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Turismo

Cómo fidelizar a los huéspedes: cuéntales cuál es la mejor tortilla de patatas de Cáceres

La industria turística afronta un escenario en el que retener a un viajero se ha vuelto tan estratégico como atraerlo. Métricas de repetición, recomendaciones auténticas y personalización son ya parte del nuevo manual de supervivencia de hoteles y alojamiento

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Miguel Ángel Muñoz Rubio

Cáceres

En un sector turístico cada vez más competitivo, donde la oferta crece más rápido que la demanda y la visibilidad depende en buena parte de los algoritmos, lograr que un huésped regrese a Cáceres se ha convertido en una prioridad casi tan importante como conseguir reservas nuevas. Los alojamientos —desde hoteles urbanos hasta casas rurales o apartamentos turísticos— coinciden en que la fidelización se ha transformado en una pieza central de su estrategia de supervivencia.

Pero el reto no es menor. Para saber si la estrategia funciona, primero hay que medirla. Para que el huésped vuelva, hay que ofrecerle algo más que un buen precio. Y para evitar el desastre, conviene no caer en los errores que muchos propietarios repiten año tras año.

Los expertos coinciden: la intuición ya no es suficiente. La fidelización se mide con datos. La primera métrica, y la más relevante, es la tasa de repetición, que indica el porcentaje de viajeros que regresan. En algunos establecimientos rurales esta cifra marca la diferencia entre un invierno sostenible o uno ruinoso.

A esta le sigue el Customer Lifetime Value (CLV), que determina cuánto aporta un huésped a lo largo del tiempo. Un huésped que repite dos veces al año, o que recomienda el alojamiento a terceros, es mucho más valioso que una reserva ocasional.

Otra herramienta clave es el Net Promoter Score (NPS), basado en una simple pregunta: “¿Qué probabilidad hay de que nos recomiende?”. En el fondo, mide algo esencial: la confianza.

A todo ello se suman los índices de satisfacción, alimentados por encuestas y comentarios postestancia, y las valoraciones en plataformas como Booking, Google o Airbnb. No solo importa la nota, sino su consistencia: un alojamiento que oscila entre sobresalientes y críticas duras suele tener un problema de coherencia en el servicio.

Incluso acciones aparentemente menores, como abrir los correos del alojamiento o participar en un programa de fidelidad, hablan del engagement, otro indicador silencioso de lealtad.

La fuerza de lo local: cuando la recomendación vale más que un folleto

En la era del turismo experiencial, los viajeros buscan autenticidad. Y ahí las recomendaciones locales se han convertido en un arma poderosa para los alojamientos que saben utilizarlas.

Los expertos señalan que no basta con entregar una lista interminable de bares o monumentos: funciona lo curado, lo concreto, lo que aporta contexto. La mejor tortilla del barrio, el sendero más soleado a primera hora o el bar donde aún sirven postres caseros son detalles que un viajero recuerda.

Las guías segmentadas según el tipo de huésped —familias, parejas, profesionales, deportistas— multiplican su efectividad. También importa el momento: una recomendación enviada antes de la llegada invita a planificar; un QR en la habitación facilita decisiones rápidas; un mensaje postestancia puede sembrar el deseo de volver.

Una receta de siglos

Según los datos históricos, la tortilla de patatas nació en el siglo XVIII en el municipio de Villanueva de la Serena. De hecho, el libro ‘La patata en España’, escrito por el científico Javier López Linage, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, confirma la referencia documentada de este manjar. En las crónicas de Indias se constata que en 1519 ya se conocía la tortilla de huevo tanto en Europa por los conquistadores españoles como en América al menos por los aztecas, quienes la preparaban y vendían en los mercados de Tenochtitlán.

Cáceres no se queda atrás y algunos de sus establecimientos más populares tienen la tortilla de patatas como uno de sus platos estrella. El Bar La Rueda es un ejemplo. Situado en la carretera de Mérida, los orígenes del local hay que buscarlos en los años 80 en la calle García Plata de Osma cuando los padres y tíos de Javier Fernández abrieron el Mavi-Javi, justo donde luego se asentó el Burguer Dinos. Con la construcción del polígono de Aldea Moret, La Rueda empezó a rodar. «Mi padre, Manuel, se jubiló y ahora soy yo el encargado», explica Javier, que cuenta con un empleado, Daniel Mendoza. Abren de lunes a viernes de siete de la mañana a siete de la tarde.

¿Cuál es el secreto en la elaboración? «La utilización de productos de primera calidad. La patata, el huevo, el aceite, son fundamentales», indica Javier, detrás de una barra de la que salen al día 20 tortillas, todas ellas sin cebolla. Y eso sin contar los encargos. «Es una locura», admite.

De la carretera de Mérida a la barriada de San Blas. Aunque es difícil saber de dónde viene la tradición, es decir, donde se hizo y se popularizó la tortilla de patata y la ‘serona’ Villanueva está considerado la cuna de esta receta, en el Bar Micro el resultado es estupendo. Este bar de 27 años de trayectoria abre su persiana de la mano de Paco Moreno Alcaide y su mujer, Lidia Vaquero. Es ella la artífice de unas tortillas, con o sin cebolla.

«A la semana podemos preparar entre 25 y 30 tortillas, depende. Además, la ofrecemos como pincho, en bocadillos y hay muchas por encargo. Somos número uno en casquería, y también en tortilla», explica Moreno.

La receta

La receta de la tortilla es muy fácil de seguir; de hecho, no hace falta ser muy ducho en la cocina para que el resultado sea satisfactorio. En este sentido, quizás el secreto para hacer una buena tortilla de patatas sea utilizar ingredientes de calidad. Ocurre, sin embargo, que no todos están dispuestos a desvelar la razón de su éxito: «Si la receta es secreta, no se puede contar», indica Mariángeles del Barco, que sí confiesa: «Mi anterior jefe, Raimundo Fernández, era quien la hacía y yo aprendí de él».

Los Siete Robles es uno de los bares de mayor tradición de la ciudad. «Estamos abiertos desde 1991, somos ya todo unos veteranos», recuerda Mariángeles. Su tortilla de patatas, en múltiples variedades (las hay también con jamón y queso) lo han colocado en el ránking de los locales de la ciudad que mejor cocinan este plato. «La clave es el cariño», concluye Del Barco mostrando el resultado: una tortilla jugosa y con volumen que hace las delicias de los paladares más exigentes y que es un motivo más para visitar Cáceres: sus deliciosas tortillas de patatas. 

Cada vez más alojamientos establecen colaboraciones con negocios locales, desde restaurantes a tiendas artesanas, ofreciendo descuentos o experiencias exclusivas. Una alianza que enriquece al viajero y dinamiza la economía del destino.

La personalización se ha consolidado como uno de los factores que más influyen en la fidelización. Y no se trata solo de incluir el nombre del huésped en un email: la clave está en anticiparse.

Un detalle de bienvenida que encaja con el perfil del viajero —vino para parejas, snacks saludables para familias, un mapa cultural para quienes viajan por arte— aporta un valor tangible. Lo mismo ocurre con la capacidad de recordar preferencias: una almohada concreta, una habitación más luminosa o un check-out tardío concedido en una visita anterior pueden convertir a un cliente satisfecho en un cliente fiel.

Celebrar ocasiones especiales —cumpleaños, aniversarios, logros deportivos— también genera un vínculo emocional difícil de ignorar. Y en un sector en el que muchas decisiones se basan en sensaciones, esos gestos importan.

A pesar de la importancia de la fidelización, muchos alojamientos tropiezan en errores comunes. El primero, confundirla con la entrega de regalos sin sentido. “Fidelizar es coherencia, experiencia y confianza”, recuerdan los consultores turísticos.

Prometer más de lo que se puede ofrecer suele ser letal: genera expectativas imposibles y desencadena la frustración, combustible de las malas reseñas. Tampoco ayuda la falta de medición. Sin datos no hay estrategia.

Otro fallo habitual es intentar imitar a las grandes cadenas con programas de puntos inviables para pequeños alojamientos. La clave está en la personalización, no en replicar esquemas industriales.

La falta de formación del personal es otro punto débil. El huésped no percibe departamentos: solo percibe el servicio. Si el equipo no está alineado, la experiencia se resiente.

Y, por último, el error más silencioso: no responder a los comentarios negativos. Cada crítica ignorada es una oportunidad perdida para demostrar profesionalidad y recuperar al cliente.

Fidelizar no es una tarea abstracta ni un concepto de manual. Es una suma de métricas claras, experiencias auténticas, gestos personalizados y una actitud constante de escucha. Los alojamientos que entienden este cambio no solo incrementan el número de huéspedes que regresan, sino que fortalecen su reputación digital y sostienen su rentabilidad en un mercado en continua transformación.

El libro de Jorge Villar

Precisamente, el emprendedor y exconcejal de Turismo Jorge Villar acaba de lanza ‘Check-in al Éxito’, la guía que convierte a los propietarios en líderes de su negocio turístico. El libro ofrece estrategias de revenue management, marketing digital y automatización para que los propietarios de alojamientos extremeños dejen de ser “rehenes” de las grandes plataformas de reservas.

El sector turístico extremeño cuenta con una nueva herramienta imprescindible para avanzar hacia la profesionalización y la rentabilidad. Check-in al Éxito, la obra de Jorge Villar Guijarro, está siendo recibida como un manual de referencia por empresarios y empresarias del turismo rural y urbano, y se presenta como una guía práctica, clara y directa que ayuda a los propietarios a recuperar el control de su negocio y dejar de depender exclusivamente de las grandes plataformas de reservas.

Con un estilo cercano y basado en la experiencia real, Villar ofrece estrategias de revenue management, marketing digital, automatización y gestión de clientes que ya están marcando la diferencia en el sector. Las voces más destacadas del turismo en Extremadura coinciden en su valor.

La provincia de Cáceres aglutina el 67,2 % de las viviendas turísticas de Extremadura, comunidad autónoma que, a su vez, sólo representa el 1 % del total nacional de este tipo de oferta turística. En total, en la región hay 2.005 alojamientos, de los que 1.348 están en la parte cacereña.

A nivel nacional

Solo tres comunidades autónomas (Andalucía, Comunidad Valenciana y Cataluña) copan -con un total de 216.217- más de la mitad de todas las viviendas turísticas que se estima que hay en España y Málaga es la provincia que más tiene de todo el país, cerca de 50.000 unidades, según señala la Agencia EFE.

Si se añaden a estas tres comunidades las Islas Baleares y las Canarias, un total de cinco comunidades aglutinan casi el 80 % de todas las viviendas turísticas que hay en España, según la estadística experimental que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) con los últimos datos de mayo.

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