Del 4 al 8 de diciembre
Talleres infantiles, historias y muchos dulces: Monacal, la feria más dulce de Cáceres, desembarca en el Palacio Episcopal
El evento solidario mostrará todos los secretos de la gastronomía conventual en conferencias, degustaciones o cocinas en directo

Arranca Monacal, la feria más dulce de Cáceres / Carlos Gil
¿Sabrían decir cuántos tipos de dulces se realizan en los conventos extremeños? ¿Tienen los más pequeños arraigada la cultura de comprar dulces conventuales? Eso y mucho más tratará de enseñar Monacal, un evento solidario que reunirá del 4 al 8 de diciembre en el Palacio Episcopal la tradición repostera y cultural de 14 conventos de las tres diócesis de Extremadura.
La Diócesis de Coria-Cáceres es quien organiza el evento, junto a la Universidad de Extremadura y Caja Rural Extremadura, así como otros 60 colaboradores más, por los cuales desde el obispado aseguran estar «bastante impresionados».
El obispo de la diócesis, Jesús Pulido, aseguró en la rueda de prensa de presentación que «las mujeres de clausura merecen una alta valoración estos días». Se estima que se venderán unas 9.000 cajas de dulces, de entre 350 y 500 gramos, y con 129 variedades. Ya sea de almendra, pastas, yemas, bollería o chocolate. De hecho, de este último habrá, junto al café, degustaciones en la puerta del lugar, en la plaza de Santa María.
Gastronomía, cultura e historia
El evento se divide en dos partes: el día 4, las I jornadas para profesionales, donde predominan las conferencias. Todas sobre la gastronomía conventual y su historia. Y del 5 al 8 de diciembre, las muestras de dulces. El programa contará con la participación de chefs como Javier Martín, Parador de Cáceres, Restaurante Mamay Aldana y El Pensionista, que ofrecerán demostraciones de cocina monacal adaptada a la gastronomía actual.
«La gastronomía se aborda también desde el ángulo de la cultura», aseguraba Pulido. Diversos escritores como Jesús Sánchez Adaliz, Santos Benítez o Antonio Ramiro Chico serán conferenciantes. Inmaculada Polo o Nacho Tello, del restaurante La Pacheca, coordinarán talleres infantiles. «Detrás de cada dulce conventual y plato monacal hay una historia que iremos contando en cada uno de las ediciones que se irán sucediendo en este evento», añadió el obispo. «La música monacal estará presente durante todo el evento», a cargo de Pilar Boyero o Coral Nuestra Señora de la Montaña, entre otros.
No solo habrá teoría, sino también práctica. Se instalará una cocina en una de las salas del obispado y ahí, delante de todos, se podrá ver cómo se realizan estos dulces. En este caso, a mano del jefe de cocina del restaurante Mamay Aldana, del Hotel Hilton-Palacio de Godoy, Antonio Manuel Céspedes. Actualmente van 40 voluntarios apuntados, pero son necesarios 20 más, por lo que hicieron un llamamiento para aquellos interesados en acudir a la cita para ayudar.
Las plazas de los talleres son limitadas, aunque la entrada al palacio será gratuita. Los precios de los dulces, para quien le interese, rondará entre los 4 y los 15 euros. Todo lo recaudado será destinado a los conventos que buscan que la ciudadanía conozca de primera mano todo lo que conllevan estos deliciosos dulces. El Monseñor acabó invitando a todos a visitar los conventos in situ, «considerarlos como parte de nuestra sociedad, que no sean unos olvidados o marginados, ya que nos recuerdan una dimensión de la persona que nunca debemos perder: el alma».
«Intento de rescate»
También participó en la presentación Lorenzo Mariano Juárez, director de Recursos Humanos de la Investigación de la Universidad de Extremadura. «La repostería y gastronomía convetual ha formado parte de la vida social durante generaciones, tiene una importancia tremenda», comenzó diciendo. Sin embargo, asegura, «es algo que parecía que estaba cayendo en el olvido». «Las jornadas empiezan con un intento de rescate y preservación de toda esa cultura gastronómica, que, en realidad, deberíamos entenderla como parte de un patrimonio cultural, que debe ser cuidado, preservado y comunicado a las próximas generaciones».
Una tradición que comenzó hace unos ocho siglos, cuando los conventos, autosuficientes y dedicados al trabajo manual, empezaron a producir dulces para consumo propio y para agradecer donaciones. Hoy en día, en una ciudad turística como Cáceres, está fomentado el turismo religioso, donde estos conventos entran en juego.
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