Infraestructuras esenciales
Cáceres asegura agua para el futuro: un plan histórico evitará los cortes de suministro en Cabezuela y Pasarón
Estado, Junta y Diputación suman fuerzas en un proyecto de 7,7 millones para garantizar el abastecimiento en dos de los destinos turísticos más visitados del norte extremeño

Morales y Morán firman el acuerdo, esta mañana en Mérida. / Cedida a El Periódico

El presidente de la Diputación de Cáceres, Miguel Ángel Morales; la consejera de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible de la Junta de Extremadura, Mercedes Morán; y la presidenta de ACUAES del Ministerio para la Transición Ecológica, Rosa Cobos, firmaron este viernes en Mérida un convenio histórico para resolver, de una vez por todas, los problemas de abastecimiento que cada verano golpean a Cabezuela del Valle y Pasarón de la Vera, dos de los pueblos más emblemáticos y turísticos del Valle del Jerte y La Vera.
Durante años, el aumento estacional de población ha obligado a cortes de agua en pleno verano, una situación insostenible en territorios que viven del turismo y cuya población se multiplica en épocas vacacionales. “Es muy duro tener que cortar el agua en tu pueblo, cuando somos dos valles de agua”, lamentó la alcaldesa de Cabezuela, Marisa Yusta, que celebró que el acuerdo llegue “después de muchos veranos difíciles”.
Una inversión de 7,7 millones para que el agua nunca falte
Las obras arrancarán a principios de 2026 y cuentan con un presupuesto de 7,7 millones de euros, financiados mayoritariamente por el Estado (70%, vía fondos FEDER), mientras que la Junta de Extremadura aportará el 25% y la Diputación el 5% restante.

Los representantes durante la firma. / Cedida a El Periódico
Esta última, a través del consorcio MásMedio, asumirá además la gestión posterior: explotación, conservación y mantenimiento de todas las infraestructuras.
El proyecto incluye: una gran balsa de reserva en Cabezuela del Valle, con capacidad para 80.600 metros cúbicos, otra en Pasarón de la Vera, de 53.200 metros cúblicos, nueevas conducciones, estaciones de bombeo y suministro eléctrico, combinando red tradicional y energía fotovoltaica y accesos y conexiones entre las antiguas y nuevas redes de agua potable.
Estas infraestructuras no solo garantizarán el agua en verano, sino también en situaciones de emergencia. “Los incendios que sufrimos hubieran sido muy distintos si hubiéramos tenido agua almacenada”, recordó Yusta.
“Los pueblos solo vivirán si garantizamos derechos básicos como el agua”
Para Miguel Ángel Morales, este proyecto simboliza algo más que una obra hidráulica: es una apuesta por la supervivencia del mundo rural.
“Tenemos la obligación de trabajar juntos para que la gente pueda vivir en los pueblos con las mejores condiciones. Y el agua potable es absolutamente necesaria para que los pueblos sigan vivos”, afirmó.
Morales subrayó que, por primera vez, el consorcio MásMedio entra directamente en la construcción de una captación, reforzando su papel estratégico en la red de abastecimiento provincial.
“Estaremos en la obra y también en lo que venga después, porque de eso depende que nuestros pueblos tengan futuro”, destacó el presidente.
Un impulso para dos localidades clave del turismo rural extremeño
Cabezuela del Valle —uno de los pueblos más visitados del Jerte— y Pasarón de la Vera —conjunto histórico-artístico— llevan años sufriendo tensiones hídricas a pesar de su ubicación en una de las zonas con mayor riqueza natural de Extremadura.
Con este plan, las administraciones ponen fin a una paradoja y aseguran que ambas localidades puedan afrontar con garantías el futuro del turismo, la población y la vida cotidiana.
Este convenio no solo resuelve una urgencia: abre una nueva etapa para dos de los enclaves más queridos de Cáceres.
El poder del agua
Y es que en el norte de Cáceres, donde los ríos mantienen viva la memoria de los valles y el turismo rural sostiene buena parte de la economía local, el agua es mucho más que un recurso. Es un elemento que define la identidad del territorio, pero también una condición indispensable para su futuro. En municipios como Cabezuela del Valle o Pasarón de la Vera, donde la población se multiplica con la llegada del verano, disponer de un suministro estable se ha convertido en la línea que separa la oportunidad del riesgo. Cuando el agua escasea —y en estos pueblos a menudo lo hace— el impacto se nota de inmediato en los alojamientos, en los negocios, en la restauración y en la propia percepción del visitante. Un destino rural puede convivir con una tormenta inoportuna, pero no puede permitirse que un viajero abra el grifo y no salga nada.
Es precisamente esa realidad la que explica por qué garantizar infraestructuras hídricas seguras se ha convertido en una de las grandes prioridades para combatir la despoblación. Las familias no se quedan a vivir en lugares donde la falta de agua amenaza su vida cotidiana, y los jóvenes no emprenden negocios si tienen que enfrentarse a cortes cada verano. El agua no es solo un servicio básico: es un argumento decisivo para fijar población, atraer nuevas iniciativas y asegurar que los pueblos puedan sostener actividad económica durante todo el año.
La dependencia del territorio respecto al agua se percibe aún más en episodios extremos como los incendios, donde disponer de reservas marca la diferencia entre un susto y una tragedia. La alcaldesa de Cabezuela lo recordaba al hablar de las nuevas balsas proyectadas: las últimas emergencias hubieran sido muy distintas si el municipio hubiera contado con depósitos suficientes. Esa frase resume hasta qué punto la falta de agua no es un problema aislado, sino una grieta que afecta al turismo, al bienestar de los vecinos y a la propia capacidad del territorio para resistir el impacto del cambio climático.
En Cáceres, donde el turismo rural, de naturaleza y patrimonial funciona como motor económico, asegurar agua significa asegurar empleos, evitar cierres y reforzar un sector que, cada vez más, exige comodidad, calidad y garantías. Los valles del Jerte y de La Vera, con su éxito turístico consolidado, necesitan una planificación hídrica acorde a la presión que reciben en temporada alta. Sin esa base, cualquier estrategia de promoción queda en papel mojado.
Por eso, proyectos como el recién firmado —que prevé balsas de decenas de miles de metros cúbicos y nuevas conducciones— van más allá de una mera obra hidráulica. Son una apuesta por el futuro demográfico, turístico y social de la provincia. Garantizar agua es garantizar vida: vida para los vecinos que quieren quedarse, para quienes regresan en verano y para quienes descubren en estos pueblos un lugar al que volver. Lo que está en juego no es solo el agua que fluye; es el porvenir de todo un territorio.
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