Salud y ciencia
El síndrome que borra palabras y retrasa pasos: la enfermedad rara que ya moviliza a familias y especialistas en Cáceres
Un trastorno casi desconocido, marcado por la falta de creatina en el cerebro, revela la urgencia de investigar y apoyar a los niños que viven con él

Ismael y Rosa María, padres de Hugo, preparan los embutidos. / Jorge Valiente

El caso de Hugo, niño de 3 años diagnosticado con una enfermedad rara, ha despertado conciencias en Cáceres. Sus padres, Ismael y Rosa María, se pusieron en contacto con el club rotario Cáceres San Jorge y, junto con la Asociación Española para las Deficiencias de Creatina, han organizado este viernes una comida solidaria en el mesón La Bellota, en Mejostilla. Todo lo recaudado será destinado a la asociación para ayudar a la investigación de la enfermedad que así describía la madre del niño: «la enfermedad consiste en un retroceso madurativo, problemas en el lenguaje o inexistencia, convulsiones, epilepsias, problemas cardíacos o gastrointestinales y luego ya depende de cómo afecte a cada niño». Todo por la falta de creatina en el cerebro, un elemento «primordial para su desarrollo y que es la que prevé a las células de energía».
En España, cada cierto tiempo emerge el nombre de una dolencia que apenas ocupa titulares, pero que condiciona por completo la vida de quienes la padecen. Una de ellas es el síndrome de deficiencia de creatina cerebral, un trastorno metabólico casi silencioso que altera el desarrollo de los niños y que, por su baja prevalencia, obliga a las familias a convertirse en investigadoras, terapeutas y activistas a la vez.

FOTOGALERÍA | Así ha sido la comida solidaria por Hugo, un niño de 3 años con una enfermedad rara / Jorge Valiente
La creatina —esa molécula asociada popularmente al deporte— es en realidad un combustible esencial para el cerebro. Cuando el organismo no la produce o no la transporta correctamente, comienzan los síntomas: retraso en el habla, dificultades cognitivas, problemas motores, convulsiones, falta de atención y, en algunos casos, comportamientos similares al espectro autista. Muchos padres cuentan que los primeros signos son sutiles: palabras que no llegan, pasos que tardan en aparecer, un desarrollo que avanza más lento que el del resto de los niños.
El día a día de una familia que convive con esta enfermedad rara es una carrera de fondo. Las rutinas se llenan de terapias de estimulación, logopedas, fisioterapia, apoyos escolares y seguimiento médico constante. Los tratamientos actuales en España no ofrecen una cura definitiva, pero sí mejoras significativas: suplementos orales de creatina, cambios dietéticos específicos y, en algunos casos, medicación para controlar convulsiones o trastornos asociados. La clave es el diagnóstico temprano, que aún es complicado porque los síntomas se confunden con otras alteraciones más frecuentes.
Trastornos metabólicos
Este síndrome forma parte de un amplio universo de enfermedades raras que incluyen trastornos metabólicos hereditarios como la acidemia glutárica, las deficiencias de ciclo de la urea o el síndrome de Rett. Todas tienen algo en común: afectan a un número muy pequeño de personas y, por eso, avanzan más lento en materia de investigación, tratamientos y recursos públicos.
Aquí es donde las asociaciones juegan un papel decisivo. En España, colectivos como Feder y entidades específicas de enfermedades metabólicas se convierten en "faros para las familias", ofreciendo orientación, ayuda psicológica, asesoramiento educativo y espacios de encuentro donde compartir experiencias. Además, impulsan campañas de sensibilización, presionan para ampliar los cribados neonatales y recaudan fondos para investigaciones que difícilmente saldrían adelante sin su apoyo.
Quien desee contribuir puede hacerlo más allá de los donativos: participando en eventos solidarios, difundiendo información en redes, apoyando campañas de visibilidad o colaborando en proyectos de investigación ciudadana. Cada gesto cuenta, porque la ciencia avanza a un ritmo más rápido cuando la sociedad empuja.
En los últimos años, los avances científicos han encendido pequeñas luces de esperanza. Equipos de investigadores europeos y norteamericanos trabajan en terapias génicas, nuevas formulaciones de creatina y estrategias de transporte intracelular, con resultados preliminares prometedores. Aunque todavía están lejos de llegar a los hospitales, representan la posibilidad real de mejorar la vida de los niños afectados en un futuro no tan lejano.
Mientras tanto, las familias continúan su lucha diaria contra una enfermedad que, aunque rara, exige una fortaleza extraordinaria. Su mensaje es claro: “No pedimos milagros, pedimos investigación, comprensión y recursos”. Porque cuando una enfermedad es poco frecuente, la mayor injusticia es que también sea poco visible. Y en esa visibilidad —ese foco que hoy apunta hacia el síndrome de deficiencia de creatina cerebral— empieza siempre el primer paso hacia un mañana más esperanzador.
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