Entrevista
Juan Valderrama regresa a Cáceres: "No quiero molestar a nadie, pero a Extremadura le hacen falta comunicaciones. No puede estar como está, es un crimen"
Como parte de su recorrido por la región, el artista llevará su último trabajo a la capital cacereña el próximo 30 de noviembre

Jorge Valiente

Cantante, compositor, escritor y heredero de dos figuras fundamentales de la música española: Juanito Valderrama y Dolores Abril. Con más de una docena de discos publicados, una sólida carrera en los escenarios y una voz propia que combina tradición y modernidad, Juan Valderrama (Madrid, 1972) se ha consolidado como uno de los artistas que mejor dialogan con la memoria musical del país. Ahora regresa a tierras extremeñas con su nuevo espectáculo, donde combina música y relato para acercar al público los secretos, vivencias y emociones de una época irrepetible.
'Historias de la copla'
Pregunta: A finales de mes actuará en el Gran Teatro de Cáceres, donde presentará su nuevo trabajo. ¿Qué sorpresas o emociones puede esperar el público?
Respuesta: Es un espectáculo en el que cuento cosas que sé por lo que he vivido. Trato de acercarle a la gente lo que ocurría de puertas para adentro: entre bambalinas, en los viajes, en los camerinos… porque así te acercas de una manera mucho más humana a los personajes. Es una especie de diván, y para mí es terapéutico, porque rescato pasajes de mi infancia. Aunque yo no era consciente, estaba viviendo un momento histórico para la música española de una generación que ya no existe. El público va a compartir conmigo la belleza de las canciones, pero también va a tener una mirada distinta sobre el género.
P: ¿De dónde nace esta propuesta?
R: De las sobremesas con mis amigos y con otros artistas. Me animaban a contar esas historias, hasta que un día te sientas y dices: “Tienen razón”. Este es un testimonio que yo quiero dejar y compartir con la gente, y lo hago a través de esta especie de diván que a mí me deja volar. Es decir, yo sé lo que viene a continuación, pero improviso a la hora de hablar. Creo que esa manera no solo de cantar, sino de compartir lo que siento, es algo que he ido haciendo mío, y así el espectáculo se hace más llevadero.
Esencia extremeña
P: Ha estado aquí en otras ocasiones. ¿Qué es lo que más le atrae de esta tierra?
R: No quiero molestar a nadie, pero a Extremadura le hacen falta comunicaciones. No puede estar como está, es un crimen. No entiendo cómo Extremadura entera no se echa a la calle, porque lo que está pasando aquí es insoportable. Aunque ese aislamiento la previene de un mal que están sufriendo otras ciudades, y es que las estamos perdiendo. Está bien que la gente venga a las ciudades, eso ayuda a la economía, pero hay una frontera muy difusa que, además, no se sabe cómo regular. Este es uno de los pocos lugares donde queda autenticidad: las cosas son como tienen que ser, cuestan lo que tienen que costar, saben a lo que tienen que saber, no han perdido su esencia. Una vez que la pierdes, ya no se puede recuperar. Por eso me gusta tanto venir. Es un tesoro, uno de los pocos que quedan. Supongo que el progreso es imparable y que también llegará, pero entonces tendrán que decidir los extremeños qué quieren hacer con su tierra.
El peso de un legado familiar
P: Como hijo de dos grandes artistas españoles, Juanito Valderrama y Dolores Abril, ¿siente la responsabilidad de mantener vivo su legado?
R: Siempre la tuve. Es como heredar Zara o El Corte Inglés: bastante harás con no hundirlo. Dicen que en todas las fortunas hay uno que las crea, uno que las conserva y uno que las dilapida; así que espero no ser yo quien dilapide el legado. A mí me condicionó hasta el punto de que hasta los 29 años no quise decir en mi casa que cantaba y componía, porque sabía que era una responsabilidad muy grande. Luego lo asumí: si quería ser artista, tenía que aceptar que siempre sería “el hijo de”. Tengo 53 años, 12 o 13 discos, premios, una carrera… y sigo siéndolo. Yo intento ser fiel a mi apellido y a la vez aportar algo propio.
P: ¿Cómo fue ese proceso de mantenerlo en silencio?
R: Negándome a mí mismo que quería ser artista. En mis comienzos pasé pánico escénico, y cuando me anunciaban como Juan Valderrama, pensaba “será mi padre”. No asociaba que era yo quien tenía que salir. Es una batalla que siempre tienes en la cabeza. Me conformaba con estudiar periodismo para estar cerca del mundo cultural y, mientras tanto, componía desde muy joven. Escribía canciones pensando en que algún día las cantaran los artistas que admiraba, nunca pensé que acabaría cantándolas yo. Pero lo que me frenaba era mi apellido.

FOTOGALERÍA | Entrevista con Juan Valderrama en El Periódico Extremadura /
P: ¿Qué valores le transmitieron sus padres sobre la música y sobre la vida?
R: Buena pregunta. Mis padres eran unos genios tan extraordinariamente raros que eran normales. Todo el mundo justifica en un artista la bohemia, los excesos… mis padres eran lo contrario. Personas normales que dejaban el ámbito artístico en el escenario, miraban a todo el mundo de igual a igual y nunca dejaron de ser parte del pueblo. Salieron de muy abajo y tenían motivos para envanecerse, pero jamás lo hicieron. Vivían consagrados a su profesión y tenían un gran respeto por el público.
Un artista diferente
P: ¿Cómo describiría su estilo musical?
R: Soy un híbrido en mi forma de entender la música. Una vez me dijeron: “Es que cantas muy antiguo, pero a la vez muy moderno”. Me muevo en esa moderna tradición que ahora está tan de moda. Con 14 años no sabía quién era Bono, pero sí sabía quién era ‘La Niña de los Peines’. Escuchaba a Los Chichos cuando no era cool hacerlo. La España a la que yo canto ya no existe. Nunca he sido un artista de actualidad ni he estado de moda. Los jóvenes dicen “será como su padre, no me interesa” y los mayores “está bien, pero no es como su padre”. Eso te deja en un limbo del que aprendes a vivir. Y poco a poco la gente te va descubriendo.
P: ¿Cómo ve el panorama del flamenco y qué necesita para seguir evolucionando?
R: El flamenco que a mí me gusta es el más antiguo, yo devoro discos de pizarra. Aquel flamenco tenía todo por hacer. Los cantaores no se parecían entre sí porque no se escuchaban unos a otros. Hoy todo me sabe un poco a lo mismo. Así que voy buscando una gota de esencia, alguien que haga las cosas a su manera, aunque no sean ortodoxas. Hay mucha “fruta de invernadero”: muy bonita, pero sin sabor. Creo que hay que huir de eso. Aun así, estamos en la mejor época de voces de la historia y hay artistas preparadísimos.
P: Actualmente lidera un movimiento para que la copla sea declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. ¿Qué le inspira a impulsar esta iniciativa?
R: Se lo merecen. La copla ha cargado con la leyenda negra del franquismo y se la ha tratado como género de segunda. Yo siempre pensé que no lo es. Sus autores venían de la zarzuela y creo que se merece un desagravio. Es complicado porque tienen que estar de acuerdo muchas instituciones y la Unesco está un poco quemada con España, el país con más nominaciones. Pero creo que será cuestión de tiempo.
Planes de futuro
P: Para finalizar, ¿qué planes o proyectos tiene para un futuro próximo?
R: Tengo muchos. Estoy en un proyecto para reivindicar a Rafael de León como poeta del 27, que engloba una obra de teatro, una dramaturgia sobre su vida, con la participación de un actor importante y con vocación internacional. También estoy escribiendo un libro sobre una figura que me ha cambiado la vida: Sor Patrocinio, una monja a la que se le apareció la Virgen en Madrid en 1831, la única aparición reconocida por el Vaticano en la historia reciente de España. Es un retrato perfecto del siglo XIX español, fundamental para entender nuestro tiempo.
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