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Turismo y gastronomía

Cáceres estrena Monacal 2025: cuatro días de dulces, cultura y solidaridad para apadrinar conventos

El Palacio Episcopal acoge una muestra única con 14 cenobios, 74 variedades de suaves bocados y un amplio programa de actividades, talleres y música sacra

Imagen de la extinta Feria Dulce Conventual y, en el círculo, el Obispado de Cáceres

Imagen de la extinta Feria Dulce Conventual y, en el círculo, el Obispado de Cáceres / El Periódico

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

Cáceres acogerá del 5 al 8 de diciembre la primera edición de Monacal 2025, un evento solidario que reunirá en el Palacio Episcopal la tradición repostera y cultural de 14 conventos de las tres diócesis de Extremadura. La muestra busca apoyar económicamente a comunidades religiosas que mantienen viva, desde hace siglos, la elaboración artesanal de dulces conventuales.

Durante cuatro días, los visitantes podrán adquirir 74 variedades de dulces, con una previsión de 9.000 cajas a la venta. Los beneficios se destinarán íntegramente a los conventos participantes. Además, en la Plaza de Santa María se habilitarán degustaciones solidarias de chocolate y café.

Como antesala del evento, el 4 de diciembre se celebrarán las I Jornadas Profesionales Monacal, con conferencias, encuentros especializados, talleres de hierbas aromáticas, sesiones sobre turismo, patrimonio y gastronomía, y demostraciones culinarias en directo.

El programa contará con la participación de chefs como Javier Martín, Parador de Cáceres, Restaurante Mamay Aldana y El Pensionista, que ofrecerán demostraciones de cocina monacal adaptada a la gastronomía actual.

Ejemplos icónicos en España de dulces conventuales

La geografía española conserva una enorme variedad de dulces conventuales, cada uno ligado a su territorio y a la historia de su convento:

1. Yemas de Santa Teresa (Ávila)

Probablemente el dulce conventual más conocido. Aunque popularizadas por pastelerías, su origen se vincula a la repostería monástica del siglo XV, donde los excedentes de yema —tras usar las claras para clarificar vinos— se transformaban en pequeños bocados de huevo y azúcar.

2. Pestiños del convento de Santa Clara (Sevilla)

Los conventos de clarisas de Andalucía mantienen viva esta receta morisca: masa frita con ajonjolí y miel. En Navidad, las colas en los torno conventuales son habituales.

3. Empanadillas de cabello de ángel (Toledo)

El monasterio de Santo Domingo el Antiguo conserva recetas centenarias que combinan la tradición mudéjar con el arte culinario de las comunidades cistercienses.

4. Almendrados y amarguillos (Castilla y León y Galicia)

Elaborados con almendra molida y azúcar, son típicos de conventos cistercienses y benedictinos. La falta de harina los acerca mucho a las técnicas medievales.

5. Rosquillas de anís y mantecados con sello conventual (Extremadura)

Conventos como el de las Jerónimas o las Clarisas han mantenido recetas simples pero intensas: anís, limón, manteca y horno de piedra.

6. Hojuelas y flores fritas (La Mancha)

Ligadas a celebraciones religiosas, siguen siendo emblema de conventos franciscanos y clarisas.

7. Marquesitas (Córdoba y Toledo)

Pequeños bizcochos de almendra típicos de Adviento, muy vinculados a los conventos jerónimos.

Monacal 2025 incluirá talleres infantiles y aulas de repostería, conferencias de cronistas, escritores y especialistas gastronómicos, conciertos de música sacra a cargo del Orfeón Cacereño y la Coral Nuestra Señora de la Montaña.

Además, habrá actividades simultáneas en el Palacio Episcopal, la Plaza de Santa María y el Palacio de los Golfines de Abajo.

Apadrina un convento

La iniciativa cuenta con la colaboración de Caja Rural de Extremadura, el Ayuntamiento de Cáceres, la Diputación de Cáceres y la Consejería de Turismo, junto a numerosas empresas integradas en el programa “Apadrina un convento”, que ha permitido facilitar ingredientes y apoyo logístico para la producción de los dulces.

Interior del convento de las Jerónimas de Cáceres.

Interior del convento de las Jerónimas de Cáceres. / El Periódico Extremadura

La entrada será gratuita y el horario de visita será de 10.00 a 20.00 horas, con cierre especial el 8 de diciembre a las 17.00 horas.

Con Monacal 2025, Cáceres se convierte en punto de encuentro entre la gastronomía tradicional, la cultura monástica y la solidaridad, ofreciendo a residentes y visitantes una experiencia única en pleno puente de diciembre.

Recogida de dulces en el convento de San Pablo de Cáceres en una imagen de archivo.

Recogida de dulces en el convento de San Pablo de Cáceres en una imagen de archivo. / Francis Villegas

Los dulces conventuales forman parte del patrimonio gastronómico más antiguo y respetado de España. Durante siglos, las comunidades religiosas han elaborado de forma artesanal recetas que han pasado de generación en generación, muchas de ellas guardadas como auténticos tesoros culinarios. Hoy, estos obradores siguen activos en numerosos conventos, donde el silencio y la tradición conviven con el aroma del azúcar y la almendra.

Un legado nacido en la Edad Media

La repostería monacal comenzó a desarrollarse en la Península entre los siglos XIII y XVI, cuando los conventos, autosuficientes y dedicados al trabajo manual, empezaron a producir dulces para consumo propio y para agradecer donaciones. Con la llegada del azúcar de caña desde América y el uso habitual de almendras, miel y especias, la repostería conventual vivió su gran expansión.

En algunos casos, las recetas actuales proceden de manuscritos antiguos o de tradiciones orales mantenidas por monjas que nunca permitieron que los dulces salieran del convento sin supervisión. Esa fidelidad a la receta original explica el sabor inconfundible de estos productos, que siguen elaborándose sin conservantes ni maquinaria industrial.

Los dulces conventuales se caracterizan por sus ingredientes naturales: harina, miel, almendra, limón, canela, huevo… su elaboración artesanal: amasado a mano, reposo y horneado tradicional, las recetas transmitidas en clausura y la producción limitada, lo que convierte cada caja en un producto único. Además, la venta de estos dulces ha sido tradicionalmente una forma de sostener económicamente a las comunidades religiosas.

Un patrimonio gastronómico que resiste el paso del tiempo

En la actualidad, muchos conventos venden sus dulces a través de turnos tradicionales, tiendas físicas o en ferias como Monacal 2025 en Cáceres, donde las comunidades religiosas dan a conocer sus productos y obtienen fondos para mantener su actividad.

Más allá de su sabor, los dulces conventuales representan una forma de vida dedicada a la calma, al trabajo minucioso y a la continuidad de una tradición que ha sobrevivido siglos. Cada pieza —una yema, una rosquilla, un amarguillo— es, en realidad, un fragmento de historia que se sigue elaborando a fuego lento.

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