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Un viaje al pasado

Del Álvarez al Aralia: la historia de un buque insignia de la hostelería de Cáceres

Los orígenes del establecimiento hay que buscarlos en los años 20 como casa de huéspedes en General Ezponda

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

El origen del Complejo Álvarez hay que buscarlo en Antonio Álvarez Rivera, nacido en Castañera (Asturias) que en los años 20 llegó Cáceres procedente de Madrid para trabajar en el hotel Nieto, que estaba donde está el Iberia. Cuando conoció a Ignacia Rodríguez y se casaron, montó una casa de huéspedes en General Ezponda a la que llamó Casa Álvarez, que estaba donde las Damas Apostólicas, actual Casa de la Iglesia.

Antonio era ya un hostelero de prestigio y a finales de 1920, el empresario Federico Serradell le ofrece en la calle Moret un terreno para levantar un hotel. Así nació el Álvarez, inaugurado el 18 de mayo de 1936, poco antes de estallar la guerra. Alvarez negoció con Serradell que le pagaría de alquiler mensual lo que costara la obra: 4.000 pesetas, que entonces era un dineral. En aquella época solo existían el Hotel Europa, de los Jurado, y el Hostal Nacional, bueno, y el Jamec, que lo llevaban los hijos de don Eugenio Alonso. Tras el cierre del Europa, el Álvarez se convertiría en el hotel de Cáceres.

El ascensor

Fue el Álvarez el primer hotel que tuvo ascensor, disponía de agua caliente y teléfono en todas sus habitaciones. El negocio lo heredaría luego su hijo, Antonio Álvarez Rodríguez, que falleció en 2011. Pero además, el Álvarez tenía un libro de firmas repujado en cuero obra de Eulogio Blasco con una reproducción del Arco de la Estrella. En él firmaron huéspedes conocidos: Queipo de Llano, Millán Astray, Pilar Primo de Rivera (que se alojó allí en 1938 cuando vino a inaugurar la Cruz de los Caídos), el actor Pepe Rubio, Lola Flores y cientos de toreros. Antonio se haría cargo del Álvarez hasta que en 1973 hizo en la carretera de Salamanca el Complejo Álvarez, que se inauguró con la boda de Eloy Sánchez, propietario de la antigua Banca Sánchez, y Mariquilla Chamorro. Al complejo acudieron Felipe Gónzalez, Garzón, Martes y Trece, Perales, Dúo Dinámico y hasta la Pantoja.

También al Álvarez de la calle Moret llegó Miguel de Molina en tren quien permaneció en la ciudad hasta el 18 de abril de 1940, antes de irse a Buñol (Valencia) donde proseguiría su destierro otros ocho meses más. Los textos memorialísticos del artista dejan entrever la vida cotidiana de Miguel de Molina en la capital: su estancia en la habitación 26 del hotel Álvarez donde el tiempo discurre entre costura ("mi eterno matahoras, los hilos"), lecturas (al ritmo de varios libros a la semana) y escritura (de sus diarios y abundante correspondencia), los cautelosos paseos por el casco histórico de Cáceres, del que escribiría que tiene "rincones bellísimos, llenos de una poesía sobria medieval"; las salidas al teatro y al cine Norba con 'Pipe' (Felipe) y 'Juanito' (Solano) o las tardes en el Jamec, el romántico café situado entre las calles Pintores y Moret que Eugenio Alonso Rubio abrió en los años 30 y por el que además de Molina desfilaron músicos o literatos como Ortega y Gasset o Antonio Machín.

Antonio se casó con Elena Martín, enfermera malagueña que llegó a la ciudad cuando se inauguró la residencia. Se conocieron en un baile de verano en la Huerta del Conde. Tuvieron dos hijos: Isabel y Antonio Álvarez Martín, quien gestionó luego un negocio que cerró en 2012. Posteriormente, se transformó en Aralia, otro buque insignia de Cáceres que tampoco ha corrido buena suerte.

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