (I)

Uno de los espectáculos de la MAE al aire libre: en Obispo Galarza. / EP

La Muestra Ibérica de las Artes Escénicas (MAE) nació con la ambición de impulsar el talento extremeño, pero se ha convertido en una feria comercial de criterio difuso, más amiga del autoelogio que de la coherencia. La programación vuelve a mostrar un carácter irregular y una calidad discutible, algo desconcertante dada la abundancia de propuestas recibidas.
Este año sólo seis de las diecisiete compañías seleccionadas eran extremeñas —más dos coproducciones con otras regiones—, decisión que continúa alimentando la frustración del sector local, relegado en su propio territorio. La práctica de presentar fragmentos breves, que imposibilita una valoración justa, sigue siendo una anormalidad para programadores y críticos. Más incomprensible aún es la preferencia por producciones foráneas endebles frente a obras extremeñas con éxito demostrado que no participan. A ello se suma este año la incorporación gratuita de una compañía argentina —con un espectáculo puramente comercial— en una muestra que se supone “ibérica”, gesto que evidencia una vez más la falta de rigor en la selección.

Imagen de la Muestra de Artes Escénicas celebrada en Cáceres. / El Periódico Extremadura
La propia asociación de compañías, en su pronunciamiento del año pasado, lamentó la ausencia de identidad y estrategia en la MAE, así como la sorprendente capacidad de la organización para ignorar cualquier sugerencia orientada a mejorar el certamen y adaptarlo a la realidad del sector. Sin embargo, nada de ello parece haber tenido efecto.
En este punto resulta inevitable mencionar el entusiasmo oficial. Carmen Hernán, organizadora de la MAE, aseguró en la presentación que “en las últimas diez ediciones hemos conseguido ganarnos el respeto y la confianza, aportando un valor transformador a las artes escénicas”. Por su parte, el secretario de Cultura de la Junta, Francisco Palomino, quien prometió una transformación basada en el diálogo, insistió en que “la MAE será lo que el sector quiera que sea”, afirmaciones que, dada la deriva del evento, solo pueden recibirse con escepticismo. Palabras hay muchas; cumplimiento, ninguno. La organización sigue siendo cuestionable y extraordinariamente poco eficaz para los resultados que ofrece.
Lo he dicho en otras ocasiones: si la MAE desea reconciliarse con el sector, deberá recuperar un espacio real de diálogo y colaboración que permita construir una visión compartida y, quizá, redescubrir el papel que alguna vez prometió cumplir.
Los espectáculos más destacados de las compañías extremeñas fueron: “Astra Bilis”, “Saturnos y Medeas”, “Pinocho” y “Azul Bosques”. En esta entrega analizo los dos últimos, y en una próxima publicación abordaré los dos primeros.
Un delicioso 'Pinocho' de marionetas y actores
El "Pinocho" de la compañía cacereña Maltravieso Teatro es un delicioso viaje artesanal que combina marionetas y actores con una complicidad encantadora. Isidro Timón firma una versión y dirección viva y cercana que recupera la magia del cuento sin renunciar a mirar de frente la realidad de hoy: un niño de madera que tropieza, no con el País de los Juguetes, sino con el luminoso laberinto de las pantallas.
Las marionetas —Pinocho, el Grillo y el Genio— son el corazón del sencillo montaje, animadas con la técnica del teatro negro y un cuidado que recuerda la antigua artesanía teatral. A su lado, los intérpretes Luis Prieto, Ana Báez y Máximo Leal aportan energía y humor, moviéndose entre lo tierno y lo juguetón con gran destreza.
La renuncia consciente a cualquier elemento digital —ni mapping ni vídeo— refuerza el propósito del espectáculo: fascinar a la manera tradicional, dejando que el público descubra que un hilo, una mano y una buena historia pueden más que cualquier pantalla. En ese sentido, este “Pinocho” funciona como un pequeño “antivirus” escénico: cura, por un rato, la inmediatez y nos devuelve a la imaginación.
La música original de Lorenzo González, con canciones alegres y pegadizas, envuelve el montaje con aire de mini musical y acompaña las aventuras de Pinocho con dulzura, ritmo y un guiño travieso.
En suma, un espectáculo divertido, luminoso y lleno de encanto, que recuerda a niños y adultos que el teatro —como la vida— sigue teniendo magia suficiente sin necesidad de enchufes.
'Azul bosques': una singular distopía erótica
“Azul Bosques” emerge como una distopía erótica tan singular como incómodamente cercana. Coproducida por El Desván Producciones (Extremadura), Giradas Producciones (Castilla La Mancha) y Elena Artes Escénicas (Madrid), esta obra del mexicano David Gaitán despliega un monólogo expandido que oscila entre confesión íntima y expediente estatal.
Aquí, el sexo deja de ser libertad para convertirse en trámite burocrático: descargas, bonos, calificaciones… el deseo convertido en Excel. El cuerpo, más que carne, es un dato fiscal.
Y sin embargo, el deseo —ese saboteador profesional— encuentra un hueco para volverse subversivo. El dibujo táctil, clandestino y hasta infantil, se transforma en gesto político. Una revolución hecha a lápiz: el terror del sistema.
El protagonista es deliciosamente humano: obsesivo, contradictorio, necesitado de aprobación, siempre al borde del colapso emocional. Su viaje no tiene épica; tiene cotidianidad rota. Su deterioro se muestra con precisión: la compulsión por ganar, la dependencia de lo anónimo, la torpe fascinación por la autoridad, el impulso irracional de reconocer el cuerpo que lo marcó.
El choque no es laboral: es entre anonimato impuesto e intimidad espontánea. El encuentro sexual demuestra que ni el mejor gobierno puede legislar el temblor del pulso.
La obra alterna subjetividad y reportes fríos, creando un teatro-documento inquietante. Sensores, cámaras y gráficas sustituyen al diálogo con una eficacia perturbadora.
Cuando la analista empieza a sentir —¡grave error en un sistema perfecto!— entendemos que lo omnisciente es, en realidad, frágil. Un dibujo basta para desestabilizarlo todo. El lenguaje corporal, casi coreográfico, crea un ritual donde lo clandestino es memoria táctil.
La obra apuesta por un símbolo pequeño para detonar un cambio enorme. Y hay humor: un humor oscuro que retrata la burocracia del placer con frases dignas de un ministerio absurdo: “Sexo nivelado, felicidad garantizada”. “Gracias por las modificaciones a la regla”.
El Estado se presenta como padre amoroso, pero ejerce control quirúrgico.
Cuando prohíbe la imagen del protagonista, la convierte en mito. En el concurso final, la masa repite los movimientos prohibidos: rebelión sin discurso, solo contagio.
“Azul Bosques” es inquietante, sensual, lúcida y sin sermones. Convierte el deseo en lenguaje, en arma y en memoria; erige un territorio fértil para la experimentación escénica y para dos intérpretes valientes, Blanca León y Rodrigo Casillas, cuyo trabajo destaca por la precisión de sus movimientos. Bajo la adaptación y dirección de María Heredia, la obra emprende un viaje audiovisual y estético de poderoso ritmo, donde la tecnología 3D —integrada con delicadeza y atrevimiento— abre pasajes visuales tan atractivos como sorprendentes. El resultado es un espectáculo arriesgado y, a su manera, necesario.
- “Compartimos el mismo pan”: despedida a Antonio Ramiro Cortijo, un maestro de Cáceres que unió aulas y personas
- Una avería en una vivienda de San Blas provoca la pérdida de millones de litros de agua en Cáceres
- El Tribunal Supremo anula las condenas por prevaricación a cinco exalcaldes de pueblos del Valle del Jerte por los vertidos de cerezas
- Con palos, a patadas y a puñetazo limpio: las imágenes de la pelea con más de 50 implicados en Aldea Moret (Cáceres)
- Miguel Ángel Bravo, el abuelito universitario de Cáceres, no quiere ir a La Madrila: 'Se puede armar la de San Quintín
- Las ‘Cañas de Navidad’, a revisión: por qué hosteleros y administraciones apoyan los cambios en horarios y normas
- Muere Paco Movilla, referente de la creación, el cine y la publicidad en Cáceres
- Un herido con arma blanca en una multitudinaria pelea con más de 50 involucrados en Aldea Moret de Cáceres